FA­BIO­LA MAR­TÍ­NEZ

“Ber­tín es­tá tris­te por la se­pa­ra­ción de su hi­ja”.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - SUMARIO - FO­TOS: AL­BER­TO BER­NÁR­DEZ

El po­sa­do en ba­ña­dor ya tie­ne una nue­va pro­ta­go­nis­ta: Fa­bio­la Mar­tí­nez (44). Co­mo en sus me­jo­res tiem­pos de mo­de­lo, la mu­jer de Ber­tín po­sa y ha­bla sin ta­pu­jos so­bre su fa­mi­lia y la si­tua­ción que atra­vie­sa su país. ¿Tie­ne mo­ti­vos pa­ra preo­cu­par­se Ana Obre­gón con su ima­gen ve­ra­nie­ga? Que la fir­ma Ory la ha­ya ele­gi­do a us­ted co­mo em­ba­ja­do­ra de su co­lec­ción de ba­ño es pa­ra po­ner­se ner­vio­sa... Ana es im­ba­ti­ble y con ella no pue­de na­die. Mu­chas qui­sié­ra­mos a su edad po­der ha­cer el po­sa­do. ¿Có­mo se ha sen­ti­do an­te las cá­ma­ras en ba­ña­dor? Cuan­do ejer­cía co­mo mo­de­lo ha­cía len­ce­ría y tra­je de ba­ño, pe­ro des­pués de dos ni­ños, hay cier­ta in­se­gu­ri­dad por­que el cuer­po no es el mis­mo. Lo bueno es que es­tas pren­das fa­vo­re­cen.

¿Es de bi­qui­ni, pie­za en­te­ra o to­ples? Si te di­go la ver­dad, a mí lo que me gus­ta­ba de jo­ven era prac­ti­car el nu­dis­mo. Iba a las pla­yas de Cá­diz, pe­ro hoy re­co­noz­co que no me atre­ve­ría. Pri­me­ro, por mie­do a que me hi­cie­ran fo­tos y lue­go, por mis hi­jos por­que no sé si lo en­ten­de­rían. O es­ta­mos to­dos o se­ría ra­ro. ¿Al­gu­na vez han ido Ber­tín y us­ted a una pla­ya nu­dis­ta? Jun­tos nun­ca. ¿Te ima­gi­nas que nos pi­lla­ran en al­gún si­tio a los dos en bo­las? (ri­sas). ¿Ber­tín sue­le opi­nar so­bre las fo­tos en las que apa­re­ce lu­cien­do pal­mi­to? No es na­da ti­quis­mi­quis, to­do lo con­tra­rio. Cuan­do le gus­ta una ima­gen mía quie­re lo­ca­li­zar al fo­tó­gra­fo pa­ra po­ner­la en ca­sa. Ju­lio Igle­sias ha de­cla­ra­do que su ma­ri­do es un au­tén­ti­co en­can­ta­dor de ser­pien­tes. ¿Cree que tie­ne mie­do a una po­si­ble en­tre­vis­ta por lo que le pue­da son­sa­car? Doy fe de que Ber­tín es un en­can­ta­dor de ser­pien­tes, pe­ro la en­tre­vis­ta con Ju­lio se­ría la pe­ra por to­do lo que tie­ne que con­tar y sin ne­ce­si­dad de en­trar en de­ta­lles. So­lo con su in­fan­cia, su cam­bio de ca­rre­ra, el se­cues­tro de su pa­dre... Es que hay pa­ra mu­chas en­tre­vis­tas. Oja­lá se atre­va por­que ade­más, le iban a cui­dar. Te­nien­do en cuen­ta que Ber­tín ha re­co­no­ci­do que una de sus ar­mas es ofre­cer dos copas de vino a su en­tre­vis­ta­do... Ju­lio tie­ne mu­cha ex­pe­rien­cia y en­tre­vis­tas a sus es­pal­das, sa­be mo­ver­se en cual­quier te­rreno. ¿Cuál es la fa­ce­ta de su ma­ri­do que más le gus­ta? Pri­me­ro co­mo cantante, ya que así le co­no­cí y es el re­cuer­do que ten­go de mi ma­dre cuan­do es­cu­cha­ba sus can­cio­nes. Son de la mis­ma edad y por eso la afi­ni­dad. Del res­to, es­co­jo el com­ple­to. Le quitaría un mon­tón de co­sas, to­do el mun­do tie­ne de­fec­tos, pe­ro me que­do con to­do él. Aca­ban de cum­plir 11 años de ma­tri­mo­nio. ¿Có­mo lo han ce­le­bra­do? Con tan­to tra­ba­jo co­mo te­ne­mos ha si­do im­po­si­ble, pe­ro re­co­noz­co

