Mu­je­res en pri­me­ra lí­nea.

Eu­fro­si­na Cruz Men­do­za.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Sumario -

Na­cí dos ve­ces, una en 1979 y otra cuan­do me di cuen­ta de que te­nía de­re­chos, cuan­do me con­ver­tí en una mu­jer leí­da”, de­cía Eu­fro­si­na el 27 de abril en Ciu­dad de Mé­xi­co, en el Fo­ro de la Mu­jer. Pa­ra ello, tu­vo que ga­nar pa­ra sí mis­ma y pa­ra otras el de­re­cho a vo­tar y a ser vo­ta­da en una tie­rra donde la ley in­dí­ge­na so­lo re­co­no­cía es­te de­re­cho a los hom­bres. Cuan­do en 2007 se pre­sen­tó a las elec­cio­nes mu­ni­ci­pa­les y fue ele­gi­da al­cal­de­sa de su pue­blo, la Asam­blea Mu­ni­ci­pal, in­te­gra­da úni­ca­men­te por hom­bres, de­cla­ró nu­los sus vo­tos por ser mu­jer. Allí em­pe­zó una mar­cha de pro­tes­ta des­de su al­dea en las mon­ta­ñas de Oa­xa­ca has­ta la ca­pi­tal, pa­ra re­cla­mar que se mo­di­fi­ca­ran las “le­yes de usos y cos­tum­bres” y se re­co­no­cie­ra la igual­dad de de­re­chos. Por eso la com­pa­ran con las su­fra­gis­tas que re­cla­ma­ban ha­ce un siglo el vo­to pa­ra las mu­je­res. “Me con­ver­tí en la lo­ca de mi pue­blo”, cuen­ta. “Cre­cí en un en­torno en el que las mu­je­res son in­vi­si­bi­li­za­das, ni si­quie­ra sa­ben lo que son de­re­chos hu­ma­nos. Mi ma­má tu­vo 10 hi­jos y tres se le mu­rie­ron por la pobreza. Mi pa­pá ca­só a mi her­ma­na a los 12 años, a los 13 ya era ma­má y a los 31 te­nía nue­ve hi­jos”. Sus pa­dres no sa­ben leer ni es­cri­bir, y no ha­blan cas­te­llano. Ella lo apren­dió con 12 años, cuan­do se fue a Oa­xa­ca pa­ra es- tu­diar y tra­ba­jar de con­ta­ble. En la edu­ca­ción en­con­tró su fuerza: “Es un ar­ma po­de­ro­sa pa­ra cam­biar la reali­dad. Hay que cam­biar el sis­te­ma edu­ca­ti­vo pa­ra lo­grar ma­yor equi­dad y evi­tar que el odio ha­cia la mu­jer se si­ga por ge­ne­ra­cio­nes... Por eso, de­ci­dí en­trar en po­lí­ti­ca”, di­ce. La líder in­dí­ge­na fue ele­gi­da en 2010 dipu­tada y pre­si­den­ta del Con­gre­so del Es­ta­do de Oa­xa­ca. Allí, donde 417 de los 570 mu­ni­ci­pios se ri­gen por la “ley de usos y cos­tum­bres”, lo­gró apro­bar la par­ti­ci­pa­ción de la mu­jer en to­dos los fo­ros, me­di­da que se ex­ten­dió al res­to del país tras re­for­mar la Cons­ti­tu­ción. Gra­cias a otra de sus ini­cia­ti­vas, Oa­xa­ca fue el pri­mer es­ta­do me­xi­cano en prohi­bir los ma­tri­mo­nios for­za­dos de me­no­res, me­di­da que se in­cor­po­ró al Có­di­go Pe­nal. Y es un re­fe­ren­te con­tra la vio­len­cia de gé­ne­ro en un país donde no de­ja de cre­cer. “No­so­tras mis­mas he­mos acep­ta­do mucha vio­len­cia que se vol­vió cos­tum­bre –di­jo en el Fo­ro de Mu­je­res–. Ne­ce­si­ta­mos una re­vo­lu­ción de las con­cien­cias”. PEPA RO­MA

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