RAQUEL SÁN­CHEZ SILVA

"Va­lo­ro tan­to la vi­da que me quie­ro que­dar".

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - NEWS - FOTOS: AL­BER­TO BERNÁRDEZ

Los 40 nunca han si­do un pro­ble­ma pa­ra Raquel Sán­chez Silva, quien en la ma­du­rez ha en­con­tra­do to­do aque­llo que bus­ca­ba: éxi­to pro­fe­sio­nal, es­ta­bi­li­dad sen­ti­men­tal y ma­ter­ni­dad por par­ti­da do­ble. In­ten­sa y en­tre­ga­da en to­do lo que ha­ce, la presentadora se des­cu­bre co­mo una mu­jer que ha apren­di­do a va­lo­rar la bon­dad de las per­so­nas y a re­afir­mar­se en su vi­sión po­si­ti­va a la ho­ra de en­cau­zar ca­da si­tua­ción de la vi­da. Co­ra­zón Se­gu­ra­men­te nunca ima­gi­nó que el he­cho de te­ner 43 años la iba a lle­var a for­mar par­te de una ge­ne­ra­ción que tie­ne tan­to que com­par­tir. De en­tra­da, es em­ba­ja­do­ra de Li­cor 43. Raquel Sán­chez Silva Más que per­te­ne­cer a una ge­ne­ra­ción, creo que com­par­ti­mos la ma­ne­ra de en­ten­der la vi­da de for­ma muy cla­ra. Es cu­rio­so com­pro­bar có­mo lle­gas a las mis­mas con­clu­sio­nes con los de tu quin­ta. En el en­cuen­tro de Li­cor 43, me hi­zo gracia ob­ser­var có­mo los sueños gran­des son me­nos im­por­tan­tes que los pe­que­ños, y có­mo al fi­nal aca­bas en el si­tio don­de siem­pre has que­ri­do es­tar. Cuan­do lle­gas a ese pun­to, ca­si pa­ga­rías por tra­ba­jar. Es fan­tás­ti­co por­que to­do en­ca­ja. Con los años ten­go al­go más de cal­ma, no to­da, pe­ro sí su­fi­cien­te. Por eso creo que es­toy en uno de los me­jo­res mo­men­tos. C. ¿Has­ta qué pun­to le afec­ta el pa­so de los años? R.S.S. Lo ha­blo mu­cho con mi ami­ga Es­pi­do Frei­re y siem­pre lle­ga­mos a la con­clu­sión de que he­mos lle­ga­do muy pron­to a la fies­ta. Me gus­ta­ría vi­vir mu­chí­si­mo y no me im­por­ta que den­tro de 20 años me cam­bien por pie­zas, pe­ro va­lo­ro tan­to la vi­da que me quie­ro que­dar. C. ¿A ve­ces sien­te que se le es­ca­pa de las ma­nos? R.S.S. No, por­que me con­si­de­ro jo­ven y con

ca­pa­ci­dad pa­ra aguan­tar mu­cho. C. ¿Y esa ener­gía de dón­de le vie­ne? R.S.S. Cuan­do lle­go a ca­sa soy co­mo los ro­bots, que de pron­to se apa­gan. Ten­go esos ins­tan­tes en los que me des­fon­do, pe­ro al fi­nal to­do tie­ne que ver más con la ilu­sión que con la ca­pa­ci­dad fí­si­ca. Es ver­dad que hay ve­ces que el cuer­po no aguan­ta, pe­ro me pa­sa me­nos por­que pien­so que la vi­da es la con­quis­ta de sueños pe­que­ños y de vi­vir­los hoy, en el mo­men­to. C. No pa­re­ce ser una mu­jer de gran­des am­bi­cio­nes. R.S.S. Lo cier­to es que to­do lo bueno que me ha pa­sa­do ha si­do gra­cias a la sa­bi­du­ría de otras per­so­nas. Al­guien ha sa­bi­do ver pa­ra mí co­sas que yo no me da­ba cuen­ta. He te­ni­do gran­des con­se­je­ros y ami­gos en mi vi­da pro­fe­sio­nal, que son los que me han abier­to los ojos mu­chas ve­ces. Cuan­do me pre­gun­tan qué me gus­ta­ría ha­cer des­pués, siem­pre me que­do pen­san­do, pre­fie­ro que con­tes­te al­guien que en­tien­da de te­le­vi­sión. C. ¿Eso sig­ni­fi­ca que no tie­ne se­gu­ri­dad en sí mis­ma? R.S.S. Yo creo que me fal­ta cri­te­rio de se­lec­ción o sim­ple­men­te dis­tan­cia. Quien me­jor nos ve es otra per­so­na y por Dios que sea al­guien que nos quie­ra. Con la edad tam­bién apren­des in­clu­so a que­dar­te con la gen­te que te tra­ta bien. Los nues­tros son las per­so­nas que te quie­ren y tú quie­res. Cuan­to más fo­ca­li­za­da es­tés en esas per­so­nas más her­mé­ti­co se­rá ese círcu­lo pa­ra cuan­tos no te quie­ren o te pue­den da­ñar. C. ¿Sa­be de­cir que no? R.S.S. So­bre to­do he apren­di­do a de­cir: «Hoy vuel­vo a ca­sa». An­tes co­gía una ma­le­ta y no pa­ra­ba. C. Hoy tie­ne mo­ti­vos co­mo sus hi­jos pa­ra re­gre­sar. R.S.S. Cla­ro, mi vi­da con mis ni­ños es di­fe­ren­te y de

