Los pe­ca­dos tien­den a sa­lir; te que­man por den­tro

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Protagonista -

La es­cri­to­ra co­lom­bia­na se aden­tra en los cla­ros­cu­ros del mal en su nue­vo li­bro de re­la­tos, Pe­ca­do. Nos reuni­mos con ella fren­te al cua­dro que los ins­pi­ra, El jar­dín de las de­li­cias, pa­ra ha­blar de mo­ral, vio­len­cia y fe­mi­nis­mo. Por Rosa Gil / Fo­tos: Álex Ri­ve­ra aunque su­pues­ta­men­te par­ta de un ca­non cris­tiano y ejem­pla­ri­zan­te (¿te has fi­ja­do en ese in­fierno que pa­re­ce una dis­co­te­ca...?). Me preo­cu­pa­ba la re­la­ti­vi­dad, có­mo se ha lle­ga­do a un mo­men­to en el que es di­fí­cil tra­zar la ra­ya en­tre el bien y el mal. Y eso tie­ne mu­cho que ver con una éti­ca re­li­gio­sa que se co­lap­sa, sin que ten­ga­mos una éti­ca cí­vi­ca que la re­em­pla­ce.

Y ese re­la­ti­vis­mo mo­ral, ¿es al­go ne­ga­ti­vo o po­si­ti­vo?

Yo no va­lo­ro par­ti­cu­lar­men­te la mo­ral tra­di­cio­nal, la veo tan rí­gi­da que te­nía que rom­per­se. Creo que por­tar­se bien por una pro­me­sa en el más allá es una idea aje­na al hom­bre ac­tual y que eso se quie­bre lo sien­to como una evo­lu­ción ne­ce­sa­ria. Me preo­cu­pa, sí, que no se cons­tru­ya otra éti­ca. En Pe­ca­do que­ría sa­car a la luz la dig­ni­dad con­na­tu­ral al ser hu­mano, que, cuan­do se refunde el ma­pa del bien y del mal, per­mi­te na­ve­gar por aguas tur­bias. El có­di­go co­lec­ti­vo se pierde, pe­ro la dig­ni­dad sir­ve de brú­ju­la.

¿ Es­tán los re­la­tos ba­sa­dos en he­chos reales?

Sí, que­ría un ni­vel de in­ti­mi­dad en ese pa­so por el mal que exi­gía ha­ber ha­bla­do con al­guien que lo hu­bie­ra vi­vi­do. Olor a ro­sas in­vi­si­bles, una his­to­ria de adul­te­rio, me la con­tó un se­ñor du­ran­te una de­mo­ra en un ae­ro­puer­to. Es un mo­men­to muy pro­pi­cio pa­ra con­tar, y los pe­ca­dos, como los se­cre­tos, tien­den a sa­lir, por­que te que­man por den­tro. Son re­la­tos atro­ces, pe­ro yo soy una con­ven­ci­da de que hay una bon­dad sus­tan­cial en el ser hu­mano, y me in­tere­sa­ba ver có­mo, en el pa­so más pro­fun­do por el mal, hay un des­te­llo de ingenuidad, de ale­gría, de li­vian­dad. Ca­da pe­ca­do vie­ne con su re­mor­di­mien­to, pe­ro tam­bién con su ali­vio.

Sus li­bros se mue­ven en­tre la fic­ción y el pe­rio­dis­mo. ¿Por qué? Por el pla­cer que me pro­por­cio­na mo­ver­me en zo­nas in­ter­me­dias. Un ami­go poeta me di­jo que yo ha­cía pe­rio­dis­mo de los sue­ños. Y es que una in­ves­ti­ga­ción pe­rio­dís­ti­ca, por ex­haus­ti­va que la ha­gas, siem-

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.