“Fis­te­rra po­dría ser el tí­tu­lo de una pró­xi­ma can­ción”

Pa­sa­mos con ellos una tar­de en la pla­ya de Ria­zor, que po­dría de­jar de ser el úni­co rin­cón má­gi­co de Ga­li­cia al que de­di­can un te­ma. Su pró­xi­mo dis­co nos lo di­rá 1 DE JU­LIO, 22.00. COLISEUM DE A CO­RU­ÑA. EN­TRA­DAS DES­DE 22 EU­ROS

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA - TEX­TO: MI­LA MÉN­DEZ

Ten­go vér­ti­go de sa­lir al es­ce­na­rio, no de per­der las ga­nas de ha­cer­lo

Vuel­ven a Ga­li­cia cuan­do se cum­plen 15 años del lan­za­mien­to del dis­co que los lle­vó a lo más al­to de la mú­si­ca es­pa­ño­la. Tu­vie­ron bue­na es­tre­lla en­ton­ces por­que, co­mo di­cen en su úl­ti­mo ál­bum, lo que los man­tie­ne uni­dos to­da­vía si­gue vi­vo. Eva Amaral (Za­ra­go­za, 1972) y Juan Agui­rre (San Se­bas­tián, 1969) se re­en­con­tra­rán con el pú­bli­co ga­lle­go en el Coliseum de A Co­ru­ña el pró­xi­mo 1 de ju­lio. Es­tán de gi­ra con Noc­tur­nal, aun­que ca­da vez dis­fru­tan más de los ama­ne­ce­res. En una tar­de en la que las nu­bes ba­jas ha­cen ac­to de pre­sen­cia en el are­nal de Ria­zor les pre­gun­ta­mos, en tono de bro­ma, si es cier­to eso que can­tan: «¿Pa­sa­rá es­ta nie­bla?». Una vez roto el hie­lo, la char­la se pro­lon­ga en un tono a ve­ces in­ti­mis­ta, a ve­ces de­sen­fa­da­do. —Uno de los te­mas de vues­tro úl­ti­mo tra­ba­jo se ti­tu­la pre­ci­sa­men­te así. ¿Hay al­go que es­té ta­pan­do «La Nie­bla»? —Eva: Re­fle­ja un mo­men­to de in­cer­ti­dum­bre, to­da la gen­te tie­ne uno. Cuan­do te fal­ta el faro que te guía. En mi ca­so, la can­to pen­san­do en mi ma­dre. Ha­bla de una bús­que­da de la luz des­de la os­cu­ri­dad. —«Noc­tur­nal So­lar Ses­sions» es, en reali­dad, una re­edi­ción de «Noc­tur­nal». ¿Por qué es­ta re-vi­si­ta? —Juan: Cuan­do nos pro­pu­sie­ron aña­dir al­gún ex­tra pa­ra la edi­ción eu­ro­pea del ál­bum nos di­ji­mos: «Por qué no ha­cer una ver­sión más des­nu­da del dis­co en el mis­mo or­den». Nos me­ti­mos en el es­tu­dio e hi­ci­mos el pro­ce­so in­ver­so a cuan­do gra­bas un ál­bum: em­pe­zar a qui­tar co­sas. El re­sul­ta­do te­nía va­lor en sí mis­mo. —¿Que­da en el pa­sa­do el tiem­po de le­tras li­ga­das a la ac­tua­li­dad so­cial? —Eva: No, y tam­po­co es así. En reali­dad, aque­llas can­cio­nes de Ha­cia lo

Sal­va­je es­ta­ban es­cri­tas mu­cho an­tes del 15-M. Noc­tur­nal es­tá más ins­pi­ra­do por la no­che, ha­bla de en­cuen­tros que se dan a la caí­da del sol, cuan­do el rit­mo de la ciu­dad ba­ja y las per­so­nas se co­nec­tan. Can­ta a no per­der esa co­ne­xión. —Es­te 2017, no so­lo «Es­tre­lla de mar» es­tá de cum­plea­ños. «Ro­si­ta», vues­tro pri­mer tra­ba­jo, aca­ba de cum­plir los 20. —Eva: Pa­re­ce men­ti­ra, pe­ro sí. Éra­mos unos ado­les­cen­tes cuan­do em­pe­za­mos. La mú­si­ca era nues­tro re­fu­gio, don­de éra­mos real­men­te li­bres. Aun­que no pen­sa­mos de­ma­sia­do en eso. Vi­vi­mos el aquí y el aho­ra. —Juan: Lo vi­vi­mos con mu­cho agra­de­ci­mien­to al pú­bli­co. Además, so­lo te­ne­mos sie­te dis­cos, pre­fe­ri­mos cen­trar­nos en lo que ven­drá. —Su­pe­ráis la me­dia de años en ac­ti­vo de bue­na par­te de los gru­pos del pa­no­ra­ma na­cio­nal, ¿có­mo se con­si­gue? —Eva: So­lo so­mos dos. Es fá­cil po­ner­se de acuer­do, aun­que (ha­ce una pau­sa y son­ríe), a ve­ces, hay que bus­car el des­em­pa­te fue­ra. —Juan (res­pon­de con iro­nía a Eva): Hay co­sas que gra­bo y al mo­men­to se las en­vío. Ella me en­vía otra co­sa. —La gi­ra de «Noc­tur­nal» se ha ex­ten­di­do más de lo pre­vis­to. ¿Una im­po­si­ción de las dis­co­grá­fi­cas pa­ra com­pen­sar la cri­sis en la ven­ta de dis­cos? —Eva: Ver­da­de­ra­men­te, cuan­do nos íba­mos apro­xi­man­do al fi­nal, pen­sa­mos: «¿Por qué pa­rar es­to?». El en­ten­di­mien­to so­no­ro con la ban­da es per­fec­to. De­ci­di­mos que no te­nía sen­ti­do. Y aquí es­ta­mos de vuel­ta. —Juan: No cam­bia­ría to­car en di­rec­to por na­da. De he­cho, al prin­ci­pio, pen­sá­ba­mos que po­día­mos de­di­car­nos a via­jar y to­car sin gra­bar dis­cos.

