Ona Car­bo­nell.

“EN EL AGUA PUE­DO ES­TAR CUA­TRO HO­RAS SIN TOCAR EL SUELO, PE­RO EN UN MU­SEO ME DUELE TO­DO”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Sumario - Por B. Na­va­zo Fo­tos: G. Ci­ve­ra

Su jor­na­da em­pie­za an­tes de las sie­te de la ma­ña­na. Tras el desa­yuno, to­ca ho­ra y me­dia de gim­na­sio, se­gui­da de cua­tro más en la pis­ci­na. Un ra­ti­to pa­ra co­mer y vuel­ta al agua has­ta las ocho de la tar­de. Así cin­co o seis días a la se­ma­na. Y has­ta sie­te si la pró­xi­ma com­pe­ti­ción es­tá cer­ca. Esa fé­rrea dis­ci­pli­na es la que per­mi­tió a Ona Car­bo­nell in­cor­po­rar el pa­sa­do ve­rano, en Mun­dial de Na­ta­ción de Ka­zán, dos me­da­llas más a su pal­ma­rés per­so­nal que su­ma ya 40 de oro, 26 de pla­ta y 24 de bron­ce. Pe­ro ca­da uno de esos mo­men­tos de glo­ria for­man ya par­te del pa­sa­do y la men­te y el es­fuer­zo de la ca­pi­ta­na del equi­po es­pa­ñol de na­ta­ción sin­cro­ni­za­da se cen­tran aho­ra en los Jue­gos Olím­pi­cos de Río de Ja­nei­ro que se ce­le­bra­rán el pró­xi­mo ve­rano. El cen­tro de al­to ren­di­mien­to don­de en­tre­na es un bún­quer. El ac­ce­so a la pren­sa no es­tá per­mi­ti­do e im­pe­ra la ley del top se­cret. “Es­ta­mos ha­cien­do unas co­reo­gra­fías muy chu­las. Hay sor­pre­sas

A sus 25 años, ha apren­di­do to­das las lec­cio­nes que en­se­ña el de­por­te: la dis­ci­pli­na y el es­fuer­zo; a per­der y, so­bre to­do, a ga­nar. Y co­mien­za el año con la men­te en el ob­je­ti­vo más al­to: el oro en los Jue­gos de Río.

im­por­tan­tes que to­da­vía no se pue­den de­cir, pe­ro te­ne­mos ga­nas de en­se­ñar­las y em­pe­zar a com­pe­tir”, ase­gu­ra Ona. Hoy tie­ne la tar­de li­bre y lle­ga a la se­sión de fo­tos pa­ra pre­sen­tar la co­lec­ción Ni­ke Tech Pack con el as­pec­to de una ado­les­cen­te que se ha es­ca­pa­do del ins­ti­tu­to: ale­gre, des­preo­cu­pa­da, son­rien­te y pe­co­sa. Po­co a po­co, a me­di­da que la tar­de avan­za, el can­san­cio se de­ja no­tar. Aun­que Ona, es­tu­dian­te de di­se­ño y apa­sio­na­da de la moda, se di­vier­te po­san­do, no pue­de evi­tar al­gún bos­te­zo edu­ca­da­men­te ca­mu­fla­do. Al fin y al ca­bo, el sol se po­ne ya en el puer­to de Barcelona y ma­ña­na el des­per­ta­dor so­na­rá a la mis­ma ho­ra.

Mu­jer­hoy. ¿La su­ya es una bue­na vi­da? Ona Car­bo­nell.

Sí, sí, cla­ro. ¡Có­mo voy a que­jar­me! Ha­go lo que me ha­ce fe­liz y, aun­que a ve­ces es du­ro, tie­ne su re­com­pen­sa. Ade­más, to­do es­te es­fuer­zo no po­dría se­guir ha­cién­do­lo en otra eta­pa de mi vi­da, así que ten­go que apro­ve­char es­te mo­men­to.

¿Qué es lo que peor lle­va de su du­ra ru­ti­na?

