El cas­que­te po­lar no de­ja de en­co­ger­se

En los úl­ti­mos 30 años la ex­ten­sión del hie­lo es ca­da vez me­nor en el Ár­ti­co

La Voz de Galicia (A Coruña) - La Voz de la Escuela - - CIENCIAS - > Su­sa­na Pérez

Los cas­que­tes po­la­res son re­gio­nes en las que siem­pre ha­ce frío y el hie­lo for­ma par­te per­ma­nen­te del pai­sa­je. Du­ran­te la es­ta­ción in­ver­nal la su­per­fi­cie he­la­da es aún ma­yor, pues las aguas oceá­ni­cas que bor­dean los po­los se con­ge­lan has­ta va­rios me­tros de pro­fun­di­dad. En pri­ma­ve­ra y ve­rano es­ta ca­pa de hie­lo ma­ri­na, por el con­tra­rio, se re­du­ce. Pe­ro en los úl­ti­mos 30 años se ha ve­ni­do ob­ser­van­do que la ex­ten­sión del hie­lo in­ver­nal en el Ár­ti­co es ca­da vez me­nor, y es­te año ha al­can­za­do un mí­ni­mo his­tó­ri­co.

Los cien­tí­fi­cos del Cen­tro Na­cio­nal de Da­tos del Hie­lo y Nie­ve, per­te­ne­cien­te a la NASA, die­ron a co­no­cer que el hie­lo ma­rino del Po­lo nor­te se con­tra­jo el pa­sa­do mes de mar­zo una ex­ten­sión de 14,52 mi­llo­nes de ki­ló­me­tros cua­dra­dos, lo que su­po­ne un nue­vo ré­cord en la re­duc­ción de su­per­fi­cie he­la­da du­ran­te la es­ta­ción fría. Des­de que en el año 1979 los sa­té­li­tes co­men­za­ron a pro­por­cio­nar da­tos, se ha po­di­do cons­ta­tar que el Ár­ti­co ha ido acu­mu­lan­do, in­vierno tras in­vierno, una pér­di­da de ex­ten­sión que su­ma ya más de 1,6 mi­llo­nes de ki­ló­me­tros cua­dra­dos. Los ex­per­tos vin­cu­lan las me­di­das ob­te­ni­das es­te in­vierno a un in­cre­men­to de las tem­pe­ra­tu­ras me­dias que se han re­gis­tra­do en los úl­ti­mos me­ses en to­do el pla­ne­ta, con­se­cuen­cia del pro­ce­so de ca­len­ta­mien­to glo­bal de la at­mós­fe­ra. Y se­ña­lan que tam­bién han con­tri­bui­do a la me­nor for­ma­ción de hie­lo los vien­tos que so­pla­ron en la zo­na a co­mien­zos de año, que lle­va­ron ai­re ca­lien­te del sur.

La re­le­van­cia de la dis­mi­nu­ción de la ex­ten­sión de hie­lo po­lar ra­di­ca en su fun­ción como re­gu­la­dor de la tem­pe­ra­tu­ra de la Tie­rra. El hie­lo, como las nu­bes, re­fle­ja y de­vuel­ve a la at­mós­fe­ra gran par­te de la luz so­lar que in­ci­de so­bre el pla­ne­ta. El agua en es­ta­do lí­qui­do del océano, por el con­tra­rio, ab­sor­be esa luz. De es­ta ma­ne­ra, cuan­ta me­nos su­per­fi­cie he­la­da ha­ya, me­nos luz se re­fle­ja y más agua la ab­sor­be. Es­to pro­du­ce un in­cre­men­to de la tem­pe­ra­tu­ra glo­bal, que a su vez ace­le­ra la pér­di­da de su­per­fi­cie he­la­da.

Ade­más, las ba­jas tem­pe­ra­tu­ras de los po­los par­ti­ci­pan tam­bién en el cli­ma de la Tie­rra a tra­vés de las co­rrien­tes ma­ri­nas. El agua que se ca­lien­ta en los tró­pi­cos se des­pla­za ha­cia las zo­nas po­la­res más frías, y las aguas gé­li­das de es­tas cir­cu­lan ha­cia los tró­pi­cos. Es un ci­clo con­ti­nuo en el que, de for­ma más o me­nos re­gu­lar y com­ple­ja, se dis­tri­bu­ye el ca­lor por el pla­ne­ta.

MI­CHAEL STUDINGER / NASA

Is­la Saun­ders, en el fior­do Wols­ten­hol­me (Groen­lan­dia)

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