So­le Gi­mé­nez, la voz del co­ra­zón

Su voz in­con­fun­di­ble la ha con­ver­ti­do en una de las ar­tis­tas más re­co­no­ci­das. Des­pués de es­tar 23 años en Pre­sun­tos Im­pli­ca­dos, pu­bli­ca su oc­ta­vo dis­co en so­li­ta­rio, «Los hom­bres sen­si­bles», en el que co­la­bo­ran com­pa­ñe­ros co­mo Da­ni Martín, Víc­tor Ma­nuel o

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - PORTADA - TEX­TO: SAN­DRA FAGINAS

Tie­ne al­ma de blues, y en esa apa­rien­cia frá­gil, a flor de piel, So­le Gi­mé­nez (Pa­rís, 1963) se des­cu­bre co­mo una mu­jer lle­na de for­ta­le­za. «Yo aguan­to ca­rros y ca­rre­tas», con­fie­sa. Se ríe ca­da dos frases y des­pués de ocho dis­cos co­mo so­lis­ta, vuel­ve a ro­dear­se de ami­gos para can­tar­les a los hom­bres sen­si­bles. «Una jo­ya», en la que ha fu­sio­na­do su voz con An­to­nio Car­mo­na, Da­ni Martín, Pe­dro Gue­rra, Víc­tor Ma­nuel y mu­chos otros co­le­gas, en un ho­me­na­je «enor­me» a to­dos ellos. —El tí­tu­lo del dis­co es ro­tun­do: «Los hom­bres sen­si­bles». To­da una de­cla­ra­ción de in­ten­cio­nes. —Sí, es una de­cla­ra­ción de in­ten­cio­nes por­que por una par­te es una evi­den­cia que es­toy ro­dea­da de hom­bres que han de­ja­do cons­tan­cia de su sen­si­bi­li­dad en sus can­cio­nes, esos ma­ra­vi­llo­sos co­la­bo­ra­do­res con los que tra­ba­jo, y por otra sí que es una es­pe­cie de ne­ce­si­dad que se pon­ga en va­lor la voz de los hom­bres más sen­si­bles, que yo creo que son to­dos. Y lue­go a ellos in­vi­tar­les a sa­car­se los pre­jui­cios que los en­vuel­ven. —¿Có­mo re­ci­bie­ron ellos esa in­vi­ta­ción? —Me ima­gino que bien, por­que nin­guno me di­jo que no [ri­sas]. Yo lla­mé a al­guno de ellos para que me in­vi­ta­ran a com­po­ner los te­mas de es­te dis­co, los lla­mé so­bre to­do para eso, pe­ro lue­go me di cuen­ta de que po­día que­dar muy bo­ni­to tam­bién que esas can­cio­nes y al­gu­na de las mías las can­tá­se­mos jun­tos, y esa fue mi se­gun­da lla­ma­da. —¿Le hu­bie­se gus­ta­do que par­ti­ci­pa­se al­gún hom­bre en es­pe­cial? —Me hu­bie­ra gus­ta­do te­ner a Ma­no­lo Te­na, pe­ro se nos ha ido. —No es la pri­me­ra vez que ha­ce due­tos, ten­go en la me­mo­ria «Dos Gar­de­nias»... ¿Es una es­tra­te­gia o real­men­te le gus­ta más? —Me gus­ta, me re­sul­ta có­mo­do. He he­cho mu­chos due­tos y creo que mi equi­po y yo sa­be­mos en­con­trar­les el pun­to para que que­den lo me­jor po­si­ble y para mos­trar es­te dis­co. —Has­ta se ha atre­vi­do a po­ner­le mú­si­ca y can­tar el so­ne­to V de Gar­ci­la­so de la Ve­ga: «Es­cri­to es­tá en mi al­ma vues­tro ges­to». —Sí, fue idea de Pe­dro Gue­rra, que es quien real­men­te le pu­so mú­si­ca y me pro­pu­so can­tar­la. Yo creo que es una de­li­cia por su de­li­ca­de­za. —¿Tie­ne al­gún te­ma que la ha­ya atra­pa­do más por al­gún mo­ti­vo? —La ver­dad es que cuan­do sa­cas un dis­co así, con 15 can­cio­nes, ha si­do bas­tan­te