"En Li­bia, me aho­ga­ba. No sa­bía si al día si­guien­te iba a es­tar vi­va"

Na­cí en Trí­po­li (Li­bia) ha­ce 15 años. Tras la muer­te de mi padre, mi ma­dre lo­gró traer­nos a Es­pa­ña, hu­yen­do de la gue­rra: un via­je de seis años. Es­te mes, por fin, con­se­gui­mos la re­si­den­cia.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Ella&él -

Xl­se­ma­nal. Pu­bli­ca Nour, la his­to­ria de una ni­ña re­fu­gia­da (Nu­be de tin­ta), ¿qué

cuen­tas en el li­bro? Nour Esam Zey­dan. Mi his­to­ria: el mie­do que pa­sé y có­mo con­se­gui­mos lle­gar has­ta Se­vi­lla [don­de vi­ve]. Es co­mo un dia­rio. XL. ¿Qué vis­te cuan­do eras pe­que­ña? N.E.Z. Las bom­bas ca­yen­do jun­to a mi ca­sa... Tam­bién có­mo se­cues­tra­ban a una ni­ña. Sa­lí co­rrien­do: ellos me vie­ron a mí tam­bién. XL. El mie­do, di­ces, no te de­ja­ba res­pi­rar. N.E.Z. Me aho­ga­ba, no sa­bía si al día si­guien­te iba a es­tar vi­va. No es­tá­ba­mos se­gu­ros ni den­tro de ca­sa, don­de, ade­más, se iba la luz y el agua to­do el ra­to y te­nía­mos mu­cho frío. XL. Tu padre mu­rió an­tes de na­cer tú. N.E.Z. Sí, nun­ca lo co­no­cí; pe­ro ten­go fo­tos. Siem­pre lo he echa­do de me­nos. XL. Tu ma­dre es una mu­jer muy va­lien­te. N.E.Z. Sí. Ella so­la lo­gró sa­car­nos a mi her­mano, a mis abue­los y a mí de Li­bia pa­ra bus­car­nos un fu­tu­ro. XL. Tras mu­chos pe­li­gros lle­gas­teis a

Fran­cia, pe­ro os ex­pul­sa­ron al ca­bo de un tiem­po. ¿Có­mo os recibieron en Es­pa­ña? N.E.Z. Su­per­bien. Al lle­gar, nos ayu­dó en to­do el padre Agus­tín (Ser­vi­cio Je­sui­ta de Emi­gran­tes). Nos ser­vía la co­mi­da él mis­mo y nos dio di­ne­ro has­ta que con­si­guié­ra­mos don­de vi­vir. Era la pri­me­ra vez que al­guien nos ayu­da­ba en al­go sin co­no­cer­nos. XL. ¿Qué es lo que más te cos­tó acep­tar cuan­do te con­ver­tis­te en re­fu­gia­da? N.E.Z. Al prin­ci­pio que­ría vol­ver a mi país to­do el ra­to. Allí lo de­ja­mos to­do: fa­mi­lia, ca­sa, ami­gas… Llo­ra­ba to­do el día. En Fran­cia no sa­bía fran­cés; en Es­pa­ña, es­pa­ñol… Va­lo­ro por ello mu­cho lo que ha he­cho mi ma­dre: yo no ten­go tan­ta fuer­za pa­ra cons­truir to­do de nue­vo una y otra vez. XL. Pe­ro hoy ya hablas ára­be, fran­cés y es­pa­ñol... ¿Qué quie­res ser de ma­yor? N.E.Z. Sí, tam­bién ha­blo in­glés: en Trí­po­li iba a un co­le­gio bi­lin­güe. An­tes que­ría ser mé­di­co; lue­go, abo­ga­da: nin­gún ni­ño pue­de ser 'ile­gal' ni re­fu­gia­do. Pe­ro aho­ra di­go que quie­ro ser mo­de­lo [ríe]. Me pa­so el día mi­rán­do­me al es­pe­jo y me gus­ta mu­cho la ro­pa y pin­tar­me pa­ra es­tar gua­pa, aun­que sé que es ma­lo ser pre­su­mi­da. En el fon­do, so­lo de­seo un ho­gar pro­pio y vi­vir con mi fa­mi­lia. XL. Y an­te el ata­que en Bar­ce­lo­na, ¿qué? N.E.Z. Ha si­do una te­rri­ble ac­ción con­tra gen­te inocen­te que ayu­dó y acep­tó a quie­nes lue­go hi­cie­ron eso. Por cul­pa de es­tos lo­cos, to­do el mun­do odia el is­lam y a los ára­bes. Ellos no me re­pre­sen­tan ni co­mo mu­sul­ma­na ni co­mo ára­be.

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