DE RU­TA POR LOS LO­CA­LES CON MÁS EN­CAN­TO NA­TU­RAL

Es un clá­si­co que trae el buen tiem­po. La es­ca­pa­da. Rum­bo, va­ria­ble. Des­tino, lu­gar úni­co y ri­qui­ño... no solo por lo ri­co que da de co­mer, sino por el lu­gar don­de es­tá. ¿Vis­tas a la pla­ya Lan­gos­tei­ra, mo­li­nos de cuen­to o una hi­gue­ra por sombrilla? Abre l

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: ANA ABELENDA, TA­NIA TA­BOA­DA, CÁNDIDA AN­DA­LUZ, NOE­LIA SIL­VO­SA

Sa­le el sol y es un acon­te­ci­mien­to. Nos po­ne­mos en mo­do es­ca­pa­da gas­tro­nó­mi­ca: eso de sa­lir a co­mer y, ya que es­ta­mos... y tan a gus­ti­to, pa­sar to­do el día fue­ra. Hay lu­ga­res que nos lo po­nen a hue­vo, aun­que más que con ye­ma y cla­ra nos tien­ten con un buen pes­ca­do, ma­ris­co, un arro­ci­to, unos pi­mien­tos o un co­ci­do. Arran­ca la ru­ta, que es­tas vis­tas le caen bien al es­tó­ma­go.

TI­RA DE LA FA­MI­LIA

Par­ti­mos rum­bo a Fis­te­rra. El fin del mun­do nos re­ser­va una pla­ya pa­ra­di­sía­ca ¡y más! Aguas tur­que­sa, ver­de a la vis­taaa y unas bar­qui­tas dan­do más co­lor al cua­dro. Qué zen es­tá el no­roes­te a pie de pla­ya Lan­gos­tei­ra, y es una sen­sa­ción de paz que va de la ca­be­za al cen­tro del es­tó­ma­go. A Fis­te­rra nos ti­ra mu­cho (pa­ra co­mer y pas­mar) el Ti­ra do Cor­del, en el lu­gar de San Ro­que. A los ma­yo­res por las na­va­jas, las al­me­jas o la lu­bi­na a la bra­sa que pre­pa­ran sin más secreto que «un pro­duc­to de pri­me­ra». Por­que «si el pro­duc­to es bueno, no ne­ce­si­tas más», di­ce Alba, una de las co­ci­ne­ras de es­te res­tau­ran­te que abrie­ron en el 89 sus abue­los José y Ma­ría del Car­men. Los pe­que­ños, a los que ni el me­jor bo­ga­van­te ata­ría a la me­sa, se echa­rán se­gu­ro a la are­na a ju­gar en cuan­to pue­dan. Cada uno a lo su­yo y to­dos con­ten­tos.

El res­tau­ran­te em­pe­zó co­mo un chiringuito ha­cien­do car­ne a la bra­sa, «has­ta que se die­ron cuen­ta de que el pes­ca­do se da­ba me­jor...», y triun­fa­ron en la pa­rri­lla res­pe­tan­do el sa­bor de los fru­tos del mar. Hoy Ti­ra do Cor­del es un res­tau­ran­te al que, al me­nos una vez por año, al­guien te re­co­mien­da una es­ca­pa­da. Alba, Aroa y sus padres (y un tío y la abue­la, to­do en ca­sa) atien­den es­te lo­cal que cie­rra to­dos los ene­ros y que em­pie­za a no­tar el ti­rón de la de­man­da en se­ma­na san­ta. Así que es­tá a pun­to de em­pe­zar la tem­po­ra­da fuer­te, que cre­ce al sol de los me­ses de ve­rano. «Y el año pa­sa­do lo no­ta­mos más que los an­te­rio­res. El tu­ris­mo en Fis­te­rra es­tá en au­ge y, aun­que no to­dos son pe­re­gri­nos, el Ca­mino de Santiago es­tá in­flu­yen­do mu­cho», va­lo­ra Alba.

Ti­ra do Cor­del mi­ra al fu­tu­ro, pe­ro re­mi­te al 1800, por­que es­tá en lo que fue una fá­bri­ca de sa­la­zón. La fa­mi­lia Car­bo­nell hi­zo de es­ta de San Ro­que la pri­me­ra fá­bri­ca en con­ser­vas de la ría de Cor­cu­bión. Hay al­ta cu­na.

Alba, ade­más de na­va­jas, al­me­jas y lu­bi­na a la bra­sa, nos re­co­mien­da de pos­tre la tar­ta de man­za­na. «Es ca­se­ra, re­ce­ta de mi abue­la», ad­vier­te. Y con es­te me­nú la co­sa pue­de tra­du­cir­se en unos 43 o 45 eu­ros por ca­be­za.

Pa­ra se­guir con las bue­nas vis­tas, Alba y Aroa mon­tan en ve­rano, en la misma pla­ya, al la­do del Ti­ra do Cor­del, un chiringuito, el Cal­ma Chi­cha. Y aquí nos re­co­mien­dan los mo­ji­tos y las ham­bur­gue­sas de Wag­yu.

