Dis­fru­ta ca­da mi­nu­to

La Voz de Galicia (A Coruña) - La Voz de la Escuela - - ORIENTACIÓN EDUCATIVA -

El pro­fe­sor ita­liano Ce­sa­re Ca­tà se hi­zo fa­mo­so el año pa­sa­do en las re­des so­cia­les tras ha­cer pú­bli­cos los de­be­res que pro­po­nía a sus alum­nos de se­cun­da­ria pa­ra el ve­rano. Se tra­ta de 15 ta­reas muy es­pe­cia­les que no so­lo son vá­li­das pa­ra los ado­les­cen­tes. Se­gu­ro que a los pa­dres y a las ma­dres nos sen­ta­rían muy bien ca­da una de es­tas pro­pues­tas pa­ra em­pe­zar el pró­xi­mo cur­so con ga­nas e ilu­sio­nes re­no­va­das. Son es­tas:

1 Por la ma­ña­na, de vez en cuan­do, ve a ca­mi­nar por la ori­lla del mar en to­tal so­le­dad. Fí­ja­te en có­mo se re­fle­ja el sol, pien­sa en las co­sas que más amas de la vi­da y sién­te­te fe­liz.

2 Tra­ta de uti­li­zar to­das las nue­vas pa­la­bras que has apren­di­do es­te año. Cuan­tas más co­sas pue­das de­cir más co­sas po­drás pen­sar y cuan­tas más co­sas pue­das pen­sar más li­bre te sen­ti­rás.

3 Lee tan­to co­mo pue­das. Pe­ro no por­que de­bas. Lee por­que el ve­rano ins­pi­ra aven­tu­ras y sue­ños, y le­yen­do te sen­ti­rás co­mo una go­lon­dri­na en pleno vue­lo. Lee por­que es la me­jor for­ma de

re­bel­día que exis­te.

4 Evi­ta to­das las co­sas, si­tua­cio­nes y per­so­nas que te ge­ne­ren ne­ga­ti­vi­dad o va­cío. Bus­ca si­tua­cio­nes es­ti­mu­lan­tes y la com­pa­ñía de ami­gos que te en­ri­quez­can, te com­pren­dan y te apre­cien por lo que eres.

5 Si te sien­tes tris­te o asus­ta­do, no te preo­cu­pes; el ve­rano, co­mo to­das las co­sas ma­ra­vi­llo­sas, agi­ta el al­ma. Prue­ba a es­cri­bir un dia­rio pa­ra re­fle­jar tus sen­ti­mien­tos.

6 Bai­la. Sin ver­güen­za. En la ca­lle de­ba­jo de ca­sa o en tu ha­bi­ta­ción. El ve­rano es un bai­le y se­ría ab­sur­do no par­ti­ci­par.

7 Al me­nos una vez, ve a ver la sa­li­da del sol. Qué­da­te en si­len­cio y res­pi­ra. Cie­rra los ojos agra­de­ci­do.

8 Haz mu­cho de­por­te.

9 Si en­cuen­tras a una per­so­na que te en­can­ta, dí­se­lo con to­da la sin­ce­ri­dad y la gra­cia que pue­das. No im­por­ta si lo en­tien­de o no. Si no lo ha­ce, no era la per­so­na ade­cua­da; si lo ha­ce, el ve­rano os ofre­ce­rá una opor­tu­ni­dad de oro pa­ra ca­mi­nar jun­tos. (Si sa­le mal, re­gre­sa al pun­to 8.)

10 Re­vi­sa los apun­tes de las cla­ses, haz­te pre­gun­tas y re­la­cio­na ca­da au­tor y ca­da con­cep­to con lo que te su­ce­de.

11 Sé ale­gre co­mo el sol e in­do­ma­ble co­mo el mar.

12 No di­gas pa­la­bro­tas, sé siem­pre edu­ca­dí­si­mo y ama­ble.

13 Ve pe­lí­cu­las con diá­lo­gos con­mo­ve­do­res, pre­fe­ri­ble­men­te en in­glés, pa­ra me­jo­rar tus ha­bi­li­da­des lin­güís­ti­cas y tu ca­pa­ci­dad de so­ñar. No de­jes que la pe­lí­cu­la se ter­mi­ne en los créditos, re­ví­ve­la en tu ve­rano.

14 A ple­na luz del día o en las noches cá­li­das, sue­ña có­mo pue­de y de­be ser tu vi­da. Bus­ca en el ve­rano la fuer­za pa­ra no re­nun­ciar nun­ca y haz to­do lo que pue­das pa­ra per­se­guir ese sue­ño.

15 Sé bueno.

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