Sop­hie Aus­ter

“Quie­ro te­ner tan­to éxi­to co­mo mis pa­dres”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Protagonista -

NNo le que­dó otro re­me­dio que ser una in­te­lec­tual pre­coz. Con 16 años, Sop­hie Aus­ter em­pe­zó a ex­pe­ri­men­tar con las tra­duc­cio­nes que su pa­dre ha­bía he­cho de la obra de los poe­tas su­rrea­lis­tas fran­ce­ses. El re­sul­ta­do fue su pri­mer dis­co. Aquel ve­rano, dio su pri­me­ra gi­ra de con­cier­tos en Fran­cia du­ran­te sus va­ca­cio­nes es­co­la­res. Aun­que, en reali­dad, su carrera ar­tís­ti­ca ha­bía em­pe­za­do con 11 años, cuan­do de­bu­tó en el cine en Lu­lu on the brid­ge, una de las pe­lí­cu­las de su pa­dre. Era inevi­ta­ble… En ca­sa, sus pa­dres, los es­cri­to­res Si­ri Hust­vedt y Paul Aus­ter, siem­pre le ani­ma­ron a leer, es­cri­bir, can­tar o ac­tuar, cre­ció ro­dea­da de ar­tis­tas e in­te­lec­tua­les y ter­mi­nó es­tu­dian­do Fi­lo­so­fía e His­to­ria del Ar­te en la uni­ver­si­dad. Hoy, a pun­to de cum­plir 30 años, Sop­hie es ac­triz de pe­lí­cu­las in­dies y mo­de­lo oca­sio­nal pa­ra mar­cas de mo­da, pe­ro so­bre to­do es una can­tau­to­ra.

Mu­jer­hoy. Su nue­vo dis­co se ti­tu­la ti­me… ¿Por qué? Sop­hie Aus­ter. Por­que la idea cen­tral de es­te dis­co es que la “pró­xi­ma vez” lo ha­ré me­jor, que ha­bré apren­di­do de mis erro­res. Creo que ese es un sen­ti­mien­to que nos acom­pa­ña siem­pre. Hay re­fle­xio­nes so­bre el amor y las re­la­cio­nes que no fun­cio­na­ron...

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¿El desamor es el me­jor com­bus­ti­ble pa­ra un can­tau­tor o eso es un cli­ché?

Des­de lue­go, te pro­por­cio­na mu­chí­si­mo ma­te­rial. Si te han ro­to el co­ra­zón y lo es­tás pa­san­do mal, lo me­jor que pue­des ha­cer es dis­traer­te, tra­ba­jar. Es la úni­ca for­ma en la que sa­les ga­nan­do. De al­gu­na ma­ne­ra, si

Lo su­yo es la mú­si­ca, pe­ro tam­bién ha tra­ba­ja­do en el cine y co­mo mo­de­lo, y siem­pre se ha ne­ga­do a vi­vir a la som­bra de sus fa­mo­sí­si­mos pa­dres, los es­cri­to­res Paul Aus­ter y Si­ri Hust­vedt. Ha­bla­mos con ella, a pun­to de ini­ciar su gi­ra en nues­tro país. Por I. Díaz Lan­da­lu­ce

lo­gras con­ver­tir­lo en al­go crea­ti­vo, les das uti­li­dad a una si­tua­ción que, de otra ma­ne­ra, apes­ta. ¡Al me­nos tie­nes una can­ción! [Ri­sas].

En las pró­xi­mas se­ma­nas, da­rá al­gu­nos con­cier­tos en nues­tro país. ¿Se transforma so­bre el es­ce­na­rio? Sí, soy mu­cho más atre­vi­da. Pa­ra mí es una ex­pe­rien­cia ca­tár­ti­ca. Aho­ra, ade­más, sien­to que es­toy en mi ele­men­to, es un múscu­lo que he ejer­ci­ta­do mu­cho. Ya no me sien­to in­có­mo­da, sé exac­ta­men­te lo que es­toy ha­cien­do. Cuan­do por fin al­can­zas ese pun­to, es muy di­ver­ti­do.

¿Es­cri­bir can­cio­nes es una te­ra­pia?

Des­de lue­go, aun­que tam­bién acu­do a un te­ra­peu­ta real. Pri­me­ro, ha­go mi ca­tar­sis es­cri­bien­do y lue­go… ¡Voy a te­ra­pia! [Ri­sas].

