Ta­len­to en es­ta­do pu­ro

Ce­ci­lia Frei­re, Ruth Díaz y Be­lén Cues­ta, tres AC­TRI­CES en bus­ca del per­so­na­je de su vi­da

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Portada -

en ple­na tem­po­ra­da al­ta de co­coo­ning (en el so­fá, con el man­do a dis­tan­cia a mano), los es­pa­ño­les con­su­mi­mos fic­ción a es­puer­tas. Es lo que aca­pa­ra nues­tra aten­ción, di­cen los es­tu­dios, so­lo con el per­mi­so de cier­tos par­ti­dos de fút­bol. Nues­tros há­bi­tos de con­su­mo, des­me­nu­za­dos por Net­flix, de­la­tan que de­vo­ra­mos ca­pí­tu­los de se­ries al rit­mo de una tem­po­ra­da por se­ma­na. Sa­lir al ci­ne, sin em­bar­go, nos cues­ta, y va­mos me­nos que ha­ce una dé­ca­da. Di­cen los da­tos del CIS que ca­si un 50% de per­so­nas no pisa una sa­la ja­más y que, del res­to, la ma­yo­ría va muy de tar­de en tar­de y po­co más del 10% acu­de una vez al mes. Y, ca­da vez más, pa­ra ver pe­lí­cu­las es­pa­ño­las. La más ta­qui­lle­ra de 2016 ha si­do Un mons­truo vie­ne a ver­me, y otras cua­tro han su­pe­ra­do tam­bién el mi­llón de espectadores: Cien años de per­dón, Cuer­po de éli­te, Ki­ki, el amor se ha­ce y Vi­lla­vi­cio­sa de al la­do. Así las co­sas, las fron­te­ras en­tre el ci­ne y la te­le­vi­sión se des­di­bu­jan, los me­jo­res di­rec­to­res se pa­san a la pan­ta­lla pe­que­ña (pre­pa­ran se­ries Da­niel Sán­chez Aré­va­lo, David True­ba, Cesc Gay y Al­ber­to Ro­drí­guez), y se pro­du­cen fe­nó­me­nos co­mo los mi­nis­té­ri­cos (o fans apa­sio­na­dos de El Mi­nis­te­rio del tiem­po, la emi­sión del fi­nal en vi­vo de Vel­vet, que cla­vó fren­te al te­le­vi­sor a ca­si cua­tro mi­llo­nes y me­dio de espectadores, y el triun­fo de pro­pues­tas co­mo Vis a Vis, que se atre­ven a dar­le un pun­ta­pié a la sem­pi­ter­na se­rie de fa­mi­lia. Mien­tras tan­to, ac­tri­ces co­mo Be­lén Cues­ta, Ruth Díaz o Ce­ci­lia Frei­re, que lo han bor­da­do en ci­ne, en te­le­vi­sión o en am­bos, pre­pa­ran sus me­jo­res ga­las pa­ra la tem­po­ra­da de pre­mios. Los Fe­roz, que se en­tre­gan el 23 de enero, re­co­no­cen por igual el ta­len­to en ci­ne y en te­le­vi­sión. Lo más pa­re­ci­do a los Glo­bo de Oro nor­te­ame­ri­ca­nos, pe­ro en ver­sión cas­ti­za.

CE­CI­LIA FREI­RE “En te­le­vi­sión, ya no jue­gas en se­gun­da di­vi­sión”

Des­de ni­ña te­nía cla­ro que se­ría ac­triz, tan­to que ni si­quie­ra te­nía un plan B. Hoy, por la ca­lle la lla­man Rita, el nom­bre de la ca­ris­má­ti­ca costurera a la que ha in­ter­pre­tan­do en Vel­vet du­ran­te los úl­ti­mos cua­tro años. Y a ella le en­can­ta. Re­cien­te­men­te ha re­ci­bi­do el Pre­mio On­das y es­tá no­mi­na­da a los pre­mios Fe­roz, en la ca­te­go­ría de me­jor ac­triz de re­par­to de una se­rie.

¿Los pre­mios y los ha­la­gos ha­cen que le tiem­blen las pier­nas?

