CA­YE­TA­NA GUI­LLÉN CUER­VO

SU PA­SO POR ‘MAS­TER­CHEF CE­LE­BRITY’ HA LO­GRA­DO QUE EL PÚ­BLI­CO LE CO­JA MU­CHO CA­RI­ÑO. PA­RA ELLOS, ES SO­LO ‘CAYE’.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - SUMARIO - POR AN­TO­NIO AL­BERT

“No pue­do ser más fe­liz”.

En la mis­ma se­ma­na es­tre­na la ter­ce­ra tem­po­ra­da de El Mi­nis­te­rio

del Tiem­po (TVE), lan­za el li­bro Los aban­do­nos (Ed. La Es­fe­ra de los Li­bros) y re­ci­be el Pre­mio Plu­ma por su la­bor por los de­re­chos del co­lec­ti­vo LGTB. Vi­ve un mo­men­to de es­plen­dor pro­fe­sio­nal, reflejo de su vi­da per­so­nal. Y ha con­quis­ta­do a la au­dien­cia des­de su par­ti­ci­pa­ción en

Mas­ter­Chef Ce­le­bri­ties. Pa­ra el pú­bli­co, ya no es Ca­ye­ta­na Gui­llén Cuer­vo, es so­lo Caye. To­do un triun­fo. Qué pa­ra­dó­ji­co: tan­tos años co­mo ac­triz, pre­sen­ta­do­ra y columnista pa­ra lue­go con­quis­tar el co­ra­zón de los es­pec­ta­do­res con un reality…. Y yo me ale­gro mu­cho, por­que eso quie­re de­cir que, ade­más de mi tra­ba­jo, les gus­ta có­mo soy. Pe­ro tam­bién es una res­pon­sa­bi­li­dad, por­que no quie­ro de­cep­cio­nar­les. Es­te enor­me ca­ri­ño ha ve­ni­do a com­ple­tar el res­pe­to que ya me ha­bían de­mos­tra­do. Es que es una tra­ba­ja­do­ra na­ta. Dis­fru­to con mi tra­ba­jo y me en­tre­go. Soy muy ‘cu­rran­ta’, la ver­dad, pe­ro creo que es im­pres­cin­di­ble ser­lo en es­ta pro­fe­sión. Es la úni­ca for­ma de su­pe­rar­se a sí mis­mo y de ser ho­nes­to con el pú­bli­co. Ade­más, in­ten­to no pa­rar nun­ca pa­ra que no se tra­te tan­to de apro­ve­char una bue­na ra­cha co­mo de ser cons­tan­te. Y si mi­mo tan­to

Aten­ción obras y Ver­sión es­pa­ño­la (La 2), es por­que me per­mi­ten tam­bién es­tar en con­tac­to con los crea­do­res, con la gen­te de la cul­tu­ra de es­te país que tan­to ad­mi­ro. Es un lu­ja­zo. Aho­ra tie­ne, in­clu­so, ca­ye­ta­ners. Sí. ¡Quién me lo iba a de­cir! (ríe). Es in­creí­ble. Son un gru­po de chi­cas jó­ve­nes, les­bia­nas, que tie­nen

He apren­di­do a re­la­ti­vi­zar las co­sas

en Ire­ne La­rra, mi per­so­na­je en El Mi­nis­te­rio del Tiem­po, to­do un re­fe­ren­te. Es cu­rio­so, ca­si to­das las ado­les­cen­tes pa­san de una ma­ne­ra u otra por ex­pe­ri­men­tar el fe­nó­meno fan, pe­ro en ese ca­so, las ca­ye­ta­ners tie­nen un dis­cur­so más só­li­do: ven en La­rra a una mu­jer que vi­ve su se­xua­li­dad con na­tu­ra­li­dad, y que es­ta es un ras­go más de su per­so­na­li­dad, pe­ro no de­ter­mi­nan­te. Es les­bia­na, sí, pe­ro tam­bién es una pro­fe­sio­nal, fuer­te, in­de­pen­dien­te, re­bel­de… Pa­ra ellas, un per­so­na­je así es co­mo la luz que apa­re­ce al fi­nal de ese di­fí­cil tú­nel que es la ado­les­cen­cia. Da gus­to ver a un per­so­na­je fe­me­nino que no de­pen­de de una tra­ma mas­cu­li­na… Me en­can­ta. Pe­ro tan­to en mi ca­so co­mo en el de Ame­lia (Au­ra Ga­rri­do). Es ma­ra­vi­llo­so que crea­do­res co­mo Ja­vier Oli­va­res –y su her­mano Pa­blo, al ini­cio y has­ta su fa­lle­ci­mien­to– apues­ten por los per­so­na­jes fe­me­ni­nos con en­ti­dad pro­pia: no apa­re­cen co­mo ma­dres o es­po­sas. Son he­roí­nas, due­ñas de su vi­da y su des­tino. En mi ca­so, tra­tán­do­se de un se­cun­da­rio, lo agra­dez­co más, por­que me ha per­mi­ti­do crear al­go com­ple­jo que, de otra for­ma, ha­bría re­sul­ta­do im­po­si­ble. ¿Qué le to­ca vi­vir en es­ta ter­ce­ra tem­po­ra­da? ¡Uf! (sus­pi­ra). De to­do. No me de­jan con­tar mu­cho, por­que quie­ren pre­ser­var la in­tri­ga. Di­ré que no va a ser des­leal con el Mi­nis­te­rio y que le van a pa­sar muuu­chas co­sas. Lo que sí pue­do des­ve­lar es que la se­rie no so­lo man­tie­ne su ni­vel, lo mul­ti­pli­ca: hay más ex­te­rio­res, más aven­tu­ra… Pu­bli­ca tam­bién Los aban