Éra­mos muy in­ge­nuos. —¿Te­néis al­go en­tre ma­nos? —Juan: ¿Un oc­ta­vo dis­co? Es­ta­mos en ello. Hay ideas, pe­da­ci­tos de mú­si­ca que no tie­nen le­tra, le­tras que no tie­nen mú­si­ca… El caos que pre­ce­de a un dis­co, siem­pre es así. —¿Vol­ve­rá a es­tar pre­sen­te Ga­li­cia? —Juan: Aún no lo te­ne­mos ce­rra­do, pe­ro es pro­ba­ble que una de las can­cio­nes del pró­xi­mo dis­co se lla­me Fis­te­rra, o Fi­nis­te­rre o Fi­nis­te­rrae. Pe­ro no ha­bla del pun­to geo­grá­fi­co en sí, que es pre­cio­so, sino del lu­gar don­de ter­mi­na el mun­do co­no­ci­do. Además, el lu­gar no lo ele­gi­mos no­so­tros ¡Lo eli­gie­ron los ro­ma­nos ha­ce mu­chos si­glos! —¿To­da­vía hay ce­los en Za­ra­go­za por el te­ma «Ria­zor»? —Juan: Creo que sí. Hu­bo gen­te que nos di­jo: «¿pa­ra cuán­do una can­ción de­di­ca­da a La Ro­ma­re­da». [O al Ebro, aña­de Eva, «¡que ya la hay!»]. Lo sien­to, Za­ra­go­za es mi ho­gar, pe­ro un es­ta­dio de fút­bol no se com­pa­ra con es­te mar. —¿Por qué os atrae Ga­li­cia? —Juan: Hay un víncu­lo con la mú­si­ca folk, con lo Atlán­ti­co y su me­lan­co­lía. Apar­te de las amis­ta­des. —¿Le da vér­ti­go a Amaral per­der las ga­nas de to­car en di­rec­to? —Eva: Ten­go vér­ti­go de sa­lir al es­ce­na­rio, no de per­der­lo. ¡Oja­lá se me pa­sa­ran esos ner­vios! De mo­men­to, no es­ta­mos en ese es­ce­na­rio. —En vues­tra bús­que­da de nue­vos so­ni­dos, ¿ca­sa­rían bien Amaral y re­gue­tón? -—Juan: La mú­si­ca y los lí­mi­tes no se lle­van bien. Además, no es­toy na­da de acuer­do con de­mo­ni­zar el re­gue­tón. No hay una mú­si­ca más ele­va­da que otra. —Eva: ¿Quién di­jo mie­do? De to­das for­mas, nun­ca he­mos fun­cio­nan­do pen­san­do qué es­pe­ra el pú­bli­co de no­so­tros, o qué es­pe­ra el mer­ca­do o co­sas de es­tas. Es­tos pa­rá­me­tros no los he­mos ma­ne­ja­do. Nos po­ne­mos con nues­tra gui­ta­rra y con nues­tras li­mi­ta­cio­nes a es­cri­bir una can­ción. Nos he­mos preo­cu­pa­do, de una ma­ne­ra muy egoís­ta, de ex­pre­sar lo que sen­tía­mos. El que vi­nie­ra y se sin­tie­ra iden­ti­fi­ca­do, ¡bien­ve­ni­do! —A «Noc­tur­nal So­lar Ses­sions» lo de­fi­nís co­mo una ama­ne­cer lu­mi­no­so. ¿Con qué ex­tre­mo del día os que­dáis? —Eva: He te­ni­do épo­cas bas­tan­te noc­tur­nas. Aho­ra pa­re­ce que ha sa­li­do un ra­to el sol. Y me sien­to a gus­to.

MARCOS MÍGUEZ

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