No, al con­tra­rio, me dan se­gu­ri­dad y tran­qui­li­dad. Sig­ni­fi­ca que a lo me­jor he ido ce­rran­do cier­tas puer­tas y abrien­do cier­tas ven­ta­nas y re­sul­ta que la com­bi­na­ción ha re­sul­ta­do.

¿Al­guien le di­jo al­gu­na vez que que­rer ser ac­triz era una lo­cu­ra?

Una pro­fe­so­ra en el co­le­gio que me di­jo que eso era un sue­ño imposible, así que en es­te mo­men­to yo me acuer­do de ella y pien­so: “Una de las dos es­ta­ba equi­vo­ca­da, y no era yo” [Ri­sas].

Los Fe­roz re­co­no­cen tam­bién las me­jo­res in­ter­pre­ta­cio­nes te­le­vi­si­vas. ¿La te­le se ha li­bra­do del sam­be­ni­to de “her­ma­na pe­que­ña”? Sí. An­tes te da­ba la sen­sa­ción de ju­gar en se­gun­da di­vi­sión o de te­ner que jus­ti­fi­car­te di­cien­do: “Es lo que ten­go que ha­cer por­que no me ha sa­li­do otro pro­yec­to”. Y aho­ra ya no. Aho­ra hay unos pro­yec­tos muy só­li­dos, ca­si ci­ne­ma­to­grá­fi­cos.

¿A qué cree que se de­be ese ti­rón de las se­ries?

Es un for­ma­to muy có­mo­do, más cor­to, te en­gan­cha por­que tie­ne con­ti­nui­dad. In­ter­pre­ta­ti­va­men­te te per­mi­te ha­cer de un ser hu­mano com­ple­to, con to­das sus ra­re­zas y pe­cu­lia­ri­da­des.

En de­fi­ni­ti­va uno pue­de bor­dar una in­ter­pre­ta­ción (o no), tan­to en te­le­vi­sión co­mo en el ci­ne o el tea­tro… ¿Qué de­fi­ne al buen ac­tor? El com­pro­mi­so que tie­ne el ar­te­sano con su ofi­cio. Es­tar en cons­tan­te bús­que­da y re­no­va­ción, te­ner cu­rio­si­dad, ser hu­mil­de y cons­cien­te de que te que­da mu­chí­si­mo por apren­der…

¿Un pre­mio no es el cul­men de una ca­rre­ra?

En ab­so­lu­to. Es co­mo re­pos­tar ga­so­li­na y se­guir via­jan­do por una ca­rre­te­ra que es ili­mi­ta­da.

¿Hay vi­da des­pués de

Vel­vet? No lo sé, no lo sé, se abren mu­chos ca­mi­nos y creo sa­ber cuál es la gran obra de mi vi­da, a la que me quie­ro de­di­car el pró­xi­mo año, pe­ro pue­den pa­sar mu­chas co­sas.

¿Qué po­ne en su agen­da? ¿La gen­te por la ca­lle la lla­ma Rita?

¡Cla­ro! Pe­ro eso es muy nor­mal, es co­mo un tru­co de ma­gia por­que en reali­dad tra­ba­jo pa­ra que su­ce­da eso.

¿Le qui­ta el sue­ño no ha­ber te­ni­do aún su gran opor­tu­ni­dad en ci­ne?

Soy op­ti­mis­ta por na­tu­ra­le­za y siem­pre pien­so que el me­jor per­so­na­je es­tá por lle­gar. Pe­ro soy car­ne de es­ce­na­rios, si de aquí a que me mue­ra hi­cie­ra so­lo tea­tro, se­ría una mu­jer fe­liz.

Que ten­drá el tea­tro…

La hu­mil­dad de las pe­que­ñas au­dien­cias. Yo he lle­ga­do a ac­tuar pa­ra sie­te espectadores. Por eso ha­blo de ar­te­sa­nía, por­que hay al­go de cui­dar la ma­te­ria sen­si­ble con la que es­tás tra­ba­jan­do, la emo­ción pro­pia y la del otro.

¿Por eso creó su com­pa­ñía, La Bi­po­lar?

