Co­man­dan­te, as­tro­nau­ta, in­fa­li­ble...

PEGGY WHIT­SON

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Mujeres En Primera Línea -

Ahí arri­ba, a más de 400 ki­ló­me­tros sobre nues­tras ca­be­zas, hay una mu­jer que, ca­da 90 mi­nu­tos, or­bi­ta sobre la Tie­rra. Su nom­bre es Peggy Whit­son y ha pa­sa­do más tiem­po en el es­pa­cio que nin­gún otra as­tro­nau­ta. Tie­ne, des­de lue­go, la ca­be­za en las nu­bes, pe­ro los pies muy fir­me­men­te an­cla­dos a la tie­rra. Mien­tras via­ja a una ve­lo­ci­dad de 28.000 ki­ló­me­tros por ho­ra, cul­ti­va su pro­pia col chi­na, te­le­fo­nea a su ma­ri­do dia­ria­men­te y co­man­da una na­ve con otros tres tri­pu­lan­tes. La as­tro­nau­ta y bio­quí­mi­ca es­ta­dou­ni­den­se Peggy Whit­son es, sin du­da, una mu­jer de ré­cord: des­pués de su­pe­rar los 534 días en ór­bi­ta, no so­lo es la as­tro­nau­ta de la NASA (mu­jer u hom­bre) que más tiem­po ha pa­sa­do en el es­pa­cio, sino que es la úni­ca que ha es­ta­do en dos oca­sio­nes al man­do de la Es­ta­ción Es­pa­cial In­ter­na­cio­nal (la pri­me­ra, en 2008; la se­gun­da, en la ac­tua­li­dad), y la que más ho­ras de pa­seo ga­lác­ti­co acu­mu­la fue­ra de una na­ve (53 ho­ras y 22 mi­nu­tos). En su la­bor co­mo bio­quí­mi­ca, se en­car­ga de es­tu­diar el efec­to que tie­ne la vi­da en el es­pa­cio sobre las cé­lu­las óseas. Su cuer­po se ha acos­tum­bra­do a la fal­ta de gra­ve­dad. El vel­cro, con­fie­sa, es su ma­yor alia­do en su la­bor co­ti­dia­na, pa­ra que las he­rra­mien­tas no se que­den flo­tan­do por ahí. En su di­la­ta­da ca­rre­ra se ha en­con­tra­do, sin em­bar­go, con pro­ble­mas me­nos li­ge­ros: vi­vió de cer­ca la de­sin­te­gra­ción del tras­bor­da­dor es­pa­cial Co­lum­bia en 2003, en la que fa­lle­cie­ron sie­te de sus com­pa­ñe­ros, y ella mis­ma es­tu­vo a pun­to de per­der la vi­da en su re­gre­so a la Tie­rra a bor­do de la na­ve So­yuz en 2008, cuan­do el mó­du­lo de pro­pul­sión fa­lló una ho­ra des­pués de des­aco­plar­se y la tri­pu­la­ción se vio so­me­ti­da, en lo que se co­no­ce co­mo “en­tra­da ba­lís­ti­ca”, a una fuer­za ocho ve­ces ma­yor que la de la gra­ve­dad. Sin­tió co­mo su ros­tro se re­traía y ape­nas po­día res­pi­rar, pe­ro en aquel mo­men­to no fue real­men­te cons­cien­te del ries­go que co­rría: “Cual­quier ate­rri­za­je del que pue­des sa­lir por tus pies es un buen ate­rri­za­je”, bro­meó des­pués res­tán­do­le im­por­tan­cia al in­ci­den­te. En otra mi­sión, el pa­sa­do mes de mar­zo, du­ran­te uno de sus pa­seos ex­te­rio­res, per­dió uno de los es­cu­dos que de­bía ins­ta­lar en el mó­du­lo Tran­qui­lity, pe­ro tras va­rias ho­ras lo­gró re­co­nec­tar los ca­bles con éxi­to. Peggy Whit­son no es Sandra Bu­llock en la pe­lí­cu­la Gra­vity, pe­ro cuan­do mi­re­mos ha­cia el cie­lo la pró­xi­ma vez tal vez de­be­ría­mos pen­sar en ella. En­tre sus mu­chos ré­cords, tam­bién os­ten­ta el de ser la as­tro­nau­ta de ma­yor edad en la his­to­ria: tie­ne 57 años y aún no pien­sa en re­ti­rar­se. Al em­bar­car­se en su úl­ti­ma mi­sión, bro­meó sobre el in­te­rés que des­per­ta­ba por el me­ro he­cho de ser “vie­ja y ex­pe­ri­men­ta­da”. Ella con­si­de­ra que su tra­ba­jo se ha­ce más fá­cil con la edad y so­lo la­men­ta que tal vez no le dé tiem­po pa­ra ser tes­ti­go de la co­lo­ni­za­ción del pla­ne­ta Mar­te. Quién sa­be. NERE BASABE

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