do­nos, un li­bro so­bre la pér­di­da y el do­lor. Pre­ci­sa­men­te por sen­tir­me así he po­di­do es­cri­bir­lo aho­ra. La idea na­ció con la en­fer­me­dad y muer­te de mi pa­dre. Me re­sul­tó im­po­si­ble es­cri­bir­lo en­ton­ces. Lo he he­cho es­te úl­ti­mo año, en el que me he sen­ti­do más ple­na, más li­ge­ra. Tam­bién cuan­do he apren­di­do a re­la­ti­vi­zar las co­sas. Cuan­do mi pa­dre mu­rió, fue un shock te­rri­ble. La vi­da cam­bia en un ins­tan­te. Mi pa­dre lo era to­do pa­ra mí: mi guía, mi ami­go, mi ído­lo... Que por fin me ha­ya sen­ti­do ca­paz de aca­bar el proyecto no quie­re de­cir que le ha­ya ol­vi­da­do. Al con­tra­rio, sien­to más su au­sen­cia. ¿Por­que ve cre­cer a su hi­jo y es cons­cien­te de que la vi­da si­gue? Sí… Por eso el li­bro es tan im­por­tan­te pa­ra mí: me he des­nu­da­do emo­cio­nal­men­te. Es­tá es­cri­to con el co­ra­zón. Son re­fle­xio­nes per­so­na­les mez­cla­das con re­la­tos bre­ves de fic­ción con los que he cal­ma­do par­te del do­lor. Pe­ro veo a mi hi­jo y sien­to que, sí, la vi­da si­gue. Ha­blan­do de su hi­jo… Siem­pre ha si­do muy ce­lo­sa de su in­ti­mi­dad. Sor­pren­dió que apa­re­cie­ra en la fi­nal de Mas­ter­Chef. Fue una sor­pre­sa. De he­cho, una do­ble sor­pre­sa: pri­me­ro, por­que de ver­dad no me es­pe­ra­ba que vi­nie­ra. Se­gun­do, por­que me di cuen­ta de que no pa­sa­ba na­da, que es­ta­ba bien que lo hi­cie­ra. A mí me emo­cio­nó verle y él lo vi­vió co­mo una aven­tu­ra. Lue­go fui­mos tam­bién al pro­gra­ma de Jai­me Can­ti­zano por­que, en cier­ta ma­ne­ra, era un jue­go. Ma­teo tie­ne 11 años y es­tá en la edad de ju­gar. No quie­ro ex­po­ner­le de­ma­sia­do, pe­ro tam­bién asu­mo que no tie­ne de qué es­con­der­se. Lo mis­mo pa­sa con Omar, mi pa­re­ja. Pe­ro to­do se ex­pli­ca por­que yo me sien­to más li­bre. He asu­mi­do que las co­sas hay que ha­cer­las con na­tu­ra­li­dad. Y no pue­do ser más fe­liz.

Aca­ba de pre­sen­tar su li­bro ‘Los aban­do­nos’, con el que cal­ma el do­lor por la muer­te de su pa­dre.

De arri­ba a aba­jo, Ca­ye­ta­na en ‘Mas­ter­Chef Ce­le­brity’, con sus com­pa­ñe­ros de ‘El Mi­nis­te­rio del Tiem­po’ en la pre­sen­ta­ción de la ter­ce­ra tem­po­ra­da y con su hi­jo en ‘Ju­gan­do con las es­tre­llas’. To­dos es­pa­cios de TVE.

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