A CO­MER Y OÍR EL RÍO

Se­gui­mos di­rec­ción Lu­go. A unos diez ki­ló­me­tros, en uno de los des­víos de la ca­rre­te­ra que lo co­mu­ni­ca con Mon­for­te de Le­mos, es­tá el Ma­zo de San­ta Com­ba, un res­tau­ran­te que fue un mo­lino de agua y nos lle­va a un en­torno na­tu­ral don­de rei­na la tran­qui­li­dad. Si quie­res oír el cau­dal mien­tras co­mes (el del río Cha­mo­so pa­ra más señas), es tu lu­gar. Pi­de, nos su­gie­ren, me­sa jun­to a la ven­ta­na. «Ve­ni­mos con fre­cuen­cia por­que es un lu­gar per­fec­to pa­ra dis­fru­tar una co­mi­da en fa­mi­lia o en­tre ami­gos», co­men­ta Manuel, un clien­te ha­bi­tual de es­te si­tio de en­can­to na­tu­ral. Ade­más del atrac­ti­vo a la vis­ta, en­tre robles y cas­ta­ños, el es­ta­ble­ci­mien­to con­ten­ta al pa­la­dar con un me­nú ri­co y va­ria­do. De es­ti­lo rús­ti­co, con va­rios co­me­do­res, me­sas de ma­de­ra y am­plia ca­pa­ci­dad, el lo­cal va de bo­ca en bo­ca por sus car­nes, aun­que no le van a la za­ga los pes­ca­dos. ¿Miú­das del Eo o po­llo de co­rral? Em­pe­ce­mos con en­tran­tes, pa­ra en­trar bien. ¿Cro­que­tas ca­se­ras, la­cón co­ci­do la­mi­na­do, pi­mien­tos, zam­bu­ri­ñas a la plan­cha, pul­po á feira? En pos­tres y vi­nos, hay va­rie­dad. Pe­ro el pla­to es­tre­lla aquí es lo na­tu­ral. Vi­si­tar el en­torno o ani­mar­se a una ru­ta de sen­de­ris­mo por los al­re­de­do­res ayu­da a ha­cer la di­ges­tión. «Al co­mer fue­ra siem­pre te ex­ce­des un po­co. Si el tiem­po lo per­mi­te, so­le­mos to­mar el ca­fé en las me­sas de fue­ra. Des­pués da­mos un pa­seo por la zo­na, sien­ta fe­no­me­nal», apun­ta Jai­me, otro asi­duo. El res­tau­ran­te abre de miér­co­les a lunes y cie­rra los mar­tes por des­can­so. Es­te lo­cal

con mi­ra­dor es una bue­na ma­ne­ra de pa­sar el día en un bos­que de cuen­to.

A ORI­LLAS DEL AR­NOIA

El Con­ce­llo de Alla­riz se ha con­ver­ti­do en los úl­ti­mos años en uno de los des­ti­nos ou­ren­sa­nos que más nú­me­ro de tu­ris­tas atrae. A la be­lle­za de la lo­ca­li­dad se unen otros as­pec­tos que per­mi­ten al vi­si­tan­te y a aque­llos que solo quieren dis­fru­tar de una jor­na­da di­fe­ren­te, per­ma­ne­cer allí du­ran­te to­do el día. Uno de los en­cla­ves en los que ade­más se pue­de co­mer es en A Fá­bri­ca de Vi­la­no­va. Se tra­ta de un pro­yec­to que na­ció ha­ce más de diez años y que tie­ne su se­de en un edi­fi­cio que era una an­ti­gua fá­bri­ca de cur­ti­dos del si­glo XVII, en las in­me­dia­cio­nes de un puen­te ro­má­ni­co so­bre el río Ar­noia, en don­de ha­ce si­glos mon­ta­ban guar­dia los ca­ba­lle­ros tem­pla­rios. El res­tau­ran­te tie­ne es­pa­cios in­te­rio­res y ex­te­rio­res, pa­ra co­mi­das ín­ti­mas y tam­bién pa­ra gran­des even­tos. Si uno elige co­mer al res­guar­do, en­ton­ces dis­fru­ta­rá de una es­truc­tu­ra re­for­ma­da que ha sa­bi­do mantener la esen­cia de lo que fue en su día el edi­fi­cio. Si se elige al­gu­na de las te­rra­zas o es­pa­cios ex­te­rio­res, la ex­pe­rien­cia cu­li­na­ria es en plena na­tu­ra­le­za.

