«No me en­tre­né pa­ra cues­tas»

La Voz de Galicia (Monforte) - - GALICIA -

Mi­chi­gan, en Es­ta­dos Uni­dos, es com­ple­ta­men­te plano. No hay ni una cues­ta cer­ca de De­troit. Por eso, la nor­te­ame­ri­ca­na Ana Cris­ti­na Aya­la, que vi­ve en­tre pra­de­ras, lla­nu­ras y gran­des la­gos ig­no­ra­ba a lo que se ex­po­nía si vo­la­ba a Ga­li­cia a cum­plir su sue­ño ju­ve­nil de ha­cer el Ca­mino de San­tia­go. «To­do allí es plano y me en­tre­né an­tes de ve­nir, pe­ro no sabía a lo que me en­fren­ta­ba», di­ce mien­tras or­de­na su mo­chi­la en el al­ber­gue de Ar­zúa. Pa­só una no­che du­ra por las agu­je­tas y do­lo­res mus­cu­la­res. Su ma­ri­do, Eduar­do Aya­la, la acom­pa­ña tras su­pe­rar una ope­ra­ción en un pie. «Él no en­tre­nó na­da y lo veo muy ca­lla­do, si le due­le no lo sé», bro­mea la es­po­sa.

Aya­la oyó ha­blar del Ca­mino y le pa­re­ció «muy in­tere­san­te, pe­ro la vi­da te lle­va por otros sen­de­ros, ma­tri­mo­nio, hi­jos, tra­ba­jo». Pos­pu­so ese sue­ño y «so­lo fue un buen re­cuer­do» has­ta que ha­ce dos años una pa­re­ja de nor­te­ame­ri­ca­nos que lo ha­bían he­cho va­rias ve­ces «tra­je­ron a mi men­te el vie­jo re­cuer- do». A la hi­ja de una ami­ga le pre­gun­tó va­rias ve­ces có­mo era el te­rreno en el Ca­mino de San­tia­go «pe­ro ella nun­ca me lo di­jo. Si lo hu­bie­se he­cho yo ja­más me ha­bría ani­ma­do a ve­nir (se ríe)». Iba a par­tir so­la pa­ra es­ta ca­mi­na­ta de cin­co días pe­ro «mi hi­ja ma­yor se que­dó al cui­da­do de la pe­que­ña y mi es­po­so se vino con­mi­go».

Fi­nal­men­te, el ma­tri­mo­nio vo­ló des­de Chica­go a Ma­drid y to­mó un tren has­ta Sa­rria. Ade­más del jet-lag, el via­je en avión le de­jó do­lo­ri­das las ro­di­llas. Y los dos pri­me­ros días la pos­tra­ron «ma­cha­ca­da» de tan­to ca­mi­nar mon­te arri­ba y mon­te aba­jo. Ga­li­cia le re­sul­tó fa­mi­liar con De­troit por su cli­ma «sin­gu­lar». «Allí llue­ve, cae nie­ve con el sol, hay nubes, so­pla ai­re». Pe­ro no con­ta­ba con los rom­pe­pier­nas de las co­li­nas ga­lle­gas y las subidas de Bar­ba­de­lo, Cas­tro­maior y la ba­ja­da de Vi­la­chá. «No me es­pe­ra­ba es­to», cuen­ta sor­pren­di­da y con sus pier­nas do­lo­ri­das. La tar­de la pa­só tum­ba­da en su li­te­ra le­yen­do en su ta­blet. Ya en Pedrouzo, Eduar­do Aya­la mues­tra en su mano un fru­to marrón. «¿Es­to se co­me?». Sí, es una cas­ta­ña.

AL­BER­TO LÓ­PEZ

Ana Cris­ti­na y Eduar­do Aya­la, en Ar­zúa.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.