ahí que hoy di­ga me voy sin dar más explicaciones. Ten­go un hash­tag en Twit­ter que di­ce ‘gen­te bue­na’ y lo uso mu­cho. Cuan­do pre­sien­to que al­guien no es bueno no si­go in­ves­ti­gan­do, di­rec­ta­men­te no me in­tere­sa. C. ¿Le preo­cu­pa pen­sar que lo que desee se cum­pla? R.S.S. To­do lo que uno desee es­tá bien. Si lue­go, por lo que sea, no sa­le co­mo se es­pe­ra, hay que sa­ber sa­car lo bueno, siem­pre se apren­de al­go. La úni­ca ma­ne­ra de acer­tar es ha­ber­se equi­vo­ca­do pre­via­men­te. C. ¿Cree que ha co­me­ti­do mu­chos erro­res? R.S.S. Si hi­cie­ra un re­cuen­to, pro­ba­ble­men­te he co­me­ti­do más erro­res que acier­tos, pe­ro, in­clu­so así, to­do ha me­re­ci­do la pe­na. Es el úni­co apren­di­za­je. No te­ne­mos la ca­pa­ci­dad de au­to­cri­ti­car­nos y me­jo­rar a tra­vés de los acier­tos sino de los fra­ca­sos, por eso hay que abra­zar los erro­res con más ca­ri­ño que los éxi­tos. C. Si mi­ra ha­cia atrás, ¿có­mo era esa Raquel? R.S.S. Ten­go una vi­sión que em­pie­za con una ni­ña que te­nía mie­do a su­bir­se en la bi­ci sin ‘rue­di­nes’ y co­rrien­do a to­da ve­lo­ci­dad cuan­do me los qui­ta­ron. Una ni­ña que so­ña­ba con via­jar y de pron­to es­tá tan­to en los Os­car co­mo con sus ami­gos en una te­rra­za to­man­do el sol. Siem­pre me veo fe­liz. C. ¿Có­mo es la Raquel que le gus­ta­ría ver? R.S.S. Qui­sie­ra ver a la mis­ma ni­ña que va en bi­ci y so­lo con gen­te bue­na al la­do. To­do el mun­do en ori­gen creo que es po­si­ti­vo, so­lo que hay mo­men­tos di­fí­ci­les en los que no se pue­de, pe­ro la fe­li­ci­dad no es una qui­me­ra, es una obli­ga­ción pa­ra la que hay que dis­ci­pli­nar­se. C. En re­des so­cia­les abun­dan los li­kes, pe­ro en la vi­da real, no. R.S.S. Soy la pri­me­ra que no me aguan­to cuan­do me que­jo, pe­ro se tra­ta de vi­vir y dar­se ca­ri­ño, po­ner­nos las me­da­llas que nos me­re­ce­mos, ce­le­brar lo bueno. C. Los reali­ties le han da­do éxi­to y fa­ma. Aho­ra es­tá con Li­kes. R.S.S. Ni en mis me­jo­res pre­vi­sio­nes hu­bie­ra ima­gi­na­do que iba a lle­gar a es­ta fa­se de enamo­ra­mien­to con es­te pro­gra­ma. Me tie­ne quí­mi­ca­men­te al­te­ra­da. Es­toy con un equi­po jo­ven y con ta­len­to, y es co­mo si to­dos los días me to­ma­ra un ba­ti­do de gin­seng con fru­ta y me die­ra ener­gía, pe­ro en­ci­ma es en el al­ma. He em­pe­za­do a ha­cer en­tre­vis­tas y es­toy en­can­ta­da por­que es un gé­ne­ro que no do­mi­na­ba. Es­ta­ba fe­liz en Su­per­vi­vien­tes, pe­ro a mí me gus­ta ha­cer co­sas nue­vas. Aho­ra hay días