¿Y com­par­te sus can­cio­nes con su te­ra­peu­ta?

¡Sí! Voy a ver­la hoy y le lle­va­ré al­gu­nos de mis te­mas nue­vos. Si es­tas asis­tien­do a te­ra­pia, esa per­so­na tie­ne que sa­ber en qué es­tás tra­ba­jan­do.

¿Cuál es su pro­ce­so crea­ti­vo? ¿Ti­ra de mo­men­tos de ins­pi­ra­ción o se sien­ta a es­cri­bir ca­si co­mo si fue­ra un tra­ba­jo?

Si es­toy em­pe­zan­do a tra­ba­jar en

“El es­ce­na­rio es pa­ra mí una ex­pe­rien­cia ca­tár­ti­ca”.

can­cio­nes nue­vas, soy muy es­tric­ta con­mi­go mis­ma por­que es muy fá­cil em­pe­zar te­mas y no ter­mi­nar­los nun­ca. Tie­nes un mi­llón de ideas, pe­ro si no les me­tes ho­ras, aca­bas per­dien­do el in­te­rés o atas­cán­do­te. Es fá­cil dis­traer­te por­que na­die te di­ce lo que tie­nes que ha­cer, es to­do pu­ra au­to­mo­ti­va­ción.

¿Có­mo evi­ta caer en lo cur­si de la “can­ción de amor”?

Tie­nes que bus­car el di­fí­cil equi­li­brio en­tre ser ho­nes­to y no re­sul­tar de­ma­sia­do ela­bo­ra­do. A ve­ces, las co­sas sen­ci­llas fun­cio­nan y no sa­bes por qué. Hay una can­ción pre­cio­sa de Tom Waits ti­tu­la­da I want you [Se arran­ca y can­ta el es­tri­bi­llo]. Y te pre­gun­tas, ¿por qué es una bue­na can­ción? To­do lo que di­ce es un cli­ché, pe­ro ¡fun­cio­na! Es tan tier­na que siem­pre me ha­ce llo­rar. Y esa es la di­fe­ren­cia con una can­ción cur­si.

A me­nu­do, en­cuen­tra la ins­pi­ra­ción en sus sue­ños. ¿Son muy ro­cam­bo­les­cos? Son una lo­cu­ra y no sé exac­ta­men­te por qué. Y los re­cuer­do per­fec­ta­men­te, ca­si de ma­ne­ra ci­ne­ma­to­grá­fi­ca. He te­ni­do sue­ños sal­va­jes en los que so­bre­vo­la­ba Nue­va York… Y una vez soñé que en­tra­ba en una aca­de­mia de

be­lle­za en la que cor­ta­ban par­tes de tu cuer­po y las re­em­pla­za­ban con otras. Co­sas muy, muy ex­tra­ñas…

¿Qué ti­po de ni­ña fue?

Siem­pre es­ta­ba ac­tuan­do. Mis pa­dres me ha­cían can­tar cuan­do ve­nía al­guien a ce­nar a ca­sa…

¿Y cuán­do se dio cuen­ta de que que­ría de­di­car­se a la mú­si­ca?

Cuan­do te­nía ocho años, una de mis pro­fe­so­ras me ani­mó a can­tar y em­pe­zó a dar­me so­los en el co­ro del co­le­gio. Lue­go, em­pe­cé a re­ci­bir cla­ses de mú­si­ca, pe­ro no me lo to­mé en se­rio has­ta que con 16 años gra­bé mi pri­mer dis­co.

¿Có­mo re­cuer­da aque­lla ex­pe­rien­cia?

En aquel mo­men­to, fue bas­tan­te abru­ma­dor, por­que era muy jo­ven, pe­ro me lle­vó adon­de es­toy aho­ra.

El éxi­to y la fa­ma de sus pa­dres, ¿ha si­do una ven­ta­ja pa­ra su carrera mu­si­cal? Creo que eso so­lo lla­ma la aten­ción de la pren­sa. Yo no sien­to que me ha­ya ayu­da­do en ab­so­lu­to. Cuan­do se tra­ta de con­se­guir un con­tra­to dis­co­grá­fi­co, no sir­ve de na­da. De he­cho, la ma­yo­ría de la gen­te no tie­ne ni idea de quie­nes son mis pa­dres. A ve­ces he pen­sa­do: “Se­ría muy útil si lo su­pie­ran” [Ri­sas].

