ELENA FURIASE

"Con la edad me he vuel­to más quis­qui­llo­sa".

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - NEWS - POR ANA GUE­RRA

Exis­te una cla­se de po­bre­za, la ener­gé­ti­ca, de la que ape­nas se ha­bla. Pe­ro Elena Furiase, que es una mu­jer com­pro­me­ti­da, es­tá de­ci­di­da a dar vi­si­bi­li­dad a es­te pro­ble­ma que afec­ta a mi­les de ho­ga­res es­pa­ño­les. Con la agen­da re­ple­ta de tra­ba­jo in­ter­pre­ta­ti­vo, la ac­triz sa­ca un hue­co pa­ra ser ima­gen de la cam­pa­ña Ni un ho­gar sin ener­gía y char­la­mos con ella. Co­ra­zón ¿En qué con­sis­te es­ta cam­pa­ña y que la lle­vó a pres­tar su ima­gen? Elena Furiase En ayu­dar a to­da esa gen­te que no tie­ne luz y gas en su ca­sa, al­go muy in­jus­to en el siglo XXI. Es una cam­pa­ña con la que pre­ten­de­mos que la gen­te com­pre unos mu­ñe­qui­tos so­li­da­rios y des­ti­nar la re­cau­da­ción a to­das esas ca­sas que no pue­den usar ni luz ni ca­le­fac­ción. Y ya sa­béis que yo me me­to en es­te ti­po de líos. Creo en la jus­ti­cia y en que to­dos los se­res hu­ma­nos de­be­mos de te­ner una se­rie de ne­ce­si­da­des cu­bier­tas. Es un pro­yec­to muy sen­ti­do. C. Us­ted de otro ti­po de ener­gía, la vi­tal, va bien. Por­que tra­ba­jo no le fal­ta en es­tos mo­men­tos. E.F. Sí. Aca­ba­mos de ter­mi­nar con Po­der Ca­ni­jo, es­toy con la pro­mo­ción de Luz de so­le­dad, es­pe­ran­do que se es­tre­ne ¿Qué fue de Jor­ge Sanz?, don­de in­ter­ven­go en un ca­pí­tu­lo, voy a fi­na­les de no­viem­bre al Festival de Gi­jón co­mo ju­ra­do de cor­tos y aguar­dan­do otra no­ti­cia de te­le­vi­sión. Y mien­tras tan­to, pues ha­cien­do es­te ti­po de co­sas que te lle­nan. C. Aca­ba de ha­blar de Po­der ca­ni­jo. Aho­ra que no nos es­cu­cha Juan y Me­dio, ¿son más re­bel­des los cha­va­les o el pro­pio Juan? E.F. (Ri­sas) Juan, por su­pues­to. Sin nin­gu­na du­da. C. ¿Le pi­ca aho­ra aun más el gu­sa­ni­llo de la ma­ter­ni­dad que es­tá ha­cien­do un pro­gra­ma con pe­ques? A ve­ces pue­de pro­vo­car el efec­to con­tra­rio… E.F. En reali­dad el gu­sa­ni­llo ha si­do siem­pre el mis­mo. Es una co­sa que me pi­de el cuer­po des­de ha­ce tiem­po. Sé que tar­de o tem­prano seré ma­dre. Pe­ro no es una cues­tión de es­tar con ni­ños o no. Ob­via­men­te hay ni­ños que te lle­va­rías a tu ca­sa y te los co­me­rías con pa­ta­tas, y otros a los que no que­rrías ver más. Es cier­to que es una co­sa que se lle­va den­tro. Se sue­le de­cir que hay mu­je­res que son muy bue­nas ma­dres, pe­ro a las que so­lo les gus­tan sus hi­jos. C. Si­gue sin en­con­trar el amor. ¿Qué pa­sa? E.F. No sé qué pa­sa. A lo me­jor es que no es­toy muy por la la­bor. C. ¿Pue­de que no es­té en un mo­men­to re­cep­ti­vo? E.F. Se­rá. Es­toy muy tranquila, muy a gus­to. Es cier­to que no lo bus­co. A lo me­jor cuan­do no lo bus­cas… Aun­que di­cen que es cuan­do apa­re­ce. Qui­zá es que es­toy de­jan­do pa­sar mu­chas opor­tu­ni­da­des. C. ¿No se le es­tá ha­cien­do de­ma­sia­do lar­ga la sol­te­ría? E.F. En ab­so­lu­to. Es­toy fe­liz. C. ¿Es muy exi­gen­te a la ho­ra de ele­gir una pa­re­ja? E.F. Que va. Con tal de que me ha­gan reír y sea­mos cóm­pli­ces y com­pa­ñe­ros, su­fi­cien­te. Es vi­tal que te lle­ves bien con tu pa­re­ja y que te en­tien­das. Que se pue­da

“SÉ QUE TAR­DE O TEM­PRANO SERÉ MA­DRE”

ha­blar de to­do. Creo que no soy muy exi­gen­te. Pe­ro yo no pue­do es­tar por es­tar con una per­so­na. C. Sin no­vio y sin in­de­pen­di­zar­se, ¿no se can­sa de vi­vir con su ma­dre? E.F. Esa es otra de las co­sas que ten­go pen­dien­tes, pe­ro tal y co­mo es­tán las co­sas… A lo me­jor un mes es­tás bien y otro no. Lo im­por­tan­te es bus­car un tra­ba­jo es­ta­ble pa­ra po­der ir­me. Ir­me pa­ra vol­ver no tie­ne sen­ti­do. C. ¿Qué ha si­do lo me­jor y lo peor de tra­ba­jar jun­to a su ma­dre en la pe­lí­cu­la Luz de so­le­dad? E.F. Es ver­dad que no com­par­ti­mos es­ce­nas, pe­ro coin­ci­di­mos unos días en el ro­da­je. Lo peor es que te sien­tes co­mo una ni­ña pe­que­ña cuan­do te tra­ta co­mo si es­tu­vie­ras en el co­le de­lan­te de to­do el equi­po, Y lo me­jor, te­ner­la. C. ¿En­ton­ces se ha pues­to en plan ma­dre du­ran­te el ro­da­je? E.F. To­tal­men­te (ri­sas). Al fi­nal aca­bó sien­do ma­dre de to­do el equi­po. C. ¿Qué que­da de aque­lla ni­ña a la que co­no­ci­mos in­ter­pre­ta­ti­va­men­te en El In­ter­na­do? E.F. ¡Uy, que­da mu­cho! Esa ni­ña y yo se­gui­mos sien­do la mis­ma. So­lo que aho­ra sé más y soy un po­qui­to más quis­qui­llo­sa. Con la edad te vas vol­vien­do más in­te­li­gen­te y sa­bia, pe­ro tam­bién to­le­ras me­nos cier­tas co­sas. En esen­cia creo que si­go sien­do la mis­ma de siem­pre.

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