The Boss en­to­na la can­ción más di­fí­cil de can­tar, aque­lla que le ha lle­va­do to­da la vi­da

ASIDO A SU GUI­TA­RRA Y PARAPETADO POR SU BAN­DA SEMEJA EL AR­TIS­TA MÁS RO­CO­SO DEL MUN­DO. COM­PRO­ME­TI­DO CON SU PÚ­BLI­CO Y CON SU TIEM­PO A BRU­CE SPRINGS­TEEN RE­SUL­TA­BA DI­FÍ­CIL ATISBARLE FI­SU­RAS. HA TE­NI­DO QUE SER ÉLMISMO QUIEN LAS HA­YA ABIER­TO EN CA­NAL, DESCUBRIE

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - LETRAS -

CAR­LOS CRES­PO | «Sal­ga­mos mien­tras sea­mos jó­ve­nes. Por­que los va­ga­bun­dos co­mo no­so­tros, ne­na, he­mos na­ci­do para co­rrer». De es­te frag­men­to de la can­ción que da­ba tí­tu­lo a su ter­cer dis­co, edi­ta­do en 1975, ha ex­traí­do Bru­ce Springs­teen el en­ca­be­za­do de su au­to­bio­gra­fía. Una au­to­bio­gra­fía na­da com­pla­cien­te, que por ve­ces semeja una te­ra­pia de li­be­ra­ción, en cu­ya es­cri­tu­ra el mú­si­co de New Jer­sey ha em­plea­do en se­cre­to sie­te años.

Y lo ha he­cho do­tan­do a es­tas pá­gi­nas de esa mis­ma ho­nes­ti­dad que im­preg­na sus can­cio­nes. «Es­cri­bir so­bre ti mis­mo es un asun­to di­ver­ti­do, pe­ro en un pro­yec­to co­mo es­te el es­cri­tor tie­ne un com­pro­mi­so: mos­trar al lec­tor su men­te. En es­tas pá­gi­nas, he in­ten­ta­do ha­cer­lo así», con­fe­sa­ba The Boss días an­tes de la pu­bli­ca­ción de

Born to run, el pa­sa­do 27 de sep­tiem­bre.

A lo lar­go de casi 600 pá­gi­nas Springs­teen re­co­rre sus casi sie­te dé­ca­das de exis­ten­cia. Re­vi­ve des­de su in­fan­cia en las ca­lles de Nue­va Jer­sey, la di­fí­cil re­la­ción con su pa­dre o aquel pri­mer mo­men­to en el que vio en te­le­vi­sión el de­but de El­vis Pres­ley y ya nun­ca qui­so ser otra co­sa sino mú­si­co has­ta los mo­men­tos más du­ros de su vi­da, los de las su­ce­si­vas de­pre­sio­nes que le han ate­na­za­do en la úl­ti­ma dé­ca­da. «Es­tu­ve fa­tal des­de que cum­plí 60 has­ta los 62. Lue­go bien un año y otra vez mal mien­tras tu­ve 63 y 64. No es una bue­na es­ta­dís­ti­ca. Me sen­tía in­có­mo­do ha­cien­do cual­quier co­sa (...) Era co­mo si to­da mi no­to­ria ener­gía, al­go que ha­bía si­do mío y ha­bía do­mi­na­do to­da mi vi­da, me hu­bie­se si­do cruel­men­te arre­ba­ta­do», con­fie­sa en un frag­men­to del li­bro.

Born to run per­mi­te vis­lum­brar la fra­gi­li­dad per­so­nal de un ar­tis­ta icono del éxi­to. Por­que co­mo él mis­mo se­ña­la en el pró­lo­go de la obra, «una de las pre­gun­tas que me ha­cen una y otra vez los fans por la ca­lle es ‘¿co­mo lo ha­ces?’. En las pá­gi­nas si­guien­tes in­ten­ta­ré acla­rar el co­mo y, más im­por­tan­te, el por qué».

RI­CAR­DO MORAES

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