SA­RAH, LA HI­JA AC­TRIZ DE CHUR­CHILL

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - LO ÚLTIMO -

Cuen­tan que en cier­ta oca­sión su pa­dre fue a ver­la al tea­tro. Le sen­ta­ron en pri­me­ra fi­la y se que­dó dor­mi­do. Qui­zá fue­ra una pe­que­ña ven­gan­za por los mu­chos dis­gus­tos que Sa­rah, la ter­ce­ra de sus cin­co hi­jos, le ha­bía da­do. So­bre to­do, por dos te­mas: los hom­bres y el al­cohol. Su pri­me­ra ma­ri­do fue Vic Oli­ver, un ac­tor y hu­mo­ris­ta aus­tria­co a quien el pri­mer mi­nis­tro des­cri­bió con es­ta fra­se: «Es vul­gar co­mo la ba­su­ra». Su se­gun­do ma­ri­do, el fo­tó­gra­fo Ant­hony Beau­champ, tam­po­co gus­tó a Sir Wins­ton, que nun­ca hi­zo na­da por di­si­mu­lar­lo. Aun­que el ma­tri­mo­nio no fue muy lar­go y el re­tra­tis­ta se aca­bó sui­ci­dan­do. La mis­ma suer­te co­rrió uno de sus aman­tes más cé­le­bres, John Wi­nant, ex­go­ber­na­dor de New Ham­ps­hi­re y exem­ba­ja­dor de Es­ta­dos Uni­dos en el Reino Uni­do: di­cen que se vo­ló la ca­be­za por­que no le nom­bra­ron se­cre­ta­rio ge­ne­ral de la ONU y por la ma­la vi­da que le dio ella. Sí gus­tó a la fa­mi­lia la ter­ce­ra bo­da, con el ba­rón de Aud­ley. Lás­ti­ma que le du­ra­ra me­nos de un año. Vino en­ton­ces otro aman­te, con el que es­tu­vo a pun­to de ca­sar­se, Lo­bo No­cho, un can­tan­te ne­gro de jazz. Ima­gi­nen la ca­ra del pa­dre, ya ca­si en el le­cho de muer­te. Lo del al­cohol, es cier­to, lo lle­va­ba en los ge­nes, pe­ro fue un gran obs­tácu­lo pa­ra su ca­rre­ra en el cine, la te­le­vi­sión y el tea­tro. La de­tu­vie­ron va­rias ve­ces por es­cán­da­lo pú­bli­co y una de ellas has­ta aca­bó en la cár­cel. Se re­ti­ró en 1971. Pa­só sus úl­ti­mos años le­yen­do no­ve­las de es­pías y vien­do pe­lí­cu­las de te­rror.

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