"El mun­do es in­se­gu­ro pa­ra las gran­des for­tu­nas. Por eso, mu­chos com­pran ar­te"

Han­nah Roths­child

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Ella & Él -

Xl­se­ma­nal. Es la pri­me­ra mu­jer al fren­te de la Na­tio­nal Ga­llery. Han­nah Roths­child. Sí. Es un gran ho­nor, al­go fan­tás­ti­co. Rom­per un te­cho de cris­tal tie­ne su pun­ti­to. XL. ¿Ser la ma­yor de los cua­tro hi­jos de Ja­cob Roths­child im­po­ne ca­rác­ter? H.R. ¡Na­da! Era muy irres­pon­sa­ble de jo­ven. Lo bueno de ser hi­ja, y no hi­jo, es que nadie es­pe­ra mu­cho de ti. To­da la aten­ción re­cae so­bre el va­rón: en ca­sa, so­bre mi her­mano. Por eso siem­pre pu­de per­mi­tir­me un mon­tón de co­sas. XL. Bien mi­ra­do, es ca­si una ven­ta­ja. H.R. To­tal­men­te, aun­que las co­sas es­tán cam­bian­do y hoy soy yo la que tra­ba­ja con mi pa­dre. Aun­que, por si aca­so, prue­bo for­tu­na es­cri­bien­do li­bros [ríe]. XL. De pe­que­ña la lle­va­ban a los museos y se abu­rría so­be­ra­na­men­te... H.R. Mu­chí­si­mo, pe­ro co­mo te­nía mu­cha ima­gi­na­ción me in­ven­ta­ba his­to­rias so­bre los cua­dros e in­ten­ta­ba que me ha­bla­sen y me con­ta­sen lo que ha­bían vis­to y vi­vi­do. Por eso, en es­ta no­ve­la, el pro­ta­go­nis­ta es un cua­dro que ha­bla. A ve­ces, la be­lle­za la ta­pa lo que el cua­dro re­ci­be: lo que de­be su­frir ca­da vez que al­guien res­pi­ra so­bre él, fu­ma o in­clu­so se ti­ra un pe­do [ríe]. Son cien­tos de años acu­mu­lan­do eflu­vios hu­ma­nos... XL. ¿En qué se pa­re­ce us­ted a la pro­ta­go­nis­ta del li­bro? H.R. En que a mí, de jo­ven, tam­bién me rom­pie­ron el co­ra­zón... y más de una vez. Cuan­do en­tré en el mun­do del ar­te, era muy in­ge­nua. Esa par­te del li­bro es real. XL. En su mun­do de ri­cos, ¿los aman­tes se re­ga­lan cua­dros mi­llo­na­rios? H.R. ¿A mí? En sueños. So­lo una vez me re­ga­la­ron un cua­dro y no fue un aman­te. Una pe­na. ¡No pier­do la es­pe­ran­za! [Ríe]. XL. En su li­bro se trai­cio­na, se ro­ba y se ma­ta por un lien­zo. ¿El mun­do del ar­te es tan co­rrup­to e in­mo­ral co­mo na­rra? H.R. No son to­dos así, ni mu­cho me­nos; pe­ro al­gu­nos no van muy de­re­chi­tos. El di­ne­ro tie­ne mu­cho que ver con es­to. XL. ¿Co­no­ce a mu­cha gen­te con pro­ble­mas de in­ver­sión? H.R. Sí, les cues­ta sa­ber dón­de po­ner el di­ne­ri­to. El mun­do es un lu­gar in­se­gu­ro pa­ra las gran­des for­tu­nas; es­ta es una de las ra­zo­nes por las que in­vier­ten en ar­te y los pre­cios su­ben. El ar­te siem­pre va tras el di­ne­ro.

Na­cí en In­gla­te­rra ha­ce 53 años. Soy hi­ja del ba­rón de Roths­child y pre­si­do el pa­tro­na­to de la Na­tio­nal Ga­llery (Lon­dres). 'La im­pro­ba­bi­li­dad del amor' (edi­to­rial Su­ma) es mi se­gun­da no­ve­la.

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