Ana Ro­sa QUINTANA

Con­tar his­to­rias es, pa­ra ella, una for­ma de vi­da. Y esa pa­sión la ha au­pa­do al com­pe­ti­ti­vo trono de la te­le­vi­sión.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Viii Premios Mujerhoy - Por B. N.

Yo me me­tí a pe­rio­dis­ta co­mo otras se me­ten a mon­jas”, di­ce la rei­na de la te­le­vi­sión (Ma­drid, 1952) pa­ra ex­pli­car su de­vo­ción por una pro­fe­sión que en­tien­de, más que co­mo un tra­ba­jo, co­mo un es­ti­lo de vi­da. Más amiga del car­pe diem que de nos­tal­gias, no le gus­ta echar la vis­ta atrás, pe­ro un re­pa­so rá­pi­do a su ca­rre­ra arro­ja mé­ri­tos so­bra­dos: 35 años de tra­yec­to­ria, cer­ca de 30 ha­cien­do pro­gra­mas dia­rios, una re­vis­ta con nom­bre pro­pio que ha cum­pli­do tres lus­tros y una em­pre­sa, Cuar­zo pro­duc­cio­nes, de la que han sa­li­do pro­gra­mas co­mo Cuar­to Mi­le­nio, En el pun­to de mi­ra y, por su­pues­to, El pro­gra­ma de Ana Ro­sa, lí­der de au­dien­cia en su fran­ja ho­ra­ria y que aca­ba de ce­le­brar 12 años en an­te­na.

Mu­jer­hoy. Eso son mu­chos días de di­rec­to… Ana Ro­sa Quintana.

Más de 3.000 pro­gra­mas. Es ca­si un milagro que so­lo se pue­de ha­cer con mu­cha mo­ti­va­ción. No te pue­des le­van­tar ca­da día a las cin­co y me­dia, y ha­cer cua­tro ho­ras de di­rec­to si no te emo­cio­na lo que ha­ces.

¿No su­fre el clá­si­co ata­que de pe­re­za el do­min­go por la no­che?

¡Cla­ro! Pe­ro lo que me da pe­re­za no es ir a tra­ba­jar, sino ma­dru­gar. Me cues­ta no po­der sa­lir por las no­ches, al ci­ne o a ce­nar. Soy muy noc­tám­bu­la.

¿Es us­ted pe­rio­dis­ta 24 ho­ras, con­ti­nua­men­te co­nec­ta­da?

Sí. Me acues­to es­cu­chan­do las ter­tu­lias po­lí­ti­cas en la ra­dio y vien­do en el ipad los pe­rió­di­cos di­gi­ta­les. Es­toy siem­pre pen­dien- te de las no­ti­cias, in­clu­so en va­ca­cio­nes, por­que no lo veo co­mo una obli­ga­ción. Me me­tí a pe­rio­dis­ta, igual que te me­tes a mon­ja.

¿Y có­mo lo­gra no per­der la mo­ti­va­ción?

Al ser pro­duc­to­ra, tra­ba­jo con la gen­te que quie­ro y po­der ele­gir a tus com­pa­ñe­ros lo ha­ce to­do mu­cho más fá­cil. Otra co­sa fun­da­men­tal es no en­trar en la zo­na de con­fort, aco­mo­dar­te en al­go en lo que te crees que lo sa­bes to­do y eres el más lis­to. Por eso es im­por­tan­te es­tar ro­dea­do de gen­te ob­je­ti­va.

¿Los pre­mios ayu­dan? ¿Qué su­po­ne pa­ra us­ted el pre­mio Mu­jer­hoy?

¡Ya te­nía ga­nas! He si­do fi­na­lis­ta va­rias ve­ces, pe­ro nun­ca me lo da­ban, y em­pe­za­ba a pa­re­cer Leo­nar­do Dica­prio en los Os­car. Los pre­mios se agra­de­cen mu­chí­si­mo, to­dos, so­bre to­do los que son por vo­ta­ción po­pu­lar. Si es­tás ha­cien­do un tra­ba­jo que de­pen­de del pú­bli­co, son una es­pe­cie de se­ñal de que no lo es­ta­re­mos ha­cien­do tan mal.

¿Có­mo ve el pe­rio­dis­mo?

Es­tu­pen­do. Hom­bre, es­tá en un mo­men­to de cam­bio tec­no­ló­gi­co, pe­ro al fi­nal la gen­te siem­pre ne­ce­si­ta que le cuen­ten his­to­rias. Y eso so­mos los pe­rio­dis­tas: trans­mi­so­res de his­to­rias, ju­gla­res.

¿Le que­da al­go en el tin­te­ro?

OSiem­pre que­dan co­sas por ha­cer, mil co­sas. Pe­ro he si­do re­por­te­ra, pre­sen­ta­do­ra, redactora je­fe de in­for­ma­ti­vos en la ra­dio... Y ahora es­te pro­gra­ma, que es co­mo to­do eso jun­to y en di­rec­to. Lo úni­co que no me gus­ta ha­cer son pro­gra­mas gra­ba­dos. Yo so­lo tra­ba­jo en di­rec­to por­que me gus­ta la adre­na­li­na.

No pue­des ha­cer cua­tro ho­ras en di­rec­to si no te emo­cio­na

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