¡Mi ma­dre, Sa­man­ta!

Hace unos días hi­zo unas de­cla­ra­cio­nes y las re­des so­cia­les ar­die­ron: «Te­ner hi­jos es per­der ca­li­dad de vi­da», «Yo no soy más fe­liz de lo que era an­tes». Sa­man­ta con­fie­sa hoy en YES su ver­dad so­bre la ma­ter­ni­dad y có­mo so­bre­lle­va la po­lé­mi­ca que la ha aup

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: VIR­GI­NIA MA­DRID

Le­fal­tan ho­ras en el día pa­ra dor­mir, des­can­sar y has­ta dis­fru­tar de un ri­co pla­to de co­mi­da sin te­ner que en­gu­llir­la a to­da ve­lo­ci­dad. Des­de que Sa­man­ta Vi­llar (Bar­ce­lo­na, 1975) tu­vo a sus me­lli­zos, Vio­le­ta y Da­miá, hace ya ca­si un año, vi­ve vol­ca­da en sus pe­que­ños. «Son 24 ho­ras al día pen­dien­te de si co­men, duer­men, llo­ran y jue­gan. Las pri­me­ras se­ma­nas no te­nía tiem­po ni pa­ra co­ger el te­lé­fono y mu­cho me­nos pa­ra sen­tar­me al or­de­na­dor una ho­ra a res­pon­der e-mails. ¡Qué ilu­sa de mí! No sa­bía lo que se me ve­nía en­ci­ma», ase­gu­ra. Va­lien­te, y sin pe­los en la len­gua, ha re­vo­lu­cio­na­do el te­ma de la ma­ter­ni­dad con su li­bro Ma­dre hay más

que una (Pla­ne­ta), don­de abor­da tam­bién el te­ma de la ovo­do­na­ción. «Cuan­do me sen­té a es­cri­bir el li­bro, tu­ve un con­flic­to con­mi­go mis­ma, por­que re­ve­lar mi ex­pe­rien­cia con la ovo­do­na­ción era al­go muy ín­ti­mo y muy bes­tia. Pe­ro tras ha­blar­lo con mi chi­co y él es­tar de acuer­do, de­ci­dí ti­rar ade­lan­te. Hoy me sien­to muy or­gu­llo­sa, por­que al ha­cer­lo pú­bli­co, sé que voy a ayu­dar a otras mu­je­res a que lo vi­van con na­tu­ra­li­dad y sin ta­búes».

—Me­nu­da la que has mon­ta­do con tus de­cla­ra­cio­nes so­bre la ma­ter­ni­dad.

—Pues sí. Pe­ro des­de mis re­por­ta­jes en

21 días, ya es­toy más que acos­tum­bra­da. En cuan­to al­guien di­ce al­go en la es­fe­ra pú­bli­ca que se sa­le de lo es­ta­ble­ci­do, se mon­ta. Ade­más, aho­ra con las re­des so­cia­les to­do se so­bre­di­men­sio­na.

—¿Qué te ha em­pu­ja­do a abrir la ca­ja de los true­nos? ¿Bus­ca­bas pro­vo­car por pro­vo­car?

—No, en ab­so­lu­to. Nun­ca pen­sé que se mon­ta­ría es­te re­vue­lo me­diá­ti­co. Lo que sí pre­ten­día con el li­bro era ex­po­ner el te­ma de la ovo­na­do­na­ción, que es ta­bú, y del que hay muy po­ca in­for­ma­ción. Pe­ro si­go pen­san­do que cuan­do se tie­nen hi­jos se pier­de ca­li­dad de vi­da. Es una reali­dad y la que no lo quie­ra re­co­no­cer es su pro­ble­ma.

—¿Por qué crees que se ha crea­do tan­to re­vue­lo?

— Cuan­do ha­blas de es­te te­ma con otras ma­dres a ni­vel par­ti­cu­lar, te di­cen que es du­ro, com­pli­ca­do y que con­lle­va un gran sa­cri­fi­cio a ni­vel per­so­nal y has­ta pro­fe­sio­nal. Es cier­to que in­clu­so en­tre ami­gas y con com­pa­ñe­ras no se cuen­ta to­do con pe­los y se­ña­les, me ima­gino que por­que se in­ten­ta ol­vi­dar lo mal que se pa­sa; pe­ro es que a ni­vel pú­bli­co la ma­ter­ni­dad es­tá idea­li­za­da. Nos lo ven­den co­mo si to­do fue­ra idí­li­co y no es cier­to.

—Bueno, pe­ro tam­bién hay mu­je­res que ase­gu­ran que cuan­do tu­vie­ron a sus hi­jos se sin­tie­ron ple­nas y des­cu­brie­ron la fe­li­ci­dad más ab­so­lu­ta.

—Yo des­de lue­go no. ¡Cla­ro que hay mu­je­res que ge­ne­ran su iden­ti­dad a tra­vés de la ma­ter­ni­dad y la crian­za de los hi­jos!, pe­ro tam­bién hay otras que se sien­ten ple­nas y fe­li­ces sin hi­jos y es igual de res­pe­ta­ble.

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