la­bo­rio­so ha­cer­lo to­do, ade­más con la com­pa­ñía de to­dos es­tos ar­tis­tas enor­mes, con te­mas su­yos, otros míos... To­dos a mí me pa­re­ce que tie­nen mu­cha ma­gia, pe­ro yo ten­go que des­ta­car la can­ción que Da­ni Martín trae al dis­co, que es un po­co la que da sen­ti­do al tí­tu­lo. Es la úl­ti­ma que se aña­de por­que es­te dis­co es­tá ba­sa­do en la amis­tad. Yo los lla­mé por ese mo­ti­vo y con Da­ni yo no te­nía mu­cha re­la­ción, lo co­no­cía, ha­bía­mos coin­ci­di­do, yo ya te­nía es­te dis­co prác­ti­ca­men­te aca­ba­do, pe­ro él co­gió la idea, hi­zo la can­ción y la tra­jo. Eso me pa­re­ció ma­ra­vi­llo­so. —Él can­ta «Los va­lien­tes se atre­ven a llo­rar». ¿To­da­vía llo­ra es­cu­chan­do a Se­rrat? —Sí, cla­ro, por su­pues­to que sí. No es por nin­gu­na pos­tu­ra, ni na­da si­mi­lar, pe­ro cla­ro que llo­ro con Se­rrat ¡y con mu­chos otros! —En una en­tre­vis­ta con Pan­cho Va­ro­na se­lec­cio­na­ba las can­cio­nes de su vi­da y to­das son ma­ra­vi­llo­sas, pe­ro cuan­do Se­rrat can­ta el «Ro­man­ce de Cu­rro (El Pal­mo)»: «Ay, mi amor, sin ti no en­tien­do el despertar. Ay, mi amor, sin ti mi ca­ma es an­cha» la emo­ción la des­bor­da. —Sí, es que a mí esa can­ción en con­cre­to me rom­pe el al­ma, me re­cuer­da a mis pa­dres en Pa­rís, cuan­do es­tá­ba­mos emi­gra­dos. —Tam­bién re­co­ge a Cop­pi­ni y Teo Car­dal­da con «Ma­los tiem­pos para la lí­ri­ca». —Sí, sí. Es que hay que ser ho­nes­to y para mí en esa épo­ca Gol­pes Ba­jos fue un an­tes y un des­pués. Yo a Teo lo ten­go en es­te dis­co y creo que es uno de los au­to­res me­jo­res de esa ge­ne­ra­ción, sino el me­jor. Y aho­ra mis­mo es­tá can­tan­do co­mo los án­ge­les. La idea del due­to con él par­te un po­co de Ro­si­ta Ca­la­mi­dad, yo can­to ese te­ma, pe­ro que­ría que él can­ta­se con­mi­go eso, que vie­ne a ser de­cir­les a to­dos que can­ten tam­bién Ro­si­ta. —Es ya su oc­ta­vo dis­co en so­li­ta­rio, es­tu­vo 23 años en Pre­sun­tos Im­pli­ca­dos. Aho­ra le di­ría eso de «ay, có­mo he­mos cam­bia­do» [ri­sas]. —Ja, ja, ja. Yo es­pe­ro ha­ber apren­di­do mu­cho y ha­ber cam­bia­do en mu­chas di­rec­cio­nes de mi vi­da. Pe­ro cuesta cam­biar vi­cios ad­qui­ri­dos, aun­que ha­go es­fuer­zos por cam­biar a me­jor. Aho­ra me veo mu­cho más asen­ta­da, más cal­ma­da y más con­fia­da. —¿Di­ría que ha ga­na­do más sen­si­bi­li­dad con el tiem­po? —Sí, sí, in­du­da­ble­men­te. Para al­gu­nas co­sas so­bre­ma­ne­ra, para otra ten­go un po­co más de ca­llo aho­ra con la edad. —Edith Piaf, otra de sus fa­vo­ri­tas, se cas­ti­gó mu­cho a sí mis­ma. ¿Us­ted? —Ja, ja. Ella se cas­ti­gó mu­cho, yo soy una per­so­na muy sa­na [ri­sas], no ten­go nin­gún vi­cio. Pe­ro sí soy muy exi­gen­te con­mi­go mis­ma, mu­chí­si­mo, y eso es una for­ma de cas­ti­go... Ten­dré que mi­rár­me­lo. Es uno de los pro­ble­mas ma­yo­res que yo aca­rreo, que soy exi­gen­te con­mi­go y con los de­más.