¡El frío! Es­toy siem­pre que­ján­do­me pa­ra que ca­lien­ten el agua, pe­ro no me ha­cen mu­cho ca­so. No es que es­té fría pa­ra al­guien que pa­sa den­tro me­dia ho­ra, pe­ro yo es­toy cua­tro o cin­co ho­ras se­gui­das sin sa­lir. Soy muy frio­le­ra y ese es, sin du­da, mi ma­yor hán­di­cap. Y, sin em­bar­go, pa­re­cía pre­des­ti­na­da a pa­sar la vi­da en el agua, por­que Ona sig­ni­fi­ca ola… En ca­ta­lán, sí. Y, ade­más, en vas­co sig­ni­fi­ca bue­na. Siem­pre me lo di­cen por­que pa­re­ce al­go pre­mo­ni­to­rio, pe­ro ob­via­men­te mis pa­dres no lo eli­gie­ron por eso.

¿Tie­nen ellos que ver con es­te mun­do acuá­ti­co?

Na­da en ab­so­lu­to. Los dos son mé­di­cos. Mi pa­dre, ade­más, ejer­ci­cio ha­ce ce­ro. A mi ma­dre, sin em­bar­go, siem­pre le ha gus­ta­do, fue gim­nas­ta y des­pués ju­gó al rugby, pe­ro no a ni­vel pro­fe­sio­nal.

¿Có­mo lle­gó us­ted en­ton­ces a la sin­cro­ni­za­da?

Em­pe­cé con la gim­na­sia rít­mi­ca, co­mo ella. Pe­ro, por al­gu­na ra­zón, me en­can­ta­ba el agua. Siem­pre he­mos ve­ra­nea­do en Me­nor­ca y mis pa­dres de­cían que yo era más pez que per­so­na, por­que me pa­sa­ba más tiem­po ba­ñán­do­me que fue­ra. No re­cuer­do có­mo des­cu­brí que exis­tía la na­ta­ción sin­cro­ni­za­da, por­que en­ton­ces no era un de­por­te po­pu­lar, pe­ro de al­gu­na ma­ne­ra lo en­con­tré y su­pe que ese era mi lu­gar, por­que com­bi­na­ba per­fec­ta­men­te to­das mis pa­sio­nes: la dan­za, el ar­te y el agua.

¿Hay una Ona den­tro de la pis­ci­na y otra fue­ra?

Hay una so­la, pe­ro sí aflo­ran as­pec­tos di­fe­ren­tes de mi per­so­na­li­dad. Den­tro soy

más ac­ti­va, mues­tro más ca­rác­ter y fuer­za. Fue­ra soy muy tran­qui­la y ne­ce­si­to re­ser­var­me un tiem­po de re­fle­xión pa­ra es­tar so­la y en cal­ma.

¿Qué man­da en su dis­ci­pli­na, el ce­re­bro o la pa­sión?

Am­bos son ne­ce­sa­rios por­que es un de­por­te, pe­ro tam­bién un ar­te. Tie­ne una par­te crea­ti­va muy im­por­tan­te y, en ese as­pec­to, la pa­sión y la emo­ción que lo­gres trans­mi­tir son im­pres­cin­di­bles. Pe­ro la men­te es el 80% en to­dos los de­por­tes y, des­de lue­go, en el mío, don­de la pre­sión es muy gran­de por­que nos lo ju­ga­mos to­do en tres mi­nu­tos. Y ade­más hay que ser ca­paz de so­por­tar el tra­ba­jo con­ti­nua­do del día a día, que es muy sa­cri­fi­ca­do.

¿Có­mo man­tie­ne us­ted esa for­ta­le­za men­tal?

