AZEA­LIA BANKS LA RAPERA QUE AMA A TRUMP

BOCAZAS, ES­CAN­DA­LO­SA Y SIN LÍ­MI­TE. CA­DA VEZ QUE HA­BLA, SUBE EL PAN. Y SE CREA UN NUE­VO ENEMI­GO. TO­DOS LA ODIAN Y ELLA ODIA A TO­DOS. ME­NOS A UNO: EL PRE­SI­DEN­TE DE EE.UU.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - VIDAS NO EJEMPLARES - POR CARLOS GON­ZÁ­LEZ

Aca­ba de pro­ta­go­ni­zar una de las ma­yo­res bron­cas vir­tua­les de los úl­ti­mos tiem­pos. Rihan­na lla­mó a Trump «cer­do in­mo­ral» y Banks le con­tes­tó re­cor­dán­do­le a la otra que ni era ciu­da­da­na del país ni po­día vo­tar, y que me­jor se ca­lla­ra. Eso fue so­lo el prin­ci­pio. A par­tir de ahí, la con­ver­sa­ción a tra­vés de las re­des so­cia­les fue su­bien­do de tono. Banks, mu­cho más du­ra, di­jo que su enemi­ga ha­bía cre­ci­do «ju­gan­do al fút­bol en un cam­po su­cio con un co­co y abrien­do las pier­nas a cual­quier idio­ta» a cam­bio de que le com­pu­sie­ra una can­ción o le com­pra­ra dro­gas. Aun­que lo peor fue cuan­do pu­bli­có el número de te­lé­fono de Rihan­na, an­te lo que es­ta res­pon­dió ha­cien­do exac­ta­men­te lo mis­mo. Y es que, Azea­lia Banks es así. Na­ció ha­ce 25 años, cre­ció en Har­lem y su in­fan­cia estuvo mar­ca­da por la muer­te de su pa­dre y los ma­los tra­tos de su madre. Se de­di­ca a la mú­si­ca, aun­que es mu­cho más co­no­ci­da por sus po­lé­mi­cas. La pe­núl­ti­ma fue un ví­deo en el que lim­pia­ba uno de sus ar­ma­rios y la co­sa era re­pug­nan­te por­que en ese pe­que­ño es­pa­cio se ha­bía de­di­ca­do a sa­cri­fi­car po­lli­tos du­ran­te tres años por una cues­tión de he­chi­zos, con­ju­ros y de­más. «Las bru­jas reales ha­ce­mos co­sas reales», co­men­ta­ba an­te ese ex­tra­ño es­pec­tácu­lo de plu­mas y san­gre se­ca. Fue arres­ta­da por mor­der el pe­cho de una vi­gi­lan­te de se­gu­ri­dad. Pro­ta­go­ni­zó otra pe­lea en un avión, con pu­ñe­ta­zos y es­cu­pi­ta­jos a la ca­ra de por me­dio. Twit­ter cerró su cuen­ta por los in­sul­tos ra­cis­tas que le de­di­có a Zayn Ma­lik, miem­bro de One Di­rec­tion de ori­gen pa­quis­ta­ní y no­vio de Gi­gi Ha­did, al que lla­mó «pe­rro pe­lu­do con olor a cu­rri». Tu­vo que dis­cul­par­se con Sa­rah Pa­lin después de acon­se­jar­le que prac­ti­ca­ra se­xo en gru­po, en­tre otras mu­chas lin­de­zas. Rus­sell Cro­we la ex­pul­só de una fies­ta por­que ame­na­zó con apu­ña­lar­le… Y Azea­lia Banks ama al nue­vo pre­si­den­te de Es­ta­dos Uni­dos e in­clu­so es una de las po­cas fa­mo­sas que le de­fien­de en pú­bli­co. Aun­que los mo­ti­vos, co­mo siem­pre en su ca­so, son

con­fu­sos. Pri­me­ro di­jo: «Creo que Do­nald Trump es mal­va­do co­mo Amé­ri­ca es mal­va­da y pa­ra que Amé­ri­ca si­ga igual lo necesita». Tam­bién ase­gu­ró que era el úni­co que de ver­dad te­nía «pe­lo­tas». Lue­go le en­tra­ron los re­mor­di­mien­tos y se dis­cul­pó: «Apo­yar­le fue un error. Los de­re­chos de las mu­je­res son im­por­tan­tes y de­be­mos pro­te­ger­los». Has­ta la ma­ña­na después de las elec­cio­nes. Entonces es­ta­lló de jú­bi­lo, lla­mó «va­ca» a Hi­llary Clin­ton, se rió de Lady Gaga y Katy Perry por ha­ber­la apo­ya­do, y con ma­yús­cu­las bien gran­des, es­cri­bió so­bre Trump en Fa­ce­book: «ES MI PU­TO HÉ­ROE».

Trump es el úni­co des­ti­na­ta­rio de los ha­la­gos de la can­tan­te. Con la mis­ma in­ten­si­dad y vo­ca­bu­la­rio que ata­ca a sus de­trac­to­res de­fien­de a sus ído­los.

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