Va­ne­sa Mar­tín en lo más al­to

La artista ma­la­gue­ña es­tá en ca­pi­lla, el 24 de fe­bre­ro co­mien­za su gi­ra pa­ra pre­sen­tar «Mu­nay», su quin­to ál­bum, que ha­bla del amor con ma­yús­cu­las y reivin­di­ca el que na­die nos fre­ne. «De cual­quier emo­ción que me pe­lliz­que el es­tó­ma­go pue­de sur­gir un te­ma

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - Va­ne­sa Mar­tín CAN­TAN­TE TEX­TO: VIR­GI­NIA MA­DRID

Ase­gu­ra que es luchadora y per­se­ve­ran­te y cuan­do le di­cen que no a al­go, le en­tran más ga­nas y va a por ello. «Me plan­teo: ¿qué ha pasado pa­ra que es­to no ha­ya fun­cio­na­do? En­ton­ces, pon­go to­da la car­ne en el asa­dor y me lan­zo de ca­be­za. Pe­ro tam­po­co me pon­go me­tas inal­can­za­bles», afir­ma la artista. Va­ne­sa Mar­tín (Málaga, 1980) se sien­te fe­liz y muy agra­de­ci­da por la aco­gi­da del pú­bli­co a Mu­nay, su quin­to ál­bum. Pe­ro no se ol­vi­da de sus ini­cios. «Fue­ron años de mu­cho es­fuer­zo, de­di­ca­ción y tra­ba­jo —cuen­ta—. Re­cuer­do ha­ber sa­li­do a can­tar pa­ra seis per­so­nas en una sa­la con vein­te eu­ros y re­gre­sar a ca­sa con me­nos vein­te». Dis­cre­ta y muy ce­lo­sa de su vi­da pri­va­da, nos con­fie­sa que es muy de es­tar en ca­sa, que le apa­sio­na el mar y el con­tac­to con la na­tu­ra­le­za y que su re­fu­gio son su fa­mi­lia, sus ami­gos y sus pe­rros. Char­la­mos con la can­tan­te so­bre su nue­vo tra­ba­jo, acer­ca de có­mo y cuán­do com­po­ne y so­bre có­mo afron­ta los di­rec­tos. —En bre­ve, co­mien­zas la gi­ra pa­ra pre­sen­tar en di­rec­to «Mu­nay». ¿Có­mo afron­tas los con­cier­tos? —Con mu­cho ner­vio, pe­ro son ner­vios por la res­pon­sa­bi­li­dad de dar lo me­jor de mí ca­da no­che. El tra­ba­jo de es­tu­dio me gus­ta mu­cho, pe­ro el di­rec­to me pro­du­ce un subidón tre­men­do. Me en­tre­go al cien por cien y dis­fru­to como una enana. —Ha­ble­mos de «Mu­nay», pa­la­bra de ori­gen in­dio que sig­ni­fi­ca al­go así como amor al pró­ji­mo, a uno mis­mo y a la na­tu­ra­le­za. —Es amor en to­da su di­men­sión. Es una fi­lo­so­fía de vi­da don­de el amor es­tá por en­ci­ma de to­do. Es el amor de pa­re­ja, a la vi­da, a la fa­mi­lia, a los ami­gos… —¿Ne­ce­si­ta­bas abor­dar el amor en es­te nue­vo tra­ba­jo?