Tra­ba­jo con un coach que me ayu­da a va­lo­rar las co­sas en su jus­ta me­di­da, por­que a ve­ces hay re­tos o di­fi­cul­ta­des que pa­re­cen inal­can­za­bles de lo que en reali­dad son. En­treno 10 ho­ras al día y, ade­más, es­toy a pun­to de aca­bar es­te año mi ca­rre­ra de di­se­ño, atien­do a los me­dios y los com­pro­mi­sos pu­bli­ci­ta­rios… Son mu­chas co­sas pa­ra el día a día, así que el coach me ayu­da a or­de­nar mi men­te, or­ga­ni­zar prio­ri­da­des, a man­te­ner el con­trol. Y tam­bién a re­fle­xio­nar, a to­mar con­cien­cia de las co­sas y va­lo­rar­las.

“La pa­sión y la emo­ción son im­por­tan­tes, pe­ro la men­te es el 80% de es­te de­por­te”.

Su fí­si­co y sus mo­vi­mien­tos de­no­tan fra­gi­li­dad y de­li­ca­de­za, pe­ro de fuer­za fí­si­ca tam­po­co an­da­rá mal…

¡Pues de­pen­de! Den­tro de una pis­ci­na pue­do es­tar cua­tro ho­ras, o más, sin tocar la pa­red ni po­ner un pie en el suelo, pe­ro cuan­do sal­go de mi ele­men­to me can­so en­se­gui­da. Si voy a al­gún mu­seo, por ejem­plo, no pue­do es­tar más de una ho­ra por­que me duele to­do y ne­ce­si­to sen­tar­me. Son tan­tos años en el agua que ya se ha con­ver­ti­do ca­si en mi ele­men­to na­tu­ral. El agua es mi mun­do, ahí es don­de me sien­to bien.

Con los Jue­gos Olím­pi­cos a la vuel­ta del ca­len­da­rio, sea­mos ho­nes­tos, ¿lo im­por­tan­te es par­ti­ci­par?

¡Yo lo que quie­ro es ga­nar! Si no, no es­ta­ría don­de es­toy. Creo que to­dos los de­por­tis­tas de éli­te so­mos muy com­pe­ti­ti­vos y va­mos siem­pre a por el oro. Si me pre­gun­tas cuá­les son mis ex­pec­ta­ti­vas, siem­pre son las mis­mas: ir a por to­do. Lue­go hay mu­chos fac­to­res que no con­tro­la uno mis­mo, pe­ro hay que sa­lir dis­pues­to a dar lo má­xi­mo de ti.

¿Qué es eso que lla­ma­mos de­por­tis­ta de éli­te?

Es una per­so­na muy com­pe­ti­ti­va, muy dis­ci­pli­na­da, muy sa­cri­fi­ca­da, que siem­pre as­pi­ra a los ma­yo­res lo­gros. Un de­por­tis­ta de al­to ni­vel tie­ne que te­ner una ca­be­za muy bien amue­bla­da y afán de su­pera­ción. El ta­len­to por sí so­lo no es su­fi­cien­te.

En una en­tre­vis­ta, le pre­gun­ta­ron a An­na Ta­rrés, an­ti­gua se­lec­cio­na­do­ra de sin­cro­ni­za­da, si Es­pa­ña lo­gra­rá el oro en Río. Su res­pues­ta fue ta­jan­te: “No”. ¿Qué opi­na?

Ca­da uno tie­ne su opi­nión. La mía es que siem­pre hay que ir a por el oro pa­ra es­tar en el me­da­lle­ro. Es­to lo he­mos ex­pe­ri­men­ta­do siem­pre y es­ta vez no se­rá di­fe­ren­te.

¿El ob­je­ti­vo pa­ra Río es el oro, en­ton­ces?

Lo he di­cho an­tes: el ob­je­ti­vo es ir a al 100%, por­que hay mu­chos fac­to­res que uno no pue­de con­tro­lar.

¿La am­bi­ción es un pro­ble­ma?

Al re­vés. La am­bi­ción es ne­ce­sa­ria, im­pres­cin­di­ble. Pe­ro, ade­más, es que la de­por­ti­va es sa­na, sig­ni­fi­ca que­rer siem­pre más. Yo ga­né dos me­da­llas en el Mun­dial. Tu­ve mi mo­men­to de glo­ria y dis­fru­té bre­ve­men­te de él, pe­ro al día si­guien­te ya te­nía que pen­sar en el si­guien­te ob­je­ti­vo. En el de­por­te no hay pau­sa, ni pa­ra ti ni pa­ra tus ri­va­les. Ga­nas una y pien­sas en la si­guien­te.

