El Mu­seo Dio­ce­sano no pien­sa en los ju­bi­la­dos

La Voz de Galicia (Monforte) - Monforte local - - PROVINCIA - Jo­sé Ma­ría Lu­gil­de

Te­nía ga­nas de vi­si­tar­lo, des­pués de su re­mo­de­la­ción. Pues años ha, es­cri­bí un ar­tícu­lo de opinión en La Voz de Ga­li­cia. Era el 9 de abril del 2008, y re­cuer­do que pa­gué la en­tra­da a 1,50 eu­ros. Se­gún me in­for­ma­ron en aque­llas fe­chas, se es­pe­ra­ba una can­ti­dad de di­ne­ro pa­ra su re­mo­de­la­ción de 200.000 eu­ros en me­jo­rar, acon­di­cio­nar su es­té­ti­ca mu­seís­ti­ca, pues en aquel en­ton­ces te­nía más pa­re­ci­do a un al­ma­cén que a un mu­seo. Sus pie­zas es­ta­ban ex­pues­tas de una for­ma in­ter­ac­ti­va. ¡Los vi­si­tan­tes las to­ca­ban! Su­pon­go que no to­dos, es­to hoy es in­con­ce­bi­ble, el ar­te es sa­gra­do. Ne­ce­si­ta­ba un ai­re nue­vo y re­no­va­dor, acor­de con los tiem­pos pre­sen­tes y del fu­tu­ro tam­bién.

Es­ta opinión es muy per­so­nal, y no ha­bla­rá de gran­des lien­zos allí ex­pues­tos, y fi­gu­ras es­cul­tó­ri­cas po­li­cro­ma­das, or­fe­bre­ría cin­ce­la­da pri­mo­ro­sa­men­te, re­ta­blos, pe­tos de áni­mas, pie­zas de ar­queo­lo­gía muy an­ti­guas, etc, etc. Es­te co­men­ta­rio no es más que un re­la­to de un ciu­da­dano, y su­pon­go que mu­chos pen­sa­rán lo mis­mo, que ado­ra­mos los mu­seos te­nien­do la suer­te de te­ner el ri­quí­si­mo pa­tri­mo­nio que te­ne­mos pa­ra po­der dis­fru­tar­lo. Pe­ro, ac­ce­der a de­ter­mi­na­dos mu­seos es ca­ro y da mar­cha atrás pa­ra vi­si­tar­lo; y más los re­li­gio­sos que los pro­fa­nos, y no cua­dra bien si el Es­ta­do o la Xun­ta in­yec­ta di­ne­ro pa­ra las obras y otros me­nes­te­res. ¡Qué ese di­ne­ro es de to­dos!

Bueno, el ca­so es que cin­co eu­ros es ca­ro pa­ra mu­cha, mu­cha gen­te. ¡Y no di­go que no lo val­ga!, pe­ro en­tre co­mer e ir al mu­seo... creo que no hay du­da. Co­lec­ti­vos co­mo los ju­bi­la­dos y que nos gus­tan es­tas his­to­rias... Pues mu­chos no po­drán ir a vi­si­tar­lo de­bi­do a una pen­sión que no lle­gar pa­ra el mes. Y quie­ro des­de aquí rom­per una lan­za en fa­vor de es­te co­lec­ti­vo en el cual me en­cuen­tro. El que más y el que me­nos ha tra­ba­ja­do lo su­yo. Las ge­ne­ra­cio­nes de los años 40 y 50, los que te­nían fa­mi­lia aco­mo­da­da es­tu­dia­ban, al­gu­nos ha­bía que ha­cer­lo a ma­che­ta, pues es­te país des­pués de la gue­rra pa­só lo su­yo, otros emi­gra­mos y así fui­mos le­van­tan­do es­ta tie­rra pe­ro tra­ba­jan­do mu­cho, mu­cho.

Bien, sin en­trar en más de­ta­lles, nos hi­ci­mos vie­jos pa­ra que otros tu­vie­ran la vi­da más fá­cil, y es­to por­qué lo di­go, pues por­que ca­si nos nie­gan el pan y la sal a las per­so­nas ma­yo­res (no es un país pa­ra vie­jos). Y si la gen­te no acu­de a ver esas ma­ra­vi­llas, he­chas tam­bién por gen­te ge­nial, pa­ra qué que­re­mos los mu­seos si la ac­ce­si­bi­li­dad no exis­te. Y la vi­si­ta es ca­ra, se­rá me­jor in­ver­tir en co­me­do­res so­cia­les. Re­pi­to, cin­co eu­ros es mu­cho.

La ac­ce­si­bi­li­dad

Apar­te de los ca­ro, no es fá­cil as­cen­der y des­cen­der al in­te­rior del mu­seo. Es­tá he­cho pa­ra gen­te jo­ven, con vo­ca­ción de es­ca­la­dor. Pe­ro, ¿y la gen­te ma­yor?. Los que no po­drán en­trar son las per­so­nas con si­llas de rue­das y otros. Así pues, es­te mu­seo no cum­ple bien es­ta nor­ma de ac­ce­si­bi­li­dad. Se­gu­ro que si fue­ra un mu­seo pri­va­do lo ce­rra­rían. El po­der es el po­der, y cier­tos co­lec­ti­vos im­por­ta­mos muy po­co, o na­da de na­da. Allá ca­da quien con su ca­da co­sa.

Des­pués de es­tas pe­que­ñas ni­ñe­rías, ten­go bien a de­cir que mu­seís­ti­ca­men­te, cha­pó. Unas vi­tri­nas de los más avan­za­do, co­lor, for­ma e ilu­mi­na­ción muy bien ma­nu­fac­tu­ra­das, las pie­zas es­tán bien co­lo­ca­das en su con­tex­to pa­ra mos­trar su gran­de­za co­mo pie­za en sí mis­mo. La lu­mí­ni­ca es­tá lo­gra­da con el fon­do os­cu­ro. Aun­que to­do se pue­de me­jo­rar. Y por com­pa­ra­ción, un an­tes y un des­pués, mar­ca la di­fe­ren­cia. Tan so­lo echo al­gu­nas pie­zas de me­nos, pe­ro con el es­pa­cio he­mos to­pa­do, y siem­pre le to­ca a al­guien ser la víc­ti­ma.

En­ho­ra­bue­na por la re­mo­de­la­ción de es­te mu­seo.

ALBERTO LÓPEZ

Ima­gen de la sa­la de­di­ca­da a pi­na­co­te­ca, con va­rias es­ca­le­ras.

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