¿Có­mo me voy a per­mi­tir el lu­jo de no ser op­ti­mis­ta y son­reír?

Ha re­gre­sa­do de pre­sen­tar Su­per­vi­vien­tes con es­pí­ri­tu zen, un bo­ni­to bron­cea­do y una me­le­na sa­na y cui­da­da, a pe­sar del in­ten­so sol tro­pi­cal. ¡Pu­ra en­vi­dia! Por Bea­triz Na­va­zo

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Belleza V.i.p - PERIODISTA Y PRE­SEN­TA­DO­RA LA­RA ÁL­VA­REZ

En su be­lle­za y en su cer­ca­nía no hay tram­pa, car­tón, ni Pho­tos­hop. Re­cién lle­ga­da de Hon­du­ras, don­de ha cul­mi­na­do su ter­ce­ra tem­po­ra­da de Su­per­vi­vien­tes, es­ta periodista y pre­sen­ta­do­ra que lle­va 13 años su­man­do éxi­tos en la te­le­vi­sión, vie­ne con el zen tan subido co­mo el mo­reno. Tie­ne gra­ba­da en la piel, li­te­ral­men­te, la fi­lo­so­fía que guía su vi­da, que es la de la sen­ci­llez, la cal­ma y el op­ti­mis­mo. Es una chi­ca con suer­te y lo sa­be, por eso no de­ja ja­más de son­reír (“No ten­go de­re­cho a po­ner ma­la ca­ra”). Ha­bla­mos con ella, a ver si se nos pe­ga al­go…

¿Qué es lo me­jor de estar tan­to tiem­po en un lu­gar tan re­mo­to?

Las is­las de Hon­du­ras son ma­ra­vi­llo­sas, he­mos pa­sa­do tres me­ses en el pa­raí­so, pe­ro he­mos tra­ba­ja­do co­mo cam­peo­nes, así que nos ha fal­ta­do tiem­po para dis­fru­tar­las. En cual­quier ca­so, es una ex­pe­rien­cia úni­ca, que tam­bién tie­ne par­tes du­ras, co­mo to­das las aven­tu­ras. Pe­ro la recompensa es muy gran­de por­que evo­lu­cio­nas per­so­nal y pro­fe­sio­nal­men­te y tam­bién pa­sas mu­cho tiem­po so­la, y eso de al­gu­na ma­ne­ra te trans­for­ma.

¿Es us­ted de las que sa­ben apre­ciar la so­le­dad?

A mí me gus­ta, por­que me cal­ma, apren­do, re­fle­xiono. A ve­ces, con el rit­mo fre­né­ti­co de es­te la­do del mun­do, pier­des un po­co la pers­pec­ti­va. Y al­go que me alu­ci­na de Hon­du­ras es que, co­mo no hay co­ber­tu­ra, vi­ves una des­in­to­xi­ca­ción tec­no­ló­gi­ca muy ne­ce­sa­ria. Estar des­co­nec­ta­do de to­do para des­cu­brir y vi­vir tu mun­do de ver­dad es ma­ra­vi­llo­so.

¿Ha te­ni­do oca­sión de co­no­cer la zo­na, de mez­clar­se con la gen­te?

Sí, mu­cho, es una de las co­sas que in­ten­to ha­cer siem­pre por­que me gus­ta apren­der de los si­tios a los que voy. Mi­ra, yo ten­go un ta­tua­je que es una pal­me­ra y una is­la, y po­ne Keep it sim­ple (haz­lo fá­cil). Y el ca­rác­ter ca­ri­be­ño es así, tran­qui­lo, con otro rit­mo. No sig­ni­fi­ca que no sean re­so­lu­ti­vos, que lo son, pe­ro sin dra­ma­ti­zar. Esa es su fi­lo­so­fía y nos vie­ne muy bien a los que ve­ni­mos de es­te mo­do de vi­da ace­le­ra­do. Allí la gen­te siem­pre te res­pon­de con una son­ri­sa, siem­pre arri­ma el hom­bro. Y apren­des que no ha­cen fal­ta gran­des co­sas para ser fe­liz.

¿Ese op­ti­mis­mo le sa­le na­tu­ral o hay que tra­ba­jar­lo?

Ten­go mu­cho ca­rác­ter, de bue­nas soy muy bue­na, pe­ro a ma­las ten­go mi ma­la le­che. Lo que pa­sa es que soy muy cons­cien­te del mo­men­to en el que es­toy, que creo que es fan­tás­ti­co: ten­go sa­lud, una fa­mi­lia que me apo­ya y a la que ado­ro, un tra­ba­jo que para mí no es tra­ba­jo, es mi pa­sión. Sue­na a tó­pi­co, pe­ro sé lo afor­tu­na­da que soy y lo va­lo­ro. Có­mo me voy a per­mi­tir el lu­jo de no ser op­ti­mis­ta ni son­reír. ¡No ten­go de­re­cho!