Sí. Y pa­ra ser in­de­pen­dien­te, por­que una no pue­de es­tar es­pe­ran­do a que sue­ne el te­lé­fono y le den el pa­pel de su vi­da. Yo el di­ne­ro que gano en la te­le lo in­vier­to en el tea­tro.

¿Cuál es su fi­lo­so­fía co­mo pro­duc­to­ra?

Ries­go, cui­dar bien a la gen­te, que sea di­ver­ti­do. Apos­ta­mos por tex­tos con­tem­po­rá­neos pa­ra apo­yar a gen­te que no sea tan co­no­ci­da. La má­xi­ma se­ría sa­lir de la zo­na de con­fort.

“Soy op­ti­mis­ta. Des­pués de Rita, en Vel­vet, pien­so que el me­jor per­so­na­je es­tá por lle­gar”

BE­LÉN CUES­TA “No me sien­to có­mi­ca, sino ac­triz. Lo soy des­de los sie­te años”

En 2016, es­ta ac­triz ma­la­gue­ña ha lo­gra­do, a ba­se de ta­len­to, na­tu­ra­li­dad e ins­tin­to, ha­cer­nos reír de to­das las ma­ne­ras po­si­bles: ha si­do una mon­ja con du­das acer­ca de su se­xua­li­dad en la obra de tea­tro La lla­ma­da; la apo­ca­da ayu­dan­te de Pa­qui­ta Sa­las, una de las web­se­ries sor­pre­sa del año; una es­pa­ño­la in­ten­tan­do so­bre­vi­vir en Ber­lín, en Bus­can­do el Nor­te; o la ami­ga li­be­ral de Pa­co León en Ki­ki, el amor se ha­ce… ¿La re­com­pen­sa? Dos no­mi­na­cio­nes: a los Fe­roz, por Pa­qui­ta Sa­las, y a los Go­ya, por Ki­ki...

¿Se to­ma las no­mi­na­cio­nes con en­tu­sias­mo o con cal­ma?

Si me tiem­blan un po­co las pier­nas es más por mi fa­mi­lia y mis ami­gos, por­que veo la ilu­sión que les ha­ce. En cuan­to a mí, la lec­tu­ra que ha­go es que el es­fuer­zo va me­re­cien­do la pe­na.

Los pre­mios por fin re­co­no­cen tam­bién el tra­ba­jo de la te­le­vi­sión...

¡Ya era ho­ra! Es­toy muy con­ten­ta por­que, ade­más, Pa­qui­ta Sa­las es una web­se­rie y es­te re­co­no­ci­mien­to pue­de dar im­pul­so a gen­te que tie­ne ideas y que no se atre­ve. Se pue­den ha­cer co­sas y que ten­gan vi­si­bi­li­dad, ese es el va­lor de que nos ha­yan no­mi­na­do.

¿Cuál di­ría que es el gan­cho de la se­rie?

Pro­ba­ble­men­te es es­to que ha­cen tan bien “los Ja­vis” [así es co­mo se co­no­ce a Javier Calvo y Javier Am­bros­si, guio­nis­tas y di­rec­to­res de la se­rie]: pa­sar de la co­me­dia al sen­ti­men­ta­lis­mo de una for­ma tan bo­ni­ta y tan rá­pi­da, y que en ca­da ca­pí­tu­lo, con lo cor­tos que son, ha­ya de to­do.

¿La te­le ha de­ja­do de ser “in­fe­rior” al ci­ne?

Nun­ca la he vis­to co­mo in­fe­rior, en una se­rie dia­ria se tra­ba­ja mu­chí­si­mo y con mu­cha pre­sión, se apren­de un mon­tón.

En cuan­to a gé­ne­ros, ¿cree que la co­me­dia y el hu­mor tie­nen el re­co­no­ci­mien­to que me­re­cen?

No, la co­me­dia es lo que me­nos se pre­mia y son los dra­mas los que se lle­van los mé­ri­tos, cuan­do ade­más to­do el mun­do re­co­no­ce que es un gé­ne­ro muy di­fí­cil, que ha­cer reír es muy com­pli­ca­do por­que es muy per­so­nal. Por eso las crí­ti­cas tam­bién son más du­ras. Pe­ro co­mo di­ce Pa­co León: me­nos pre­mios pe­ro más pú­bli­co, una co­sa por otra.