El he­cho de con­tar con una gran área ver­de a su al­re­de­dor y es­tar en una zo­na pea­to­nal con muy po­co trán­si­to de co­ches es otro ali­cien­te pa­ra vi­si­tar­lo si, ade­más, la jor­na­da se dis­fru­ta acom­pa­ña­do de niños. La oferta de su car­ta es am­plia. Co­mi­da tra­di­cio­nal uni­da a la vanguardia a pre­cios muy va­ria­dos. In­clu­so aca­ban de po­ner en mar­cha una car­ta es­pe­cial, pa­ra to­dos los bol­si­llos, que son atrac­ti­vos no solo pa­ra un co­men­sal adul­to, sino tam­bién pa­ra los niños. Y to­das las tem­po­ra­das aña­den no­ve­da­des en un me­nú, en el que se pue­de en­con­trar desde pan he­cho con ajo y se­mi­llas de ama­po­la, una ba­guet­te de oré­gano y to­ma­te o un pul­po con ha­bas. Al en­con­trar­se jun­to al río y en me­dio del cas­co his­tó­ri­co de la lo­ca­li­dad, una vez que se apar­ca el co­che no es ne­ce­sa­rio vol­ver a uti­li­zar­lo pa­ra re­co­rrer la vi­lla. Aun­que se tra­te de un día fes­ti­vo, la oferta de las tien­das outlet de va­rias mar­cas y la aper­tu­ra de mu­seos sin­gu­la­res, co­mo pue­de ser el del ju­gue­te, com­ple­ta la es­tan­cia en Alla­riz. To­do a po­cos me­tros del res­tau­ran­te. La ex­pe­rien­cia cu­li­na­ria es su pla­to fuer­te, pe-

ro A Fá­bri­ca de Vi­la­no­va en Alla­riz es al­go más que gas­tro­no­mía.

EN­TRE AGUA Y JAR­DÍN

Nues­tra úl­ti­ma pa­ra­da es en un res­tau­ran­te al que uno pue­de lle­gar en bar­co. Tal cual, atra­cas en el em­bar­ca­de­ro y pa­ra arri­ba. Eso ya da una idea de que el en­cla­ve es pri­vi­le­gia­do. En A Fá­bri­ca, que es­tá en San­ta Cristina (Olei­ros, A Coruña), pue­des co­mer ca­si en­ci­ma de la ría de O Bur­go. Aun­que tam­bién pue­des ver­la desde den­tro, desde la me­sa cla­se 0 con mi­ni­te­rra­za in­clui­da. Eso si te ape­te­ce agua, por­que por te­rra­zas que no sea. Tie­nen una tercera in­te­rior que da a una zo­na ajar­di­na­da con es­pa­cio pa­ra diez per­so­nas y una hi­gue­ra que ha­ce de sombrilla na­tu­ral. «Nues­tra te­rra­za ex­te­rior es es­pec­ta­cu­lar pa­ra co­mer», di­ce Ga­briel, el en­car­ga­do de un res­tau­ran­te en el que pri­ma el pro­duc­to fres­co: «Es­ta­mos es­pe­cia­li­za­dos en arro­ces y fi­deuás y tra­ba­ja­mos to­do en horno de le­ña, no te­ne­mos plan­cha ni na­da con­ge­la­do. To­do el pro­duc­to es fres­co y ga­lle­go, y pa­ra el pes­ca­do tra­ba­ja­mos con la lon­ja de A Coruña». Otra de sus dis­tin­cio­nes son los vi­nos y los pos­tres. «Nues­tra car­ta no es la con­ven­cio­nal, te­ne­mos vi­nos de au­tor y ecológicos. Y los pos­tres los ha­ce­mos to­dos no­so­tros», ase­gu­ra.

Aquí les preo­cu­pa la aten­ción: «Ha­ce­mos em­pla­ta­dos de­lan­te del clien­te, con deses­pi­na­dos y trin­cha­dos de car­ne, que tie­nen mu­cho éxi­to. Y los ha­ce­mos tal y co­mo nos en­se­ña­ron en la Es­cue­la de Hos­te­le­ría, así que mu­chas ve­ces has­ta nos gra­ban mien­tras tan­to, por­que ge­ne­ral­men­te gus­ta mu­cho», in­di­ca Ga­briel, que no de­ja de des­ta­car la im­por­tan­cia de su chef, Da­niel, en to­do es­te en­gra­na­je. Pe­ro lo que no de­pen­de de na­die son las vis­tas de es­te lo­cal que es ya un clá­si­co en­tre la hos­te­le­ría de la zo­na. «Vienen mu­chos gru­pos, por­que te­ne­mos una sa­la de even­tos en el que tie­nen de to­do pa­ra ellos; tam­bién ce­le­bra­mos cum­plea­ños, bau­ti­zos, co­mu­nio­nes y bo­das re­du­ci­das», cuen­ta el en­car­ga­do. La be­lle­za que en­vuel­ve a es­te res­tau­ran­te pue­de ter­mi­nar por su en­torno, pe­ro em­pie­za en su pro­pio en­vol­to­rio, un bo­ni­to edi­fi­cio de prin­ci­pios del si­glo XX del que uno pue­de sa­lir a dar­se una vuel­ta por el pa­seo de O Bur­go pa­ra ba­jar la co­mi­da. Qué más se pue­de pe­dir.

FO­TO: ANA GARCíA

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