¿Ha des­cu­bier­to la vir­tud que más apre­cia y el de­fec­to que me­nos to­le­ra en los de­más?

Me gus­ta la gen­te va­lien­te, a la que no le asus­tan los re­tos, la que se atre­ve. Yo tra­to de ser así. Y me cau­sa re­cha­zo lo con­tra­rio, los que se rin­den an­tes de in­ten­tar­lo. Y a la gen­te men­ti­ro­sa no la so­por­to; yo soy bas­tan­te ho­nes­ta y no per­dono las men­ti­ras.

¿Es us­ted de las que es­pe­ran gran­des co­sas de la vi­da?

Las pe­que­ñas co­sas son las que ha­cen gran­de mi vi­da. He te­ni­do la suer­te de po­der dis­fru­tar co­sas ex­tra­or­di­na­rias, que ja­más ha­bría po­di­do ima­gi­nar. Pe­ro al fi­nal, pien­sas en lo im­por­tan­te y siem­pre vuel­ves a lo cer­cano.

¿Es am­bi­cio­sa?

Más que eso, soy lu­cha­do­ra. No ten­go que con­se­guir­lo to­do, sino lo que me ha­ga fe­liz. Y por eso sí me de­jo la piel. Lo que me pro­pon­go sue­lo pe­lear­lo has­ta el fi­nal, has­ta que lo con­si­go.

“Soy co­que­ta, pe­ro no ten­go pa­cien­cia. Me fas­ci­nan las mu­je­res­que­van im­pe­ca­bles”.

¿Sa­lir siem­pre en bi­ki­ni obli­ga a estar en for­ma?

Sí, sí. Al lle­gar a Su­per­vi­vien­tes fue cuan­do em­pe­cé a en­tre­nar más en se­rio. No te voy a men­tir, las mu­je­res te­ne­mos un ni­vel de exi­gen­cia al­tí­si­mo y yo que­ría ver­me bien. Em­pe­cé para ver­me me­jor fí­si­ca­men­te y aho­ra es­toy en­gan­cha­dí­si­ma, es una ne­ce­si­dad psi­co­ló­gi­ca.

¿En qué la ayu­da a ese ni­vel?

Soy una per­so­na con la men­te ac­ti­va y el de­por­te con­si­gue des­co­nec­tar­me del mun­do. Prac­ti­co boxeo y du­ran­te 50 minutos no pien­so en na­da más. Por­que ya he apren­di­do que, si no es­toy cen­tra­da, me lle­vo el pu­ñe­ta­zo.

¿Se arre­gla a dia­rio?

Sue­lo sa­lir muy na­tu­ral en el día a día, con más­ca­ra de pes­ta­ñas, co­lo­re­te y va­se­li­na, na­da más. Por la no­che, ti­ro de eye­li­ner, más­ca­ra y la­bios ro­jos.

¿Y en cuan­to al pe­lo?

A dia­rio, me gus­ta la on­da ro­ta, que me sue­lo ha­cer con la te­na­ci­lla. Ten­go suer­te por­que mi pe­lo es me­dio on­du­la­do y, a la mí­ni­ma que lo ali­so o le doy for­ma, lo co­ge bien.

¿Ha no­ta­do el ex­ce­so de sol en su me­le­na?

Sí. Des­pués de tres me­ses en Hon­du­ras, ex­pues­ta al sol y al mar, mi pe­lo ne­ce­si­ta­ba un ex­tra de hi­dra­ta­ción y aca­bo de des­cu­brir el nue­vo acon­di­cio­na­dor in­ten­si­vo de Pan­te­ne 3 Mi­nu­te Mi­ra­cle. Y sé que lo voy a se­guir uti­li­zan­do du­ran­te el res­to del año. Ade­más, soy muy cons­tan­te y no me ol­vi­do de apor­tar­le un ex­tra de hi­dra­ta­ción dos ve­ces por se­ma­na con la mas­ca­ri­lla Re­pa­ra y Pro­te­ge de Pan­te­ne.

¿Es us­ted pre­su­mi­da?

Soy co­que­ta, pe­ro tam­bién muy bá­si­ca, no ten­go mu­cha pa­cien­cia. En mi día a día, es ra­ro que me veas arre­gla­da y con ta­co­nes, y eso que me fas­ci­na ese ti­po de mu­jer que se de­di­ca tiem­po y va im­pe­ca­ble.

¿Cuál es el es­ti­lo de su fir­ma de ro­pa, Blue Palm?

Es un es­ti­lo que yo de­fino co­mo surf-ur­ban, que pre­ten­de lle­var esa sen­sa­ción de bie­nes­tar y esa fi­lo­so­fía del keep it sim­ple al as­fal­to. Siem­pre ten­go pro­ble­mas para en­con­trar pren­das có­mo­das que me fa­vo­rez­can, que sean fe­me­ni­nas. Y las de Blue Palm son pren­das bá­si­cas con un se­llo de iden­ti­dad pro­pio.

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