¿Y có­mo se to­ma las de­rro­tas?

Si no se sa­be per­der, no se sa­be ga­nar. Es cier­to que per­der no le agra­da a na­die, tam­po­co a mí, pe­ro for­ma par­te de la vi­da y de los va­lo­res que im­pli­ca el de­por­te. En reali­dad, es im­pres­cin­di­ble ha- ber per­di­do al­gu­na vez pa­ra sa­ber lo que es y apren­der.

¿Qué va­lo­res son esos?

Dis­ci­pli­na, es­fuer­zo, tra­ba­jo en equi­po, com­pa­ñe­ris­mo... Son esen­cia­les en la com­pe­ti­ción y en la vi­da en ge­ne­ral. A mí el de­por­te me lo ha da­do to­do.

¿Y fue­ra de las pis­ci­nas, cuál es su ob­je­ti­vo?

No lo sé, no pien­so en eso. Una de las claves del éxi­to es cen­trar­se en el pre­sen­te, no afe­rrar­se al pa­sa­do ni dis­traer­se con el fu­tu­ro.

“A na­die le gus­ta, pe­ro pa­ra sa­ber ga­nar es im­pres­cin­di­ble ha­ber per­di­do”.

Tie­ne us­ted 25 años y es to­da una ve­te­ra­na. ¿Cuál es la edad de re­ti­ra­da en su dis­ci­pli­na?

Pues mi­ra, Gem­ma [Men­gual] tie­ne 38 y vol­ve­rá a com­pe­tir en los Jue­gos Olím­pi­cos, así que no hay una ma­ne­ra ni una edad de­ter­mi­na­da pa­ra de­jar­lo.

¿Se ve, co­mo ella, ha­cien­do un al­to pa­ra ser ma­dre y for­mar una familia y des­pués vol­ver?

No lo sé. Es que no quie­ro mi­rar al fu­tu­ro. Aho­ra es­toy en mi me­jor es­ta­do de for­ma, si­go ma­du­ran­do y pro­gre­san­do mu­chí­si­mo de­por­ti­va­men­te. Es un gran mo­men­to.

¿En al­gu­na oca­sión ha sen­ti­do ga­nas de ti­rar la toa­lla y de lle­var una vi­da nor­mal?

Va­rias ve­ces, sí. Hay mo­men­tos muy, muy du­ros, mu­cho can­san­cio, de­cep­cio­nes… Pe­ro, al fi­nal, la ba­lan­za siem­pre se ha in­cli­na­do ha­cia el la­do de se­guir ade­lan­te. Ade­más, sin los mo­men­tos de su­fri­mien­to y de sa­cri­fi­cio tam­po­co se­rían po­si­bles los otros, los de fe­li­ci­dad y éxi­to, co­mo ga­nar una me­da­lla olím­pi­ca. Hay que co­no­cer un la­do pa­ra lo­grar el otro y sa­ber­lo apre­ciar.

El pa­sa­do ve­rano par­ti­ci­pó en un cam­pus con ni­ñas que em­pie­zan en la sin­cro­ni­za­da. ¿Có­mo ha si­do la ex­pe­rien­cia?

¡Mag­ní­fi­ca! He apren­di­do mu­cho vien­do la ilu­sión, la pa­sión y las ga­nas que tie­nen de prac­ti­car es­te de­por­te. Me ha­ce sen­tir or­gu­llo­sa pen­sar que en al­go he po­di­do con­tri­buir.

¿Se sien­te un ejem­plo pa­ra ellas?

Cuan­do eres un per­so­na­je pú­bli­co te sien­tes res­pon­sa­ble en to­dos los sen­ti­dos, e in­ten­tas ser un mo­de­lo pa­ra to­da esa gen­te que te ad­mi­ra y que te con­si­de­ra co­mo un ído­lo. Yo in­ten­to ser un buen ejem­plo y ha­cer las co­sas bien.