Pe­ro su­pon­go que ser una Aus­ter vie­ne con una do­sis de pre­sión ex­tra… La que yo mis­ma me im­pon­go. Cuan­to ma­yor soy, más en­tien­do lo com­pli­ca­do que es ser un no­ve­lis­ta de éxi­to. Me gus­ta­ría ser igual de bue­na en mi tra­ba­jo y te­ner el mis­mo éxi­to.

¿Có­mo le ha in­flui­do co­mo ar­tis­ta cre­cer con dos es­cri­to­res?

En­ri­que­ció mi vi­da in­te­lec­tual y des­per­tó mi cu­rio­si­dad. Por eso, siem­pre sen­tí que ter­mi­na­ría ha­cien­do al­go re­la­cio­na­do con el ar­te.

¿Y có­mo son Paul Aus­ter y Si­ri Hust­vedt co­mo pa­dres? ¿Le dan mu­chos con­se­jos o le de­jan co­me­ter sus pro­pios erro­res?

Me dan mu­chos con­se­jos. Nin­gún pa­dre quie­re que sus hi­jos co­me­tan los mis­mos erro­res que ellos. Si les pue­des evi­tar el do­lor, lo in­ten­tas.

¿Son sus ma­yo­res fans o sus crí­ti­cos más fe­ro­ces?

Son mis ma­yo­res fans, pe­ro tam­bién son muy ho­nes­tos con­mi­go. No me de­jan sa­lir­me con la mía si mi tra­ba­jo no es ex­ce­len­te.

Ade­más de can­tan­te, es ac­triz. ¿Qué le pro­por­cio­na la in­ter­pre­ta­ción que no le da la mú­si­ca? Es una for­ma di­fe­ren­te de ca­tar­sis. Can­tar tus pro­pias can­cio­nes es al­go muy personal; en cam­bio, cuan­do in­ter­pre­tas tie­nes que co­nec­tar con las pa­la­bras que otra per­so­na ha es­cri­to pa­ra ti. Por eso te tie­ne que gus­tar el pro­yec­to e iden­ti­fi­car­te con él.

Tam­bién es mo­de­lo. ¿Có­mo es su re­la­ción con el uni­ver­so fas­hio­nis­ta? En el Re­na­ci­mien­to, ha­bía ar­tis­tas y me­ce­nas. Pa­ra mí, la mo­da ha si­do mi me­ce­nas. Las mar­cas han pa­tro­ci­na­do mis ví­deos, he can­ta­do en sus even­tos pri­va­dos, he he­cho cam­pa­ñas… Siem­pre me he sen­ti­do có­mo­da y nun­ca he vis­to ese la­do os­cu­ro de la mo­da, que sé que exis­te.

¿Le mo­les­ta que le lla­men it girl? An­tes esa eti­que­ta no me gus­ta­ba na­da, pe­ro me he da­do cuen­ta de que te pue­den lla­mar co­sas mu­cho peo­res.

Es us­ted una mi­llen­nial. ¿Có­mo lo­gra el equi­li­brio en­tre ser re­le­van­te en las re­des so­cia­les y no so­bre­ex­po­ner­se? En reali­dad, es fá­cil: ¡no subas fotos a Ins­ta­gram cuan­do es­tés bo­rra­cho! [Ri­sas]. Sim­ple­men­te, tie­nes que au­to­edi­tar­te. Yo tra­to de en­fo­car­lo ha­cia mis con­cier­tos. Si no fue­ra una ne­ce­si­dad, no ten­dría una cuen­ta en Ins­ta­gram. Pe­ro no lucho contra ello, si­go un po­co la co­rrien­te…

¿Dón­de se ve den­tro de 10 años?

Sim­ple­men­te, es­pe­ro ser fe­liz. Qui­zá me ha­ya ca­sa­do y ten­ga hi­jos… Y me gus­ta­ría con­ti­nuar con mi carrera mu­si­cal. Con suer­te, ten­dré un equipo que se ocu­pe de cier­tas co­sas pa­ra que yo so­lo ten­ga que de­di­car­me a es­cri­bir, to­car y ac­tuar. Eso se­ría ge­nial.

“La ma­yo­ría no sa­be ni quié­nes son mis pa­dres”.

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