—Sí, del por­que mun­do. al Bueno,fi­nal el o amor de­be­ríaes el ser­lo. mo­tor Pe­ro del hay amor mu­chos sur­gen ti­pos tam­bién­de amor,la em­pa­tía,por­que el res­pe­to,la bon­dad.la to­le­ran­cia, la ge­ne­ro­si­dad, —¿Cuán­tohay en de es­tos­ti, de tre­ce vivencias te­mas? per­so­na­les, —Al­gu­na que pro­vo­ca­co­sa hay. que Eso se que me me aga­rre emo­cio­na, al es­tó­ma­go­con­vier­ta en pue­deu­na can­ción.que con Nun­cael tiem­po­lo sé.se —Can­tas pé­ta­loa las a emo­cio­nes­pé­ta­lo. ¿Hayy las al­gu­na­des­gra­nas emo­ciónno es­cri­bi­ría­so sen­ti­mien­to­nun­ca? so­bre el que —No. De cual­quier emo­ción que me pe­lliz­que o que me pro­vo­que al­gu­na sen­sa­ción pue­de sur­gir un te­ma. Soy muy ob­ser­va­do­ra y me en­can­ta mi­rar a los ojos y sé que la ge­ne­ro­si­dad me con­mue­ve tan­to que me pue­de, o al­guien no­ble, me des­ar­ma. —¿Cuán­do com­po­nes? ¿Qué te ins­pi­ra? —Es la ne­ce­si­dad de con­tar y de ex­pre­sar al­go lo que me em­pu­ja a es­cri­bir una can­ción. Y pue­de sur­gir­me en un ho­tel, es­pe­ran­do en un pla­tó, como me su­ce­dió con el te­ma Des­cu­brí,y has­ta en el me­tro. Sien­to al­go por den­tro que ten­go que sa­car­lo como sea y lo suelto es­cri­bien­do.

—¿Có­mo te sien­tes des­pués? —Es ca­si te­ra­péu­ti­co. Sien­to una li­be­ra­ción enor­me. Es­cri­bir me da mu­cha se­re­ni­dad. —¿En qué mo­men­to vi­tal te en­cuen­tras aho­ra? —Es­toy fe­liz, por­que he he­cho el dis­co que que­ría ha­cer. He si­do muy es­cru­pu­lo­sa y cui­da­do­sa con las can­cio­nes. Te­nía vein­ti­séis y mu­chas se que­da­ron fue­ra y eso due­le, pe­ro qui­zá re­cu­pe­re al­gu­na en el pró­xi­mo tra­ba­jo. —Tam­bién com­po­nes pa­ra otros ar­tis­tas como Pas­to­ra So­ler y aho­ra pa­ra Rap­hael. —La ver­dad es que com­pon­go pa­ra muy po­ca gen­te. Pe­ro com­po­ner un te­ma pa­ra Rap­hael ha si­do in­creí­ble y me ha he­cho mu­chí­si­ma ilu­sión. Es un ani­mal es­cé­ni­co, es muy ca­ma­leó­ni­co y se me­te en la piel de ca­da can­ción. El día que le vi can­tar mi te­ma, me que­de alu­ci­na­da. No me lo po­día creer. —«Mu­nay» ya es dis­co de pla­tino y has col­ga­do el car­tel de en­tra­das ago-

ta­das vas ena can­tar al­gu­nas en de los las pró­xi­mos ciu­da­des me­ses. don­de ¿No te da un po­co de vér­ti­go? —No, por­que no me ol­vi­do de to­do lo que he vi­vi­do has­ta lle­gar al pun­to don­de me en­cuen­tro hoy. Aho­ra, es­toy vi­vien­do un mo­men­to muy dul­ce en mi ca­rre­ra. Es­toy muy con­ten­ta y agra­de­ci­da, por­que el dis­co es­tá gus­tan­do mu­cho y la gen­te es­tá de­seo­sa de ir a los con­cier­tos y eso es al­go fan­tás­ti­co.

—¿Mi­ras de vez en cuan­do atrás? —¡Cla­ro! Mu­chí­si­mo. Creo que hoy es­toy dis­fru­tan­do tan­to de mi ca­rre­ra pre­ci­sa­men­te por­que sé lo que me ha cos­ta­do con­se­guir to­do lo que he ido lo­gran­do. Han si­do unos años de mu­cho es­fuer­zo, de­di­ca­ción y tra­ba­jo. Re­cuer­do ha­ber sa­li­do a can­tar pa­ra seis per­so­nas en una sa­la con vein­te eu­ros y re­gre­sar a ca­sa con me­nos vein­te. —Va­ya­mos a tus ini­cios. Aban­do­nas­te tu Málaga na­tal con vein­te años y te fuis­te a la ca­pi­tal en bus­ca de tus sue­ños. —Pues sí. De he­cho, el te­ma Que se en­te­re Ma­drid es un ho­me­na­je a la ciu­dad a la que lle­gué con 23 años y car­ga­da de ilu­sio­nes. Ma­drid ha si­do muy ge­ne­ro­sa con­mi­go y hoy es como mi se­gun­da ca­sa. Aquí me sien­to fe­no­me­nal.