De he­cho, su úl­ti­mo tra­ba­jo en ci­ne, Vi­lla­vi­cio­sa de al la­do, ha arra­sa­do en ta­qui­lla. ¿Se con­si­de­ra us­ted una có­mi­ca?

No me sien­to có­mi­ca, ni hu­mo­ris­ta, me gus­ta ser ac­triz. Soy Be­lén, al­guien a quien le gus­ta ac­tuar des­de los sie­te años.

“Be­lén es una ac­triz su­per­do­ta­da”. ¿Sa­be quién lo ha di­cho?

Ni idea. ¿Su­per­do­ta­da? ¡Qué bar­ba­ri­dad! ¿Quién opi­na eso?

Brays Efe, el ac­tor que in­ter­pre­ta a Pa­qui­ta Sa­las. Di­ce que us­ted tie­ne “una in­tui­ción bru­tal”.

¡Qué ma­ra­vi­lla, cuán­to le quie­ro! Al­go de in­tui­ción sí ten­go, aun­que lue­go du­do mu­cho y le doy mil vuel­tas a to­dos.

¿La in­ter­pre­ta­ción se lle­va o se apren­de?

Las dos co­sas, lo lle­vas den­tro pe­ro hay que ordenar ese ta­len­to, hay que edu­car­lo, dar­le for­ma, apren­der la téc­ni­ca, pa­ra pro­bar­te e in­ten­tar sa­car más. Creer que has na­ci­do sa­bien­do es un enor­me error, en la in­ter­pre­ta­ción y en cual­quier co­sa.

“Los dra­mas se lle­van to­dos los mé­ri­tos, pe­ro ha­cer reír es más com­pli­ca­do”.

RUTH DÍAZ “Nun­ca ha es­ta­do en mi ca­be­za la idea de ren­dir­me”

Asus 41 años, en­ca­ja con emo­ción la no­mi­na­ción co­mo me­jor ac­triz de re­par­to en los Fe­roz por su pa­pel en Tar­de pa­ra la ira, el mis­mo por el que ob­tu­vo el pre­mio a la me­jor in­ter­pre­ta­ción en Ve­ne­cia y por el que es­tá no­mi­na­da a los Go­ya.

¿En­te­rar­se de las no­mi­na­cio­nes hi­zo que sal­ta­ra de ale­gría?

Cuan­do di­je­ron mi nom­bre me pu­se a llo­rar, se te vie­ne a la ca­be­za to­da la lu­cha que lle­vas. He te­ni­do una ca­rre­ra lar­ga y dis­con­ti­nua, así que es­te mo­men­to me re­sul­ta gus­to­so, pe­ro no es­toy en una nu­be. Des­pués del im­pac­to, si­gues con tu ru­ti­na.

¿Pien­sa que los pre­mios le cam­bia­rán la vi­da?

No. La gen­te di­ce que 2016 ha si­do mi me­jor año pro­fe­sio­nal y, no es por ser des­agra­de­ci­da, pe­ro sin­ce­ra­men­te es­pe­ro que no.

¿Es fá­cil de­jar­se lle­var por la va­ni­dad?

Si to­do te va bien siem­pre, pue­de que su­cum­bas a ella, pe­ro en mi ca­so, aun­que aho­ra me vi­nie­ra un alu­vión de tra­ba­jo, sé que ma­ña­na to­do pue­de cam­biar, por­que ya lo he vi­vi­do.

Pe­ro al me­nos dis­fru­ta­rá del mo­men­to, ¿no?

¡Cla­ro! Lo de Ve­ne­cia fue al­go pre­cio­so, ha­bía un pho­to­call enor­me, me ha­bía pues­to un ves­ti­da­zo, así que me me­tí en si­tua­ción y me di­je: “¡A vi­vir­lo!”. Me sien­to afor­tu­na­da, pe­ro re­pre­sen­to a un sec­tor de la pro­fe­sión, que es la ma­yo­ría, que vi­ve en una si­tua­ción pre­ca­ria. Gen­te con mu­cho ta­len­to que tie­ne muy com­pli­ca­do lle­gar a fin de mes.

