LA REENCARNACIÓN DE AL QAE­DA

Por si el te­rror del Es­ta­do Is­lá­mi­co no fue­ra su­fi­cien­te, Al Qae­da re­gre­sa de for­ma más po­de­ro­sa y há­bil. Y al fren­te es­tá aho­ra el hi­jo de Bin La­den, de­ci­di­do a re­to­mar el ate­rra­dor le­ga­do de su pa­dre.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Magazine A Fondo - POR ALI SOUFAN

Au­nos 40 ki­ló­me­tros de Ja­la­la­bad, en la fron­te­ra en­tre Af­ga­nis­tán y Pakistán, las es­tri­ba­cio­nes de la cordillera Spin Ghar en su mo­men­to al­ber­ga­ban cen­te­na­res de oli­va­res. A co­mien­zos del nue­vo milenio, sin em­bar­go, tras más de 20 años de gue­rra ca­si con­ti­nua, ape­nas que­da­ban oli­vos. Un día del oto­ño de 2001, un pa­dre se sen­tó con tres de sus hi­jos pe­que­ños a la som­bra de uno de los po­cos oli­vos que seguían en pie. El gru­po eje­cu­tó una sen­ci­lla ce­re­mo­nia de des­pe­di­da. El pa­dre en­tre­gó a ca­da uno de los tres un mis­baha, una es­pe­cie de ro­sa­rio que es sím­bo­lo de los 99 nombres de Dios en ára­be clá­si­co. El pa­dre a con­ti­nua­ción des­apa­re­ció en las mon­ta­ñas, de ca­mino a un re­fu­gio en To­ra Bora. «Nos sen­ti­mos co­mo si nos hu­bié­ra­mos arran­ca­do el hí­ga­do y lo hu­bié­ra­mos de­ja­do en la tie­rra», ob­ser­vó uno de los hi­jos en una car­ta es­cri­ta en 2009. El ni­ño que es­cri­bió di­cha mi­si­va era Ham­za bin La­den, uno de los hi­jos de Osa­ma bin La­den. Ham­za iba a pa­sar la ma­yor par­te de la si­guien­te dé­ca­da en cau­ti­vi­dad. Y echa­ba pro­fun­da­men­te de me­nos a su pa­dre. «No sa­bes cuán­tas ve­ces he an­sia­do es­tar con­ti­go –es­cri­bía Ham­za en la car­ta–. Me acuer­do de ca­da una de tus son­ri­sas, de ca­da una de las pa­la­bras que me di­jis­te, de ca­da una de tus mi­ra­das». Ham­za se con­vir­tió en un yiha­dis­ta fu­ri­bun­do, de­ter­mi­na­do a se­guir los pa­sos de su fa­mo­so pro­ge­ni­tor. Ya ha­cia el fi­nal de su vi­da, es­te co­men­zó a pre­pa­rar a su hi­jo pa­ra el li­de­raz­go. Han pa­sa­do 16 años des­de aque­lla des­pe­di­da ba­jo el oli­vo, pe­ro la as­cen­sión de Ham­za co­mo cau­di­llo yiha­dis­ta –en com­pa­ñía de al­gu­nos de los lu­gar­te­nien­tes de su pa­dre– apunta a la re­sur­gen­cia de Al Qae­da. Hoy pue­de pa­re­cer que el gru­po más fuer­te es el Es­ta­do Is­lá­mi­co. Pe­ro su po­de­río es de­cre­cien­te, por­que es­tá per­dien­do hom­bres y te­rri­to­rio en Irak y Si­ria. En­tre­tan­to, la tra­yec­to­ria se­gui­da por Ham­za sugiere que la or­ga­ni­za­ción de la que sur­gió ISIS, Al Qae­da, vuel­ve por sus fue­ros.

LOS TRES MOS­QUE­TE­ROS YIHA­DIS­TAS.

En los me­ses pos­te­rio­res al aten­ta­do de las To­rres Ge­me­las, mien­tras Es­ta­dos Uni­dos in­va­día Af­ga­nis­tán, va­rios miem­bros de la fa­mi­lia Bin La­den y fi­gu­ras pro­mi­nen­tes de Al Qae­da es­ca­pa­ron al re­duc­to chií de Irán. Un des­tino en prin­ci­pio sor­pren­den­te pa­ra ta­les ex­tre­mis­tas su­níes, cu­yos dis­cur­sos es­tán Arri­ba, Ham­za en 2005 y a su la­do un re­tra­to ro­bot de có­mo se­ría hoy, con unos 28 años. A la de­re­cha, un aten­ta­do de Al Qae­da con­tra la Em­ba­ja­da ira­ní en el Ye­men en di­ciem­bre de 2014. Era el pri­me­ro de sus ata­ques con el ob­je­ti­vo de ne­go­ciar con Irán la li­be­ra­ción de al­gu­nos de sus lí­de­res de­te­ni­dos. Lo lo­gra­ron en 2015 al cam­biar a dos diplomáticos por tres de sus ca­be­ci­llas.

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