HE­LE­NA Rohner

Sus crea­cio­nes de jo­ye­ría son úni­cas, pe­ro su lu­cha por la fe­li­ci­dad de un hi­jo con acon­dro­pla­sia nos ha da­do una lec­ción de vi­da .

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Viii Premios Mujerhoy - Por Isa­bel Na­va­rro

Sus 20 años de ca­rre­ra co­mo crea­do­ra de jo­yas con­tem­po­rá­neas ha­brían si­do más que su­fi­cien­tes pa­ra pre­miar­la, pe­ro una en­tre­vis­ta en Mu­jer­hoy nos des­cu­brió su his­to­ria co­mo ma­dre y, a par­tir de ese mo­men­to, ella (y su hi­jo Lu­cas) se con­vir­tie­ron en un sím­bo­lo a fa­vor de la in­te­gra­ción y la vi­si­bi­li­dad de los ni­ños con acon­dro­pla­sia. Mu­jer­hoy. Ha­ce un año ha­bló por pri­me­ra vez de Lu­cas. ¿Có­mo fue el día des­pués? He­le­na Rohner. Fue una sa­li­da del ar­ma­rio ab­so­lu­ta. Muy li­be­ra­do­ra y po­si­ti­va pa­ra mí mis­ma, pe­ro tam­bién pa­ra las ma­dres que me lla­man y me pre­gun­tan por­que han te­ni­do un hi­jo con enanis­mo y se sien­ten per­di­das. Eso era lo que yo que­ría: nor­ma­li­zar y ten­der la mano a esa gen­te que se sien­te pa­ra­li­za­da y so­la.

¿En qué mo­men­to vi­tal se en­cuen­tra ahora?

Han si­do años de mu­cha in­ten­si­dad. Se­pa­rar­me, las ope­ra­cio­nes de Lu­cas, tra­ba­jar, ha­cer­lo pú­bli­co (re­vi­vir­lo) y úl­ti­ma­men­te los pre­mios... Me he da­do cuen­ta de que ahora que sa­ben lo de mi hi­jo, la gen­te me mi­ra dis­tin­to, in­clu­so mi­ran las jo­yas de otra ma­ne­ra. Ya no eres so­lo al­guien que di­se­ña, ade­más eres una per­so­na, más allá de lo que ha­ces. Y eso me ha cam­bia­do. En muy po­co tiem­po ha re­ci­bi­do la Me­da­lla de Oro del Mé­ri­to a las Be­llas Ar­tes y el pre­mio del IED a me­jor pro­yec­to de jo­ye­ría. ¿Le ha­ce ilu­sión haber si­do ele­gi­da por las lec­to­ras de Mu­jer­hoy? Me sien­to muy hon­ra­da, no so­lo por lo que sig­ni­fi­ca, sino por­que ad­mi­ro pro­fun­da­men­te a las otras pre­mia­das. Ade­más, aca­ba de pu­bli­car un li­bro que re­su­me sus 20 años de ca­rre­ra. ¿Ha cam­bia­do mu­cho? Lo más cu­rio­so es que no. He re­vi­sa­do to­do mi ar­chi­vo y me he da­do cuen­ta de que si­go siendo la mis­ma. Tal vez me he so­fis­ti­ca­do un po­co, pe­ro per­si­go los mis­mos ob­je­ti­vos.

¿De dón­de cree que na­ce su vi­sión es­té­ti­ca?

Cuan­do di­se­ñas, tra­tas de pro­yec­tar al mun­do lo que no en­cuen­tras en él. A ve­ces, creas co­sas que echas de me­nos de for­ma muy per­so­nal, co­mo una lám­pa­ra. Y lue­go mi ori­gen ca­na­rio [na­ció en Tel­de, 1968] me con­di­cio­na: las pie­dras, el mar, las ra­mas... Las co­sas sin so­bre­de­co­rar. Lo esen­cial. Pe­ro a me­di­da que vas ha­cién­do­te ma­yor, re­co­no­ces que el es­tí­mu­lo vie­ne me­nos de fue­ra y más de den­tro.

¿Y có­mo es­tá ahora Lu­cas?

Muy bien. Le han vuel­to a ope­rar, es­ta vez los bra­zos, pe­ro no tie­ne na­da que ver con la elon­ga­ción de pier­nas: le due­le mu­cho me­nos y se ha­ce a sí mis­mo las cu­ras. Le han cre­ci­do los bra­zos cua­tro cen­tí­me­tros des­de no­viem­bre y es­tá en plan Ro­bo­cop, con unos hie­rros tre­men­dos, pe­ro tie­ne tan­ta fuer­za y sen­ti­do del hu­mor que se sien­te el más co­ol del ins­ti­tu­to. [Ri­sas].

Ha­blar de Lu­cas fue co­mo sa­lir del ar­ma­rio

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