que cuan­do aca­bo mi tra­ba­jo pien­so que soy una afor­tu­na­da y una pri­vi­le­gia­da. Eso es al­go que ten­go muy cla­ro. C. ¿Y eso có­mo lo re­vier­te en la so­cie­dad? R.S.S. A ve­ces pue­do sa­tu­rar de có­mo quie­ro de­vol­ver tan­to co­mo re­ci­bo. Cuan­do ha­go te­le­vi­sión in­ten­to tras­pa­sar to­da mi ener­gía y abra­zar al es­pec­ta­dor y eso no siem­pre es fá­cil. Cuan­do me di­cen que lo han pa­sa­do bien vién­do­me me bas­ta y me so­bra. Si al­gún día me to­ca ha­cer un pro­gra­ma en el que voy a preo­cu­par a la au­dien­cia, sé que voy a su­frir por­que lo que me gus­ta es po­ner una son­ri­sa. Di­cen que me río mu­cho en te­le­vi­sión y que pue­do re­sul­tar pe­sa­da, pe­ro pre­fie­ro ex­ce­der­me en eso que en otras co­sas. C. ¿Có­mo cam­bia la vi­da te­ner dos hi­jos a la vez? R.S.S. Cuan­do vi­ves la con­ci­lia­ción la­bo­ral en­tien­des que co­mo es­tá plan­tea­do no pue­de ser. Y lo di­ce al­guien que tie­ne ayu­da en ca­sa. Pien­so en las ma­dres que no cuen­tan con apo­yo y con­si­de­ro que es ti­tá­ni­co. No hay na­da más exi­gen­te que tra­ba­jar y ser ma­má, y no me pue­do que­jar por­que se­ría muy in­jus­ta con las ma­dres que sa­len ade­lan­te so­las. C. ¿Cree que las mu­je­res ya no so­mos tan lu­cha­do­ras co­mo an­tes? R.S.S. No lo creo. Pien­so que pron­to ha­brá igual­dad sa­la­rial y que to­das las mu­je­res tra­ba­ja­rán, por eso hay que re­sol­ver con le­yes la con­ci­lia­ción tan­to en los tra­ba­jos co­mo a la ho­ra de per­der el mie­do por que­dar­se em­ba­ra­za­da. Es un pro­ble­ma muy gor­do que no tie­ne que ver con el can­san­cio sino con el de­re­cho y la tran­qui­li­dad de sa­ber que un em­ba­ra­zo no es una alar­ma. C. Sus hi­jos van a he­re­dar un mun­do com­pli­ca­do. R.S.S. Te­ne­mos una era pri­vi­le­gia­da en el sen­ti­do de la tec­no­lo­gía y eso que hay quien pien­sa que una ci­vi­li­za­ción se ex­tin­gue cuan­do lle­ga a su má­xi­mo tec­no­ló­gi­co. Me que­do con el pen­sa­mien­to de los que di­se­ñan el fu­tu­ro, que di­cen que si lo ha­ce­mos bien vi­vi­re­mos el fu­tu­ro más bri­llan­te que ha te­ni­do la hu­ma­ni­dad. De ahí que quie­ra du­rar mil años pa­ra no per­dér­me­lo.

“POR MIS NI­ÑOS, ME VOY SIN DAR EXPLICACIONES”

“Ten­go mo­men­tos en los que me des­fon­do, pe­ro al fi­nal, to­do tie­ne que ver más con la ilu­sión que con la ca­pa­ci­dad fí­si­ca”.

“A ve­ces pue­do sa­tu­rar de có­mo quie­ro de­vol­ver cuan­to re­ci­bo. Soy afor­tu­na­da y pri­vi­le­gia­da. Lo ten­go cla­ro”.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.