DE LA FRES­SAN­GE

“A mi edad ya no ten­go ego, he per­di­do la va­ni­dad”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Moda Vip -

“Mi ca­ra cu­brió edi­fi­cios en To­kio y Nue­va York. Aho­ra ten­go otras prio­ri­da­des”.

A pun­to de cum­plir 60 años, pu­bli­ca su ter­cer libro y com­pa­gi­na su vi­da fa­mi­liar y em­pre­sa­rial con equi­li­brio. “Es­toy le­jos de sen­tir­me ma­yor”, nos con­fie­sa. Por Ger­va­sio Pé­rez / Fotos: Tho­mas Dè­ron

Siem­pre ha si­do una mu­jer ca­paz de go­zar de los pe­que­ños mo­men­tos. Ele­gan­te, es­pon­tá­nea, mun­da­na, ri­sue­ña y li­bre, Inès de la Fres­san­ge, a pun­to de cum­plir 60 años, es­tá vi­vien­do uno de los mo­men­tos más dul­ces de su vi­da. Icono del es­ti­lo fran­cés, em­pre­sa­ria y ex mo­de­lo, es hi­ja de un mar­qués co­rre­dor de Bol­sa y de una mo­de­lo de ori­gen co­lom­biano. Es­tu­dió His­to­ria del Ar­te y, mien­tras es­ta­ba en la uni­ver­si­dad, em­pe­zó a des­fi­lar. En los 80, fue la mu­sa de Karl La­ger­feld y la pri­me­ra mo­de­lo con un con­tra­to de ex­clu­si­vi­dad con una mar­ca; su unión con Cha­nel du­ró 20 años. Se ca­só en 1990 con un eje­cu­ti­vo de ferrocarril ita­liano, que fa­lle­ció re­pen­ti­na­men­te en 2006 por un ata­que al co­ra­zón. De es­te ma­tri­mo­nio tie­ne dos hi­jas: Ni­ne, de 23 años, y Vio­let­te, de 17. Pe­ro Inès vol­vió a casarse en 2009 con De­nis Oli­ven­nes –que di­ri­gió en­tre 2003 y 2008 el Gru­po FNAC–, y en 2010 des­fi­lar de nue­vo, ex­cep­cio­nal­men­te, pa­ra Cha­nel. Ade­más de su pro­pia mar­ca de ro­pa, que creó en 1992, es embajadora de Ro­ger Vi­vier, ha­ce con­sul­to­ría pa­ra Jean Paul Gaul­tier y co­la­bo­ra con Uniq­lo y Li­pault, que aho­ra co­mer­cia­li­za por pri­me­ra vez su co­lec­ción de bol­sos y ma­le­tas. Ade­más, co­mo su ac­ti­vi­dad es in­ce­san­te, en ma­yo pu­bli­ca­rá su ter­cer libro (La pa­ri­si­na, Look­book. Ed. Pen­guin Ran­dom Hou­se).

Mu­jer­hoy. ¿Qué es lo más di­fí­cil a la ho­ra de di­se­ñar una co­lec­ción pa­ra otra firma?

Inès de la Fres­san­ge. Siem­pre es di­fí­cil ha­cer co­sas bo­ni­tas que sean prác­ti­cas, di­se­ñar con es­ti­lo atem­po­ral y ha­cer­las con sen­ti­do co­mún. Ese es mi co­me­ti­do cuan­do pre­pa­ro las co­lec­cio­nes y las co­la­bo­ra­cio­nes tan­to con Uniq­lo co­mo con Li­pault.

¿Có­mo ha si­do la co­la­bo­ra­ción que aho­ra presenta con Li­pault?

He te­ni­do suer­te por­que me han da­do to­tal li­ber­tad. Así que he he­cho una co­lec­ción es­té­ti­ca y útil, que era lo que me ape­te­cía. Los ma­te­ria­les son muy li­ge­ros,

por­que hoy es fun­da­men­tal que el equi­pa­je sea li­ge­ro; las lí­neas son ele­gan­tes, tran­qui­las; y los co­lo­res, clá­si­cos. Creo que se pue­de en­con­trar be­lle­za en los ob­je­tos co­ti­dia­nos.

A ve­ces, los di­se­ña­do­res se ob­se­sio­nan por mar­car un es­ti­lo re­co­no­ci­ble y pier­den la pers­pec­ti­va de su tra­ba­jo... No es mi ca­so. Siem­pre pien­so en la co­mo­di­dad y en la fun­cio­na­li­dad de las pren­das, des­de la elec­ción de los te­ji­dos al cor­te de los pa­tro­nes... A ve­ces, los di­se­ña­do­res so­lo quie­ren lla­mar la aten­ción y te­ner re­per­cu­sión me­diá­ti­ca. Se ob­se­sio­nan con la ori­gi­na­li­dad, con el re­co­no­ci­mien­to, con el cam­bio de ten­den­cias... Yo tra­ba­jo pa­ra con­se­guir que mis pie­zas sean úti­les de ver­dad. No me im­por­ta tan­to que el es­ti­lo sea tan re­co­no­ci­ble, no lo ne­ce­si­to pa­ra ali­men­tar el ego.

¿No tie­ne ego?

No... [Ri­sas]. La ver­dad es que, con ca­si 60 años, ya no ten­go ego y no ne­ce­si­to pal­ma­di­tas en la es­pal­da... Du­ran­te mu­chos años, me he vis­to en car­te­les in­men­sos cu­brien­do edi­fi­cios en­te­ros en Nue­va York o To­kio, así que ya lo he su­pe­ra­do. He per­di­do la va­ni­dad.