To­da­vía llo­ro es­cu­chan­do a Se­rrat, me rom­pe el al­ma

—¿Y qué le can­ta­ría a un hom­bre que no fue­ra muy sen­si­ble, a uno que tu­vie­ra que en­ter­ne­cer? —Ma­dre mía, no sé... La vie en ro­se, que de­be­ría en­ter­ne­cer a cual­quie­ra. —To­dos han ala­ba­do es­te tra­ba­jo. —Las pri­me­ras reac­cio­nes han si­do muy bue­nas, así que las ex­pec­ta­ti­vas se po­nen muy al­tas, pe­ro co­mo es un li­bro-dis­co y nos ha que­da­do tan, tan bo­ni­to, la gen­te es­tá real­men­te alu­ci­nan­do de la ta­rea de es­te tra­ba­jo en to­dos los sen­ti­dos. Por­que al fi­nal una lo ha­ce y te me­tes en la ru­ti­na y so­lo ves la me­ta de aca­bar­lo, pe­ro a ve­ces no sa­bes muy bien qué tie­nes en­tre ma­nos y te pier­des. Y re­sul­ta que te­ne­mos una jo­ya, gra­cias a la vi­da por con­tri­buir a es­te ar­te. —En su mú­si­ca la le­tra es fun­da­men­tal. —Sí, yo he oí­do mu­cha mú­si­ca que no en­tien­do, por­que la mú­si­ca en in­glés, aun­que se­pas al­go de es­te idio­ma, cuesta mu­cho en­ten­der­la. Por eso can­to en nues­tro idio­ma, por­que so­bre to­do para in­ter­pre­tar­la re­co­noz­co que ne­ce­si­to que la can­ción me mue­va por den­tro. Si no no la pue­do po­ner en el dis­co. Yo no de­fen­de­ría ja­más un tra­ba­jo que no me con­ven­cie­ra de pa­la­bra. —¿Em­pie­za por ahí la se­lec­ción, por la le­tra? —No, yo a com­po­ner em­pie­zo por la mú­si­ca, y en es­te ca­so no he te­ni­do que se­lec­cio­nar las letras por­que to­das las que re­ci­bí de mis com­pa­ñe­ros me pa­re­cie­ron ma­ra­vi­llo­sas, he te­ni­do mu­cha suer­te en ese sen­ti­do por­que me han man­da­do ver­da­de­ras pre­cio­si­da­des de can­ción. Pe­ro para mí la le­tra es esen­cial, por eso can­to en cas­te­llano y en fran­cés, mis idio­mas. So­lo al­gu­na vez lo he he­cho en in­glés, por­que hay que po­ner­se re­tos. —Pues ya que lo di­ce: ¿cuál va a ser el si­guien­te? —Uf, para mí el pró­xi­mo re­to es lle­var es­te dis­co al di­rec­to. La gi­ra la em­pie­zo en me­nos de un mes, y para mí el re­to es ese, que sue­ne tan bien co­mo el dis­co. Can­tar­lo yo so­la para mí es un re­to muy, muy in­tere­san­te. —¿Có­mo es una per­so­na co­mo us­ted, con al­ma de blues? —[Ri­sas] Una per­so­na sen­si­ble, des­de lue­go, por­que co­mo no ten­gas sen­si­bi­li­dad... El al­ma de blues se de­ja lle­var. —La mú­si­ca es sen­ti­mien­to. —Sí, o si no pier­de su sen­ti­do. Yo creo que es y de­be ser así; so­mos al­gu­nos los que de­fen­de­mos eso, lue­go es­tá la mú­si­ca es­pec­tácu­lo, que di­vier­te, que en­tre­tie­ne. Pe­ro la mú­si­ca para mí o emo­cio­na o ha per­di­do la opor­tu­ni­dad. —¿La úl­ti­ma vez que se ha emo­cio­na­do con una can­ción? —Ha­ce muy po­co, yo soy muy llo­ro­na, ya lo he di­cho. Oyen­do una de esas can­cio­nes del dis­co, pe­ro qué suer­te, ¿no? llo­rar así. Con la can­ción Me equi­vo­qué, de Víc­tor Ma­nuel, un te­ma que me mue­ve mu­cho.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.