Tex­tos

La Voz de Galicia (A Coruña) - La Voz de la Escuela - - LITERATURA -

El mo­nó­lo­go in­te­rior es una téc­ni­ca li­te­ra­ria con la que el es­cri­tor pre­ten­de re­fle­jar el fluir des­or­de­na­do del pen­sa­mien­to de un per­so­na­je, tra­tan­do de acer­car­se lo más po­si­ble a la reali­dad de có­mo pen­sa­mos. Uti­li­zan una sin­ta­xis po­co desa­rro­lla­da (omi­sión de ver­bos, de ele­men­tos co­nec­to­res, in­te­rrup­cio­nes re­pen­ti­nas, re­pe­ti­cio­nes du­bi­ta­ti­vas) y evi­tan uti­li­zar sig­nos de pun­tua­ción pa­ra no rom­per el flu­jo de ideas. Es muy fre­cuen­te que se uti­li­ce el es­ti­lo in­di­rec­to li­bre (la in­clu­sión de pen­sa­mien­tos del per­so­na­je en el re­la­to del na­rra­dor). Es­te mo­nó­lo­go de Molly Bloom (Pe­né­lo­pe) es jus­ta­men­te el fi­nal del li­bro:

«[...] el sol bri­lla pa­ra ti me di­jo el día que es­tá­ba­mos acos­ta­dos en­tre los ro­do­den­dros so­bre la puer­ta de Howth con el tra­je de tweed gris y som­bre­ro de pa­ja el día que con­se­guí que se me de­cla­ra­ra sí pri­me­ro le pa­sé el pe­da­ci­to de pas­tel que te­nía en mi bo­ca y era año bi­sies­to como aho­ra sí ha­ce 16 años mi Dios des­pués de ese be­so lar­go ca­si me que­dé sin alien­to sí me di­jo que yo era una flor de la mon­ta­ña sí en­ton­ces so­mos flo­res to­do el cuer­po de una mu­jer sí esa fue la úni­ca ver­dad que me di­jo en su vi­da y el sol bri­lla pa­ra ti hoy sí por eso me gus­ta­ba por­que vi que él en­ten­día lo que era una mu­jer y yo sa­bía que siem­pre po­dría ha­cer de él lo que qui­sie­ra y le di to­do el pla­cer que pu­de lle­ván­do­lo a que me pi­die­ra el sí y pri­me­ro yo no que­ría con­tes­tar­le só­lo mi­ra­ba ha­cia el mar y ha­cia el cie­lo y es­ta­ba pen­san­do en tan­tas co­sas que él no sa­bía de Mul­vey del se­ñor Stan­ho­pe y de Hes­ter y de pa­pá y del vie­jo ca­pi­tán Gro­ves y de los ma­ri­ne­ros que jue­gan al todos los pá­ja­ros vue­lan y al sal­to de ca­bra y al jue­go de los pla­tos como lo lla­ma­ban en el mue­lle y el cen­ti­ne­la fren­te a la ca­sa del go­ber­na­dor con la co­sa al­re­de­dor de su cas­co blan­co po­bre dia­blo me­dio asa­do y las chi­cas es­pa­ño­las rien­do con sus cha­les y sus pei­ne­to­nes y las gri­te­rías de los re­ma­tes por la ma­ña­na los grie­gos y los ju­díos y los ára­bes y el dia­blo sa­be quién más de todos los ex­tre­mos de Eu­ro­pa y Du­ke Street y el mer­ca­do de aves to­das clo­quean­do de­lan­te de lo de Larby Sha­ron [...] y el mar el mar car­me­sí a ve­ces como el fue­go y las glo­rio­sas pues­tas de sol y las hi­gue­ras en los jar­di­nes de la Ala­me­da sí y to­das las ex­tra­ñas ca­lle­jue­las y las ca­sas ro­sa­das y azu­les y ama­ri­llas y los jar­di­nes de ro­sas y de jaz­mi­nes y de ge­ra­nios y de cac­tos y Gi­bral­tar cuan­do yo era chi­ca y don­de yo era una flor de la mon­ta­ña sí cuan­do me pu­se la rosa en el ca­be­llo como ha­cían las chi­cas an­da­lu­zas o me pon­dré una co­lo­ra­da sí y có­mo me be­só ba­jo la pa­red mo­ris­ca y yo pen­sé bueno tan­to da él como otro y des­pués le pe­dí con los ojos que me lo pre­gun­ta­ra otra vez y des­pués el me pre­gun­tó si yo que­ría sí pa­ra que di­je­ra sí mi flor de la mon­ta­ña y yo pri­me­ro lo ro­deé con mis bra­zos sí y lo atra­je ha­cia mí pa­ra que pu­die­ra sen­tir mis se­nos to­do per­fu­me sí y su co­ra­zón gol­pea­ba lo­co y sí yo di­je sí quie­ro SÍ».

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.