Pe­ro no me di­ga que, en oca­sio­nes, no es ne­ce­sa­rio que le re­con­for­ten el ego... [Ri­sas] Yo no soy Riha­na... No, de ver­dad, ya no lo ne­ce­si­to. Qui­zá en otros mo­men­tos he ali­men­ta­do la va­ni­dad, pe­ro no aho­ra. Ten­go otras prio­ri­da­des, otras ne­ce­si­da­des y otra for­ma de ver la vi­da. Es­tar pen­san­do en el ego es una per­di­da de tiem­po, una es­tu­pi­dez. Igual que in­ten­tar des­lum­brar a los de­más si no es­tás bien con­ti­go mis­ma. Si te des­pren­des de esas co­sas, eres más fe­liz.

Se abu­rría co­mo mo­de­lo y em­pe­zó a di­se­ñar en 1992. Hoy tie­ne un equipo de 30 personas... ¿Es di­fí­cil tra­ba­jar con us­ted? [Ri­sas] ¡No, no, qué va! Créa­me que

“Mu­chos di­se­ña­do­res se ob­se­sio­nan con la ori­gi­na­li­dad. Yo quie­ro que la mo­da sea útil”.

es muy fá­cil. Y pa­go muy bien a los pro­fe­sio­na­les que tra­ba­jan con­mi­go; no sé, igual me atre­vo a de­cir que soy de las que me­jor pa­ga... En cual­quier ca­so, no es di­fí­cil tra­ba­jar con­mi­go, por­que ade­más via­jo mu­cho... [Ri­sas].

¿Se sien­te a gus­to con su edad?

Sí, ab­so­lu­ta­men­te. To­da la vi­da es una ex­pe­rien­cia, un apren­di­za­je sin fin en el que atra­ve­sa­mos di­fe­ren­tes eta­pas ma­ra­vi­llo­sas. Hay que apro­ve­char to­do lo que ca­da edad te ofre­ce, que siem­pre es al­go úni­co. Es­toy le­jos to­da­vía de sen­tir­me ma­yor.

Una de sus hi­jas, Ni­ne, es­tá si­guien­do sus pa­sos co­mo mo­de­lo. ¿Qué le pa­re­ce? No, no se de­di­ca a la mo­da. En reali­dad, las dos, Ni­ne y Vio­let­te, han co­la­bo­ra­do con al­gu­na firma, pe­ro lo han he­cho por hob­bie o por cer­ca­nía, por sa­ber có­mo era esa ex­pe­rien­cia, pe­ro no son en reali­dad mo­de­los. Es­tán es­tu­dian­do to­da­vía.

Hoy, la vi­da pro­fe­sio­nal de una mo­de­lo es más lar­ga y fruc­tí­fe­ra que cuan­do us­ted triun­fa­ba co­mo ma­ni­quí... ¿Us­ted cree? No es­toy de acuer­do. Si­gue sien­do una carrera efí­me­ra y son muy po­cas las que se man­tie­nen y tie­nen bue­nos tra­ba­jos du­ran­te mu­chos años. ¿Quién lo ha con­se­gui­do? ¿Ka­te Moss? ¿Al­guien más? Son muy po­cas las que lo lo­gran. Es­ta si­gue sien­do una pro­fe­sión frá­gil y efí­me­ra.

En 2010 es­cri­bió su pri­mer libro de con­se­jos de mo­da, Le Pa­ri­sien­ne, y aho­ra aca­ba de pu­bli­car el ter­ce­ro, que se ti­tu­la Qué me pon­go hoy. Sí, es una guía con sen­ti­do muy prác­ti­co pa­ra ayu­dar a la gen­te a ves­tir­se con fa­ci­li­dad. Les ha­bla­mos de pren­das esen­cia­les: un pan­ta­lón, una blu­sa, un jer­sey... y les de­ci­mos có­mo pue­den com­bi­nar­los con acier­to. Es un libro con bue­nos con­se­jos pa­ra po­der ves­tir­se en la vi­da real. A ve­ces le pi­den que va­lo­re, des­de el pun­to de vis­ta del es­ti­lo, a per­so­na­jes de la reale­za... ¿Qué opi­na de la rei­na Le­ti­zia? Es ma­ra­vi­llo­sa. Me gus­ta su es­ti­lo y la for­ma en la que vis­te en los ac­tos ofi­cia­les, aun­que tam­po­co pue­do se­guir to­das sus apa­ri­cio­nes.

¿Tie­ne clien­tas de la aris­to­cra­cia, se mue­ve en ese círcu­lo?

Nun­ca me he sen­ti­do muy atraí­da por las co­sas pa­la­cie­gas. No re­cuer­do muy bien sus nom­bres y no en­tien­do de cues­tio­nes pro­to­co­la­rias. En una oca­sión, me in­vi­ta­ron a una ce­na en Se­vi­lla a la que asis­tía tam­bién el rey Juan Car­los. Me sen­ta­ron a su la­do y yo es­ta­ba muy ner­vio­sa, por­que nun­ca sé de qué ha­blar en esas si­tua­cio­nes. Al aca­bar, me in­vi­tó a bai­lar dos o tres ve­ces, aun­que yo no que­ría por­que me da­ba ver­güen­za. Pe­ro en­ton­ces al­guien me di­jo: “Tie­ne que bai­lar; si no sa­le el rey, no bai­la­rá na­die” [Ri­sas].

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