—¿Qué re­cuer­das de aque­lla épo­ca? —So­lía ve­nir a Ma­drid pa­ra un par de días, me que­da­ba en al­gún hos­tal del cen­tro, can­ta­ba y vuel­ta a Málaga. Otro re­cuer­do im­bo­rra­ble de aque­lla eta­pa es que me plan­ta­ba en las dis­co­grá­fi­cas con mi ma­que­ta. Y cuan­do me pre­gun­ta­ban en la re­cep­ción: ¿de qué em­pre­sa vie­ne? Yo de­cía. «Soy Va­ne­sa Mar­tín y soy can­tan­te». Aho­ra pien­so: ¡pe­ro qué in­ge­nua e inocen­te era!

—¿Con qué te que­das de es­ta eta­pa?

—Con to­do lo que apren­dí y con las ga­nas y la ilu­sión que yo te­nía, que hoy si­guen in­tac­tas. —Fue­ron años di­fí­ci­les, de lla­mar a mu­chas puer­tas y re­ci­bir mu­chas ne­ga­ti­vas. ¿En al­gún mo­men­to se te pa­só por la ca­be­za ti­rar la toa­lla? —No. Mi ob­je­ti­vo cuan­do vi­ne a Ma­drid era gra­bar un dis­co, pe­ro tam­po­co te­nía pri­sa. Fue una épo­ca en la que me to­có ca­var, ca­var y ca­var y se­guir ade­lan­te. No me que­da­ba otra.

—¡Qué per­se­ve­ran­cia! —Pues sí. Cuan­do me di­cen que no a al­go, me en­tran más ga­nas y voy a por ello. Ade­más, me plan­teo: ¿qué ha pasado pa­ra que es­to no ha­ya fun­cio­na­do? En­ton­ces, pon­go to­da la car­ne en el asa­dor y me lan­zo de ca­be­za.

—¿Que­rer es po­der? —Bueno... Soy muy luchadora y per­se­ve­ran­te, pe­ro tam­po­co me pon­go me­tas inal­can­za­bles. Mi ob­je­ti­vo era ha­cer mú­si­ca y can­tar mis te­mas en tea­tros y salas, pe­ro ja­más pen­sé que lle­na­ría el Pa­la­cio de los De­por­tes de Ma­drid. —¿Có­mo es la Va­ne­sa Mar­tín anó­ni­ma, no la can­tan­te que co­no­ce­mos? —Es muy ami­ga de sus ami­gas, le en­can­ta reír­se, el ci­ne y via­jar, aun­que tam­bién es muy de es­tar en ca­sa. Le apa­sio­na el mar y el con­tac­to con la na­tu­ra­le­za. Es muy dis­fru­to­na de la vi­da. —Y cuan­do tie­nes un mal día, ¿a quién re­cu­rres? ¿Quié­nes son tus apo­yos? —Mi fa­mi­lia, mis ami­gos, mis pe­rros. Ellos son mis pi­la­res y mi re­fu­gio. —Va­ne­sa, eli­ge una fra­se de una de tus can­cio­nes pa­ra po­ner el pun­to fi­nal a es­ta en­tre­vis­ta. —El amor no se ex­pli­ca. Creo que lo di­ce to­do, ¿no?

FO­TO: JO­SÉ LUIS TABUEN

Muy

cóm­pli­ce PRI­MER SINGLE

Va­ne­sa Mar­tín ha vuel­to a atra­par­nos

con pre­gun­tas. «¿Có­mo ha­ce­mos un ovi­llo con to­do lo que sa­be­mos?»,

di­ce el sen­ci­llo «Com­pli­ci­dad» de su úl­ti­mo ál­bum. «El amor no se ex­pli­ca» es su fra­se fa­vo­ri­ta de un dis­co he­cho de emo­cio­nes que se le «aga­rran al

es­tó­ma­go».

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