Ellos abren el camino

EL MUN­DO ES­TÁ CAM­BIAN­DO... pa­ra bien. Eso de «son co­sas de chi­cas» (o chi­cos) tie­ne los días con­ta­dos. Aun­que hay ofi­cios tra­di­cio­nal­men­te aso­cia­dos a un so­lo sexo, ca­da vez más la lí­nea se es­tá bo­rran­do. Ellos son la mues­tra de que los tra­ba­jos no son cu

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - DEGERTE - TEX­TO: MA­RÍA VIDAL

Es un profe más. Tra­ba­ja con ellos, les can­ta can­cio­nes (tie­ne un más­ter en Pa­tru­lla Ca­ni­na o Can­ta­jue­gos) y les ayu­da a la ho­ra de co­mer. A Aa­rón des­de siem­pre le han gus­ta­do los ni­ños, y sa­bía que su fu­tu­ro pa­sa­ba por la Edu­ca­ción, así que de­ci­dió ha­cer las prác­ti­cas del ci­clo que es­tu- dió, Téc­ni­co Su­pe­rior en Edu­ca­ción In­fan­til —ni­ños de 0-6 años—, con los más pe­que­ños pa­ra com­pro­bar de pri­me­ra mano si va­lía pa­ra es­to o no. Pa­sa­das las pri­me­ras se­ma­nas, su opi­nión es que sí. Vien­do las fo­tos, la mía tam­bién, pe­ro sus pa­la­bras lo di­cen to­do: «Es­tos días de va­ca­cio­nes de Se­ma­na San­ta los he echa­do mu­cho de me­nos, te­nía ga­nas de vol­ver pa­ra que me die­ran un be­so o un abra­zo», ex­pli­ca es­te co­ru­ñés que lle­va so­lo unas se­ma­nas en la Es­cue­la In­fan­til Afun­da­ción Za­lae­ta, en A Co­ru­ña. Cu­rio­sa­men­te en es­te cen­tro, tres de los sie­te «pro­fes» de prác­ti­cas son chi­cos. Ca­da vez es más ha­bi­tual, co­men­ta Aa­rón, ver a hom­bres en­car­gán­do­se del cui­da­do de los más pe­que­ños, al­go que has­ta aho­ra que­da­ba más en ma­nos de las mu­je­res. «Al prin­ci­pio lo de que los hom­bres tra­ba­jen en Edu­ca­ción In­fan­til nos sue­na un po­co ra­ro, pue­den pen­sar que los chi­cos so­mos me­nos ca­ri­ño­sos o más in­for­ma­les, pe­ro es lo mis­mo que si una mu­jer es in­for­má­ti­ca», ex­pli­ca Aa­rón Roel. Aun así, co­men­ta que ca­da vez tie­nen ma­yor acep­ta­ción so­bre to­do en­tre las per­so­nas ma­yo­res. «Creo que en­tre en la gen­te jo­ven es­ta­mos peor vis­tos, en las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes, pe­ro es mi opi­nión».

UNA EXPERIENCIA DE 10

Él, no hay du­da, que tie­ne mano pa­ra la gen­te me­nu­da. Ha ejer­ci­do de can­gu­ro en más de una oca­sión, ha lle­ga­do a es­tar al car­go de tres cria­tu­ras de di­fe­ren­tes eda­des a la vez, pe­ro su es­treno de ma­ne­ra ins­ti­tu­cio­nal fue­ron es­tas prác­ti­cas. «El pri­mer día es­ta­ba ner­vio­so, pe­ro los ni­ños te lo po­nen siem­pre fá­cil. En­se­gui­da te dan con­fian­za, y al mi­nu­to te quie­ren y te arro­pan», ex­pli­ca. Si al­go es­tá sien­do su experiencia es en­ri­que­ce­do­ra. Ca­da día es un mun­do nue­vo. «Me ha sorprendido la fa­ci­li­dad que tie­nen de apren­der las co­sas, se lo di­ces una vez, y ya se que­dan con ello, son co­mo es­pon­jas. Es muy sa­tis­fac­to­rio ver có­mo cre­cen o los avan­ces que ha­cen a es­tas eda­des, mar­can al ni­ño pe­ro tam­bién te mar­can a ti».

Aa­rón quie­re se­guir en la es­cue­la, pe­ro en la de ma­yo­res. En bre­ve re­to­ma­rá las cla­ses pa­ra es­tu­diar Te­ra­pia Ocu­pa­cio­nal en edad in­fan­til. Él lo tie­ne cla­ro. «Aun­que ven­gas tris­te, con una son­ri­sa, te ha­cen fe­liz». Así da gus­to tra­ba­jar.

FOTO: ÁNGEL MAN­SO

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