Es la pri­me­ra vez que Ber­tín se ha acor­da­do de nues­tro aniver­sa­rio

que es la pri­me­ra vez que Ber­tín se acuer­da de nues­tro aniver­sa­rio, so­lo que lo hi­zo cua­tro días an­tes de la fe­cha. ¿Có­mo se en­cuen­tra su sue­gro, En­ri­que? Es­tá bien de sa­lud, pe­ro he­mos pa­sa­do una ra­cha muy du­ra tras la muer­te de una so­bri­na, un cu­ña­do de Ber­tín — el ma­ri­do de su her­ma­na Mar­ta — y una her­ma­na de mi sue­gro. Esas pér­di­das le han afec­ta­do mu­cho. ¿Có­mo es­tán vi­vien­do us­te­des la re­cien­te se­pa­ra­ción ma­tri­mo­nial de Alejandra Os­bor­ne —hi­ja ma­yor de Ber­tín— y su ma­ri­do, Joa­quín? Ha si­do una sor­pre­sa pa­ra to­dos, pe­ro son te­mas de pa­re­ja y so­lo ellos sa­ben sus ra­zo­nes. No he­mos en­tra­do en los de­ta­lles por­que es su pri­va­ci­dad. Ber­tín lo es­tá lle­van­do con tris­te­za, por­que quie­re mu­cho a su yerno, que es un hom­bre es­tu­pen­do, y por­que ve que se

rom­pe una fa­mi­lia. Ha in­ten­ta­do re­con­du­cir la si­tua­ción ha­blan­do con los dos, pe­ro hay que res­pe­tar su de­ci­sión. Lo bueno es que se lle­van bien y mantienen una re­la­ción cor­dial. ¿Qué ba­lan­ce ha­ce des­pués de 11 años de ma­tri­mo­nio? Pa­re­ce que fue ayer. Cuan­do em­pe­cé a sa­lir con Ber­tín, nun­ca ima­gi­né que íba­mos a es­tar jun­tos tan­tos años y con una fa­mi­lia pro­pia. Sa­bía de la fa­ma que te­nía y me lo to­mé co­mo una aven­tu­ra, un vi­vir el mo­men­to y dis­fru­tar, ya que es­ta­ba sol­te­ra. Por eso di­go que es in­creí­ble y, aun­que ha­ya ins­tan­tes en los que le quie­res ma­tar, al fi­nal no pue­do ima­gi­nar­me la vi­da sin él. El amor no es una lí­nea rec­ta, pe­ro cuan­do es­tás enamo­ra­da, se pue­de con to­do. Por eso, me da tan­ta tris­te­za lo de Eu­ge­nia y Quino. ¿Có­mo es­tá su hi­jo Qui­que? Avan­za po­co a po­co, es un lu­cha­dor in­can­sa­ble. Aho­ra ha apren­di­do a mon­tar en tri­ci­clo y lo ha con­se­gui­do con un es­fuer­zo so­bre­hu­mano. No sa­be­mos cuán­do po­drá ha­cer más co­sas, pe­ro des­de lue­go él lo in­ten­ta ca­da día. ¿Si­guen sin ven­der la fin­ca de Se­vi­lla? La pro­pie­dad lle­va tiem­po con un no­vio que no aca­ba de arran­car­se. Lla­ma to­das las se­ma­nas, por­que la quie­re, pe­ro no se for­ma­li­za la ope­ra­ción. Nos en­can­ta el cam­po y Ber­tín lo ne­ce­si­ta, pe­ro en­tien­de que el día a día es mas fá­cil en una ciu­dad. Si hu­bie­ra que­ri­do com­prar una ca­sa en Se­vi­lla, nos ha­bría­mos que­da­do allí, pe­ro nun­ca lo pro­pu­so. Sé que la si­tua­ción ac­tual que se vi­ve en Venezuela le si­gue qui­tan­do el sue­ño. Par­te de su fa­mi­lia, co­mo sus abue­las, si­guen allí. Me da pe­na por­que echo de me­nos mu­chas vo­ces en Es­pa­ña que se ma­ni­fies­ten a fa­vor del pue­blo ve­ne­zo­lano. Mi­guel Bo­sé lo aca­ba de ha­cer y no ima­gi­nas có­mo se lo agradezco. No quie­ro dar nombres, pe­ro me fal­ta mu­cha gen­te. He op­ta­do por ver so­lo los vi­deos en di­rec­to de per­fi­les que me cons­ta que son pe­rio­dis­tas se­rios, que es­tán a pie del ca­ñón y que no pue­den pu­bli­car na­da allí. Por des­gra­cia, ten­go a mi abue­la con pro­ble­mas de sa­lud y es muy do­lo­ro­so que no pue­da te­ner la me­di­ca­ción que ne­ce­si­ta. Con­mi­go en Ma­drid es­tán mis pa­dres, mi her­ma­na y mi cu­ña­do, y se lo ten­go que agra­de­cer a Ber­tín por apo­yar­me, pe­ro es de­ses­pe­ran­te ver có­mo tie­nen que sa­lir de su país y em­pe­zar de ce­ro o com­pro­bar có­mo mi so­brino ha me­jo­ra­do des­pués de lle­gar a Es­pa­ña con un dé­fi­cit ali­men­ta­rio. Pa­re­cía una ra­ni­ta sin for­mas. En Es­pa­ña, hay partidos po­lí­ti­cos que no ven con los mis­mos ojos a Venezuela. Pue­de que sea un pro­ble­ma de lí­de­res, más que de partidos, pe­ro es­pe­ro que los es­pa­ño­les se den cuen­ta. Mu­chos po­lí­ti­cos sa­len ra­na, pe­ro pre­fie­ro un po­lí­ti­co pre­pa­ra­do y con ex­pe­rien­cia que uno nue­vo que no sa­be ni por dón­de em­pe­zar.

“Cuan­do em­pe­cé a sa­lir con Ber­tín, sa­bía de su fa­ma y me lo to­mé co­mo una aven­tu­ra, un vi­vir el mo­men­to”.

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