¿Qué ha­cía an­tes de que es­te pa­pel la pu­sie­ra en ór­bi­ta?

Lle­va­ba años sin ape­nas tra­ba­jar y me pu­se a es­tu­diar guión. Des­cu­brí un mun­do en el que po­día crear sin de­pen­der de que so­na­ra el te­lé­fono. Por­que ya no es so­lo la ne­ce­si­dad de tra­ba­jar por di­ne­ro, sino la ne­ce­si­dad que tie­ne el ar­tis­ta de crear. Así na­ció el cor­to Por siem­pre Ja­món, con Asier Et­xean­día y Cha­ro López, que ha fun­cio­na­do co­mo un ti­ro en to­dos los fes­ti­va­les.

¿Se apren­de a no ti­rar la toa­lla?

Cuan­do Tar­de pa­ra la ira ga­nó va­rios pre­mios en el Fes­ti­val de Al­me­ría, se pu­bli­có que el pa­pel me ha­bía lle­ga­do cuan­do es­ta­ba a pun­to de ti­rar la toa­lla, pe­ro no es ver­dad. Es jus­to lo con­tra­rio: el del Fes­ti­val de Ve­ne­cia es un pre­mio a no ha­ber­la ti­ra­do, a ha­ber­me man­te­ni­do ahí a pe­sar de to­dos los ba­ches del ca­mino, de tan­tas cur­vas. Nun­ca es­tu­vo en mi ca­be­za ren­dir­me por­que cuan­do al­go es vo­ca­cio­nal, no pue­des re­nun­ciar a ello.

¿Có­mo ha vi­vi­do su en­torno esa vo­ca­ción?

Yo ten­go una hi­ja y ha ha­bi­do mo­men­tos en los que no te­nía un du­ro, en los que la fa­mi­lia y el pa­dre de la ni­ña nos han te­ni­do que ayu­dar. Mo­men­tos en los me de­cían: “Vuél­ve­te a Can­ta­bria”. Pe­ro yo de­cía que no, por­que sa­bía que eso se­ría el fi­nal. Así que, cuan­do me lla­mó Raúl Aré­va­lo, el di­rec­tor de Tar­de pa­ra la ira, me sen­tí co­mo Ce­ni­cien­ta.

¿En qué sen­ti­mien­tos le ha he­cho es­car­bar es­ta his­to­ria?

Ana es una su­per­vi­vien­te, una ma­dre co­ra­je en ple­na cri­sis exis­ten­cial, que bus­ca una se­gun­da opor­tu­ni­dad pa­ra ser fe­liz. Hay mu­chas co­sas con las que nos po­de­mos sen­tir iden­ti­fi­ca­dos.

¿Te­le­vi­sión y ci­ne es­tán por fin igua­la­das en cuan­to a ca­li­dad?

Se ha­cen gran­des tra­ba­jos pa­ra la te­le­vi­sión pe­ro ten­go pre­di­lec­ción por el ci­ne. Sien­to que hay un pro­ce­so ma­yor, aun­que la te­le­vi­sión sea un pro­yec­to que se pro­lon­ga en el tiem­po.

¿Qué vie­ne aho­ra, cuá­les son sus pro­yec­tos?

La obra De­mo­nios, de Lars No­ren, di­ri­gi­da por Ju­lián Fuen­tes Reta. Se es­tre­na el 9 de fe­bre­ro, en el tea­tro Ga­li­leo (Ma­drid). Y se­gui­ré es­cri­bien­do, que es una pro­lon­ga­ción de mi ser ac­triz.

“Los pre­mios es­tán bien, pe­ro yo re­pre­sen­to a un sec­tor de la pro­fe­sión que no lle­ga a fin de mes”.

Con looks de pe­lu­que­ría de L’oréal Pro­fes­sion­nel, Ce­ci­lia lu­ce ves­ti­do de Ana Loc­king; Be­lén, de Os­car de la Ren­ta; y Ruth, de Ma­je. Za­pa­tos de Glo­ria Or­tiz pa­ra El Cor­te In­glés y jo­yas de An­so­re­na.

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