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La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Tendencias -

RE­GLA DEL NÚ­ME­RO IM­PAR

Ja­más in­vi­tes a un nú­me­ro par de per­so­nas, por­que co­rres el ries­go de que al­guien se que­de so­lo (in­clui­da tú, aun­que ten­gas pa­re­ja) o que la di­ná­mi­ca de la fiesta no sal­ga de las pa­re­jas. Las ven­ta­jas del nú­me­ro im­par se mul­ti­pli­can en ca­so de que seas sol­te­ra: cuan­to más hom­bre y me­nos po­si­bi­li­da­des de que en­cuen­tren su me­dia na­ran­ja ha­ya, más va­ro­nes te que­da­rán en la re­ser­va si el pri­me­ro que te in­tere­sa te fa­lla. Po­der ele­gir es un don. Que la fiesta ten­ga me­nos pa­re­jas es­ta­ble­ci­das mul­ti­pli­ca­rá las po­si­bi­li­da­des de di­ver­sión.

Exis­ten va­rias re­glas de cálcu­lo que pue­den ayu­dar­te mu­chí­si­mo en la or­ga­ni­za­ción efec­ti­va de tu fiesta. Ya sea bo­da, merienda, no­che lo­ca o reunión con ami­gas, re­cuer­da: los nú­me­ros son tus ami­gos, así que pro­cu­ra te­ner­los bien pre­sen­tes.

RE­GLA DE LA PRO­GRE­SIÓN DE TRES A 11

No ol­vi­des que, en ca­so de ce­le­brar una ce­na sen­ta­dos en vez de un cóc­tel, hay un nú­me­ro mí­ni­mo y un nú­me­ro má­xi­mo de co­men­sa­les: que va del tres –si so­lo sois dos, me­jor ir a un res­tau­ran­te– al 11 (o 12 si es una ce­na to­da de pa­re­jas y na­die busca li­gar). Las ce­nas de tres son un error, me­jor des­car­tar­las o al­can­zar los cin­co, y a ser po­si­ble que al me­nos dos de las per­so­nas no se co­noz­can. Más de 12 es un lío: las con­ver­sa­cio­nes cru­za­das sue­len de­jar a to­do el mun­do frus­tra­do o in­di­fe­ren­te. Re­cuer­da que el ob­je­ti­vo de una fiesta es po­ner a gen­te en con­tac­to.

RE­GLA DE LOS CON­JUN­TOS DIS­TRI­BU­TI­VOS

Seg­men­ta tu es­pa­cio en zo­nas di­fe­ren­cia­das que per­mi­tan un mo­vi­mien­to or­ques­ta­do. Es­to se con­si­gue uti­li­zan­do to­das las par­tes via­bles de tu ca­sa, des­de la te­rra­za a al­guno de los es­pa­cios más ín­ti­mos, co­mo dor­mi­to­rios y ba­ños (que pue­des con­ver­tir en lu­ga­res de ac­ción dis­po­nien­do, por ejem­plo, di­ver­sas ve­las y arre­glos de olor, a mo­do de ex­pe­rien­cia ol­fa­ti­va). Es útil, por ejem­plo, di­vi­dir la co­mi­da y be­bi­da por zo­nas: una pa­ra los vi­nos y cer­ve­zas, otra pa­ra los cóc­te­les y co­pas; en un si­tio los en­tran­tes y más allá los pos­tres. Así ob­ten­drás flui­dos con­jun­tos hu­ma­nos por afi­ni­da­des de elec­ción.

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