¿Cuál co­ges pri­me­ro?

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - SA BO RES - TEX­TO: PABLO PORTABALES

SE­LEC­CIÓN DE FRU­TOS SE­COS El ser hu­mano desa­rro­lló la ca­pa­ci­dad tác­til mu­cho an­tes de Ste­ve Jobs. Ves a cua­tro per­so­nas en una me­sa y ca­da una es­co­ge con pre­ci­sión un fru­to se­co en con­cre­to. ¿Es ge­ne­ra­cio­nal? Hay una dis­tan­cia «años luz» en­tre los de las pa­sas y los pun­ta­zos. Des­de que se ha pues­to de mo­da no sa­li­mos de es­te «cuen­co de nun­ca aca­bar».

La­so­cie­dad es­tá di­vi­di­da. Co­mo con el Ma­drid y Ba­rça en fút­bol pe­ro en ver­sión fru­tos se­cos. Hay gen­te que, a la pre­gun­ta ¿cuál co­ges pri­me­ro?, con­tes­ta sin du­dar «los ca­cahue­tes» y otros que res­pon­den «los mai­ci­tos». Yo soy más de los pri­me­ros. Nun­ca me gus­tó sentir los tro­zos de los pe­que­ños maí­ces en­tre la en­cía y la man­dí­bu­la, esa zo­na por la que tam­bién tie­nen que­ren­cia los Su­gus y el pan de mol­de. Des­pués de co­mer mai­ci­tos la si­guien­te con­su­mi­ción es un co­lu­to­rio. Y ya no di­ga­mos si es un maíz gi­gan­te, aho­ra tam­bién bas­tan­te ha­bi­tual. En los úl­ti­mos tiem­pos el cuen­co de fru­tos se­cos ha ido ga­nan­do co­lo­ri­do y va­rie­dad. Es el fin del bi­par­ti­dis­mo. In­clu­so exis­ten una es­pe­cie de gar­ban­zos que ten­go la sen­sa­ción de que nadie co­me. Son siem­pre los mis­mos, van pa­san­do de me­sa en me­sa, de clien­te a clien­te, de ge­ne­ra­ción en ge­ne­ra­ción. Sí, por­que la edad es un as­pec­to re­le­van­te. Tras un ri­gu­ro­so es­tu­dio en las te­rra­zas ga­lle­gas se llega a la con­clu­sión de que los con­su­mi­do­res de 40 pa­ra arri­ba se de­can­tan cla­ra­men­te por los mai­ci­tos o los ca­cahue­tes, pe­ro la gen­te más jo­ven apues­ta pri­me­ro por otras op­cio­nes. Ha­bas fri­tas, que son esas de for­ma más bien pla­na que sa­ben a to­do y a na­da al mis­mo tiem­po, los gar­ban­zos tos­ta­dos con sal, el maíz gi­gan­te chilly, pi­pas pe­la­das, pis­ta­chos, pa­sas, ave­lla­nas tos­ta­das, pa­sas sul­ta­nas o uno de los im­pres­cin­di­bles en un cuen­co que se pre­cie, los anacar­dos, que me­re­cen un ca­pí­tu­lo apar­te por­que es­tán en ten­den­cia.

EL ANACARDO

Con su for­ma de ri­ñón o de ga­jo pa­re­ce un ca­cahue­te que sa­lió ra­ro. An­tes ape­nas era co­no­ci­do pe­ro a par­tir de los no­ven­ta sa­lió de Ve­ne­zue­la y Bra­sil, los lu­ga­res don­de se con­su­men ha­ce dé­ca­das, pa­ra con­ver­tir­se en uno de los fru­tos se­cos más de­man­da­dos. Otros ha­bi­tan­tes de los cuen­cos son in­ge­ri­dos sin que el co­men­sal se­pa qué es­tá me­tién­do­se en el cuer­po. En ese gru­po pue­den es­tar al­gu­nos de los ya ci­ta­dos y la al­men­dra lar­gue­ta tos­ta­da o la bo­li­ta re­cu­bier­ta sa­bor bar­ba­coa. No es di­fí­cil en­con­trar­se vi­si­tan­tes que no se sa­be muy bien qué pin­tan ahí. Me re­fie­ro a los chas­kis, los pun­ta­zos, las pa­sas y las go­mi­no­las. Es­tán fue­ra de si­tio. Co­mo un cha­val en un bai­le de la ter­ce­ra edad o un abue­lo en el bo­te­llón. Las pa­sas tie­nen un pa­se por­que son un fru­to se­co téc­ni­ca­men­te ha­blan­do, pe­ro los otros ya me con­ta­rán. «Pues a mí son los que más me gus­tan», apun­ta un so­brino. Es­to del pa­la­dar, de­fi­ni­ti­va­men­te, va por eda­des.

LA SE­LEC­CIÓN NA­TU­RAL

La OMS mi­ra pa­ra otro la­do en el te­ma fru­tos se­cos. «Yo co­jo un pu­ña­do, co­mo los que me gus­tan, y los otros los de­jo en el cuen­co», di­ce una com­pa­ñe­ra co­mo si Hay per­so­nas que co­men un pu­ña­do, pe­ro la ma­yo­ría se­lec­cio­na” na­da. El ser hu­mano desa­rro­lló la ca­pa­ci­dad tác­til mu­cho an­tes de Ste­ve Jobs. Ves cua­tro per­so­nas en una me­sa y ca­da una es ca­paz con un de­do de se­lec­cio­nar con pre­ci­sión el fru­to se­co que más le ape­te­ce. «Lo me­jor es chu­par el de­do im­preg­na­do con la sal que que­da en el fon­do», ase­gu­ra sin ru­bor un ami­go. Exis­te un gru­po de ciu­da­da­nos que sim­ple­men­te me­ten la mano en el re­ci­pien­te, aprie­tan con los de­dos y se lle­van a la bo­ca to­do lo que va en­tre los de­dos-ga­rras. Son los om­ni­fru­tos­se­cos. El asun­to no es ba­la­dí y da­ría pa­ra mu­cho. In­clu­so hay pre­gun­tas que no tie­nen una fá­cil res­pues­ta. «Un ca­cahue­te flo­tan­do en el agua, ¿si­gue sien­do un fru­to se­co?», plan­tea Luis Pie­drahí­ta. Pién­se­lo mien­tras los dis­fru­tan en una te­rra­za.

FO­TO: MAR­COS MÍ­GUEZ

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