EL REY DEL EX­CE­SO

HAS­TA EL 19 DE FE­BRE­RO, EL MU­SEO DEL TRA­JE RIN­DE UN HO­ME­NA­JE A SU FI­GU­RA ACER­CÁN­DO­NOS AL PIN­TOR, DI­SE­ÑA­DOR Y PRO­DUC­TOR QUE HA­BÍA DE­TRÁS DEL MÚ­SI­CO.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - REPORTAJE - POR JOSE LUIS DÍEZ-GARDE

Pa­ra mu­chos, Tino Ca­sal es so­lo un icono de la mú­si­ca de los 80, un hom­bre de ima­gen barroca y ex­ce­si­va que can­tó al­gu­nos éxi­tos que fi­gu­ran en la me­mo­ria de to­dos. ¿Quién no ha he­cho al­gu­na vez re­fe­ren­cia a su Cham­pú de hue­vo o ta­ra­rea­do Eo­li­se? El Mu­seo del Tra­je rei­vin­di­ca es­tos me­ses la fi­gu­ra de Ca­sal y le quie­re apor­tar un tras­fon­do que va más allá de sus dis­cos. Bus­ca in­da­gar en un per­so­na­je cla­ve de la cul­tu­ra de la mo­vi­da y un hom­bre avan­za­do a su tiem­po. Una es­pe­cie de Da­vid Bo­wie es­pa­ñol, cu­ya vi­da se trun­có en la ca­rre­te­ra con tan so­lo 41 años. «Na­die lle­vó las hom­bre­ras co­mo Tino Ca­sal», ase­gu­ra Juan Gu­tié­rrez, co­mi­sa­rio, jun­to con Rodrigo de la Fuen­te, de la ex­po­si­ción Tino Ca­sal: el ar­te por ex­ce­so. Él ha si­do uno de los en­car­ga­dos de res­ca­tar del mi­to esa otra ca­ra del ge­nio as­tu­riano que ha pa­sa­do más des­aper­ci­bi­da pa­ra la his­to­ria. Por­que den­tro del ar­tis­ta ha­bía mu­chos personajes y to­dos eran Tino. Era un hom­bre po­li­fa­cé­ti­co que su­po im­por­tar una es­té­ti­ca con­tro­ver­ti­da pa­ra una Es­pa­ña que em­pe­za­ba a abrir­se al mundo. Tam­bién fue el má­xi­mo ex­po­nen­te del techno y el new ro­man­tic que se pro­du­jo en esos años. Pe­ro el mundo mu­si­cal fue so­lo uno más de los cam­pos que to­có Ca­sal en su vi­da. Fue di­se­ña­dor, pro­duc­tor, es­ce­nó­gra­fo, de­co­ra­dor, pin­tor… Y pu­so en sol­fa la cues­tión de gé­ne­ro en un país que sa­lía de una dic­ta­du­ra.

LA IN­FAN­CIA DEL MI­TO Na­ci­do co­mo Jo­sé Ce­les­tino Ca­sal Ál­va­rez, en Tu­de­la Ve­guín (As­tu­rias) en 1950, des­de pron­to tu­vo cla­ra su con­di­ción de ar­tis­ta, so­bre to­do en la mú­si­ca. Em­pe­zó con el gru­po Los Za­fi­ros Ne­gros y en 1967 pa­só a for­mar par­te, du­ran­te un bre­ve tiem­po, de Los Ar­chi­du­ques. Des­pués lle­gó el pe­rio­do de Lon­dres en el que en­tró en con­tac­to con fi­gu­ras co­mo Da­vid Bo­wie, Span­dau Ba­llet y Du­ran Du­ran. La ciu­dad se con­vir­tió en­ton­ces en una re­fe­ren­cia pa­ra Ca­sal, a la que acu­día tem­po­ra­das pa­ra co­no­cer las úl­ti­mas no­ve­da­des y vol­ver­se car­ga­do de las úl­ti­mas ten­den­cias, pren­das que lue­go él re­in­ter­pre­ta­ba a su ma­ne­ra, si es que no crea­ba las su­yas pro­pias. A su re­gre­so a Es­pa­ña y tras una se­rie de sen­ci­llos que no tu­vie­ron gran aco­gi­da, de­ci­dió po­ner­se al otro la­do y co­men­zó a pro­du­cir a gru­pos co­mo Go­ma de Mas­car y

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