«Es­to no ha­bría pa­sa­do si le hu­bie­sen pues­to más pro­tec­ción a su ex­mu­jer cuan­do le pe­gó»

VA­NES­SA H. G. MU­JER A LA QUE IN­TEN­TÓ AGRE­DIR EL DE­TE­NI­DO

La Voz de Galicia (Monforte) - - GALICIA - ÁL­VA­RO ALON­SO

Ro­cío, fa­mi­liar de su pa­re­ja, la lla­ma des­de la ca­lle: «¡Va­nes­sa, Va­nes­sa!». Y le re­co­mien­da que apor­te su vi­sión de lo su­ce­di­do. Va­nes­sa H. G., de 22 años, abre la puer­ta, que tie­ne la ce­rra­du­ra re­ven­ta­da y es­tá en una pa­red con res­tos de san­gre. «Fui al es­tan­co con mi hi­jo [de 3 años] y, al lle­gar al por­tal, vi a es­te chi­co [el de­te­ni­do] con un cu­chi­llo de co­ci­na. Me gi­ré y qui­so ata­car­nos. A mi hi­jo lo me­tí co­mo pu­de den­tro del edi­fi­cio. Su­bí con él [vi­ve en el pri­me­ro], ce­rré la puer­ta y lla­mé a la po­li­cía. Al mo­men­to rom­pió el por­tal y vino pa­ra arri­ba», re­la­ta.

A con­ti­nua­ción re­cuer­da el mo­men­to en el que lle­ga­ron los agen­tes y «a él le dio igual a quién te­nía en­fren­te». «La san­gre su­pon­go que se­rá de que se ha­brá cor­ta­do por­que rom­pió to­da la puer­ta», apun­ta.

Di­ce que ha­ber­la ata­ca­do fue ac­ci­den­tal, «le dio por ahí» co­mo «le po­día dar con otra». Pe­ro Va­nes­sa ha­bía es­ta­do en el juz­ga­do por el ca­so de vio­len­cia con­tra su ex­cu­ña­da, aun­que di­ce que «no tie­ne que ver». «Si no, ven a mi ca­sa o llá­ma­me por te­lé­fono y di­me que no de­cla­re. Ha­blan­do se en­tien­de la gen­te. Lo que hi­zo no es­tá bien, por­que yo es­ta­ba con mi hi­jo. A mí que me ma­tes a mí, má­ta­me, que me da igual, pe­ro a mi hi­jo no». Lo vin­cu­la tam­bién a que «lo que­ría pa­gar» con su pa­re­ja. «Se lle­va­ban mal», di­ce. No obs­tan­te, es­te hom­bre, el no­vio de Va­nes­sa, no pa­re­ce te­ner re­la­ción al­gu­na con lo ocu­rri­do.

«Es­to no ha­bría pa­sa­do si la pri­me­ra vez que le pe­gó a su ex­mu­jer, ella hu­bie­ra te­ni­do más pro­tec­ción. Ha te­ni­do que pa­sar es­to. ¿Y aho­ra qué va a pa­sar? ¿Que me van a ma­tar a mí o a mi hi­jo? No, no va a que­dar así. ¿O es­te hom­bre no va a sa­lir? ¿O su no­via ac­tual no va a ve­nir a por mí? Ella no se va a que­dar con las ma­nos quie­tas, por­que es­tá lo­ca», con­ti­núa es­ta ve­ci­na de Re­ci­mil, que ha­bla so­bre el ata­can­te y su pa­re­ja co­mo dos per­so­nas que han pro­vo­ca­do que una zo­na que an­tes era tran­qui­la «sea aho­ra pe­li­gro­sa». «Si los echa­mos, el ba­rrio es­tá en cal­ma», aña­de. Su ma­dre agre­ga des­de de­trás de la puer­ta: «Iba a por mi hi­ja».

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