HANNAH Hor­vath, el amar­go fu­tu­ro de los mi­lle­nials

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Qué Hay De Nuevo - JOR­GE CARRIÓN* *Jor­ge Carrión es autor de Te­les­ha­kes­pea­re (Erra­ta Na­tu­rae).

Las en­dor­fi­nas no fun­cio­nan con­mi­go”

Que­ri­da Hannah. Ten­go dos no­ti­cias pa­ra dar­te: una bue­na y la otra ma­la. ¿Cuál quie­res es­cu­char pri­me­ro? ¿La ma­la? Pues la ma­la es que no tienes nin­gún fu­tu­ro co­mo es­cri­to­ra. Al­guien te lo te­nía que de­cir. Des­pués de que tus pa­dres te de­ja­ran de man­te­ner, huis­te de la redacción de GQ, huis­te del pos­gra­do de es­cri­tu­ra crea­ti­va de Io­wa, huis­te del e-book que su­pues­ta­men­te es­ta­bas es­cri­bien­do y al fi­nal de es­ta tem­po­ra­da tienes la opor­tu­ni­dad de re­di­mir­te con un dis­cur­so so­bre la amis­tad, an­te un pú­bli­co cau­ti­vo, y lo que re­ci­tas es una redacción de Pri­ma­ria so­bre ex­no­vios y ami­gui­tas. Tu ta­len­to no es­tá en las ma­nos ni en la ca­be­za, Hannah, sino en tus pier­nas. Han te­ni­do en Girls un gran pro­ta­go­nis­mo: el pi­lo­to co­mien­za con ellas y ya nun­ca nos aban­do­nan. Esas pier­nas en pri­mer plano for­man par­te de un cuer­po, el tu­yo, ro­tun­do y ta­tua­do, que mues­tras per­ma­nen­te­men­te, em­bu­ti­do en un bi­qui­ni in­ve­ro­sí­mil o con­trac­tu­ra­do en una pos­tu­ra acro­bá­ti­ca que no sa­bía­mos que fue­ra po­si­ble. Lle­gan a su má­xi­ma ex­pre­sión cuan­do te mar­cas un re­ma­ke del cru­ce de pier­nas de la Sto­ne en Ins­tin­to bá­si­co y le mues­tras tu ori­gen del mun­do al di­rec­tor del co­le­gio don­de tra­ba­jas (per­dón, tra­ba­ja­bas, tam­bién de ahí has aca­ba­do por huir). Pe­ro aho­ra vie­ne la bue­na no­ti­cia, Hannah: gra­cias a tu vo­ca­ción frus­tra­da y a tus pier­nas su­per­la­ti­vas tu crea­do­ra, Lena Dun­ham, es­tá es­cri­bien­do una de las grandes sá­ti­ras de nues­tro tiem­po. Una sá­ti­ra con­tra Nue­va York, con­tra sus ami­gas, con­tra sus pri­vi­le­gios, con­tra sí mis­ma. Tu ta­len­to no es­tá en tu bo­ca o en tu ca­be­za por­que el te­cla­do con que es­cri­be Dun­ham es tu cuer­po. Lo in­creí­ble es que ella mis­ma te in­ter­pre­ta, que son el mis­mo tu cuer­po y su cuer­po, que crea fic­ción y au­to­rre­tra­to con su gra­sa y su pe­lo. Sig­ni­fi­ca lle­var la tra­di­ción de Woody Allen o de Louis C. K. al ám­bi­to del sel­fie, del post­fe­mi­nis­mo, en el contexto del de­sen­can­to de los jó­ve­nes nor­te­ame­ri­ca­nos (tus ami­gos y tú) que ya no creéis en nin­gún sue­ño. Esa apues­ta a to­do o na­da es de un ries­go al­tí­si­mo, que Dun­ham ha asu­mi­do gra­cias a ti, Hannah Hor­vath, a tus po­si­bi­li­da­des co­mo ins­tru­men­to de di­sec­ción y co­mo arie­te. Esa apues­ta o sa­cri­fi­cio ex­tre­mo o idea bri­llan­te y sui­ci­da so­lo pue­de eje­cu­tar­la un ge­nio.

Lena Dun­ham in­ter­pre­ta a Hannah Hor­vath en Girls.

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