Pa­re­ce una mu­jer con los pies en la tie­rra. ¿Qué le preo­cu­pa?

Pues las mis­mas co­sas que a cual­quier otra per­so­na. No vi­vo en una bur­bu­ja. Ten­go una hi­po­te­ca que pa­gar y mis ami­gos, mi familia y to­dos los que es­tán a mi al­re­de­dor son gen­te tra­ba­ja­do­ra. Mi her­mano, por ejem­plo, es­tá a pun­to de ter­mi­nar un doc­to­ra­do, tra­ba­ja mu­chí­si­mo y co­bra po­co. Es­toy con los pies en el suelo y preo­cu­pa­da por los mis­mos pro­ble­mas que el res­to de la so­cie­dad. Soy una per­so­na nor­mal.

Y co­mo tal, dis­fru­ta de…

Soy aman­te del equi­li­brio, así que me gus­ta por igual que­dar­me en ca­sa y pa­sar un día tran­qui­lo que sa­lir, ir al ci­ne o a mu­seos. Me en­can­ta via­jar y co­no­cer mun­do, pe­ro cuan­do via­jo de­ma­sia­do tam­bién ten­go ga­nas de vol­ver a ca­sa. Me gus­ta pa­sear tran­qui­la­men­te, ir de tien­das…

Y el fla­men­co. Sé que es ad­mi­ra­do­ra de Estrella Mo­ren­te.

Sí, me en­can­ta el bai­le y su mú­si­ca. De he­cho es­tu­ve a pun­to de ha­cer uno de mis ejer­ci­cios con una ver­sión su­ya de Vol­ver. Ade­más es muy sim­pá­ti­ca. Coin­ci­dí con ella en unos premios y se acer­có a mí y me di­jo: “Mi se­gun­do ape­lli­do es Car­bo­nell. A lo me­jor so­mos pri­mas”. Y me di­jo que era muy fan de la sin­cro­ni­za­da.

Tam­bién se ha co­dea­do con es­tre­llas del ni­vel de Ni­co­le Kid­man. ¿Có­mo fue el en­cuen­tro?

Es una de mis ac­tri­ces fa­vo­ri­tas. Me pa­re­ció muy in­te­li­gen­te. Me di­jo que le gus­ta­ba mu­cho el de­por­te y la na­ta­ción en par­ti­cu­lar y co­mo a mí me en­can­tan el ci­ne y la moda, sí en­con­tra­mos al­gu­nos pun­tos en co­mún. ¡Pe­ro de ahí a co­dear­nos…!

Y ya que ha­bla­mos de fa­ma… ¡Me­nu­da se lió con aquel “su­pues­to” ro­man­ce con Ga­sol! ¿Có­mo se to­ma es­tas co­sas?

El mis­mo pe­rió­di­co de­por­ti­vo que dio esa in­for­ma­ción lo des­min­tió y no hay na­da más que ha­blar. Soy cons­cien­te de que soy un per­so­na­je pú­bli­co y de que co­sas co­mo es­tas pue­den pa­sar. So­mos bue­nos ami­gos, lo ad­mi­ro mu­cho co­mo de­por­tis­ta y no hay na­da más.

“No vi­vo en una bur­bu­ja: ten­go una hi­po­te­ca y me ro­dea gen­te tra­ba­ja­do­ra”.

Ona lle­va su­da­de­ra Tech­pack Ni­ke, mi­ni­fal­da de U by Adolfo Do­mín­guez, za­pa­ti­llas Air­max Snea­ker Boots de Ni­ke y re­loj Ome­ga.

Cha­que­ta de pelo, de Es­pi­rit, so­bre un top de Ni­ke y pan­ta­lón de Ami­tié pa­ra El Cor­te In­glés.

Par­ka Tech Pack de Ni­ke y ves­ti­do de Man­go.

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