“Si oyes mis can­cio­nes sa­bes a quien vo­to”

Hoy es la gran re­fe­ren­cia mu­si­cal pop de Ga­li­cia. In­clu­so pa­ra las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes que lo han pro­cla­ma­do gu­rú. A él le di­vier­te pe­ro no le sa­ca de su li­bro de ru­ta. Ese que el jue­ves le lle­va de Ni­grán a Caldas de mano del Por­tA­mé­ri­ca

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA | EN PORTADA - TEX­TO: CAR­LOS CRES­PO

Pri­me­ro abrió las puer­tas de su ca­sa. Y des­pués las ven­ta­nas de par en par. A Iván Ferreiro le sien­ta bien esa fres­cu­ra atlán­ti­ca. Y el ha­ber­se des­pren­di­do de cier­tos de­mo­nios. El dis­co fun­cio­na, los fes­ti­va­les lo re­cla­man, los mú­si­cos no es que le res­pe­ten, es que le ve­ne­ran y no so­lo ha si­do ca­paz de man­te­ner a su pú­bli­co sino que ha con­quis­ta­do y de qué ma­ne­ra a las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes.

Eso sí, ha­ce un año po­día lle­gar al re­cin­to del Por­tA­mé­ri­ca en bi­ci­cle­ta des­de su ca­sa en Gon­do­mar. Es­te año le to­ca co­ger la AP-9. «Lo bueno es que ten­dre­mos som­bra», bro­mea.

—El Por­tA­mé­ri­ca cam­bia Ni­grán por Caldas. ¿Te sen­ti­rás co­mo en un cier­to exi­lio?

—Me da pe­na que Ni­grán ha­ya perdido el Por­tA­mé­ri­ca. So­bre to­do pa­ra los ve­ci­nos. En es­tos cin­co años mis hi­jos, por ejem­plo, han vis­to a gru­pa­zos en ese fes­ti­val y aho­ra se lo pier­den. Pe­ro bueno, yo voy a ir a Caldas y me lo voy a pa­sar bien igual.

—¿Te sor­pren­de que te es­tén lla­man­do pa­ra tan­tos fes­ti­va­les?

—Yo me sor­pren­do ca­da vez que sa­co un dis­co y al­guien me ha­ce ca­so. ¿Los fes­ti­va­les? Ha­ce tiem­po que es­tán en mi ca­len­da­rio. Es co­mo un re­ga­lo. A mí me gus­tan, me lo pa­so bien.

—Co­mo es­pec­ta­dor, ¿te in­tere­sa el for­ma­to de fes­ti­val?

—Unos más que otros. El Por­tA­mé­ri­ca lo he dis­fru­ta­do mu­cho, es muy có­mo­do y tie­ne ese pun­ta­zo con la co­ci­na. Me en­can­ta tam­bién el Sin­sal... El pro­ble­ma de los fes­ti­va­les es cuan­do son de­ma­sia­do gran­des.

—¿Tie­nes al­gu­na es­pi­ni­ta cla­va­da, al­guno del que aún no te ha­yan lla­ma­do y que te ape­te­cie­se ir?

—Hom­bre, me gus­ta­ría ir al Coa­che­lla, ha­cer una ac­tua­ción cor­ta y ver el ma­yor nú­me­ro de gru­pos po­si­ble.

—No fal­ta quien se es­té que­jan­do de que los car­te­les de mu­chos fes­ti­va­les es­pa­ño­les pa­re­cen clonados.

—Eso ha pa­sa­do to­da la vi­da. An­tes de los fes­ti­va­les eran las fies­tas lo­ca­les. El año que fun­cio­na­ban Ra­dio Fu­tu­ra o Los Ro­nal­dos to­ca­ban en to­das las ciu­da­des. A los fes­ti­va­les hay que agra­de­cer­les el ha­ber con­se­gui­do que la gen­te pa­gue por es­cu­char mú­si­ca en di­rec­to.

—Tam­bién se ha­bla de la «bur­bu­ja» de los fes­ti­va­les y de si la ofer­ta ac­tual es o no sos­te­ni­ble.

—Eso ya no lo sé. Es cier­to que hay mu­chí­si­mos. Pe­ro la bur­bu­ja, más que por el he­cho de que sean mu­chos, se pue­de crear por­que al­gu­nos cre­cen de­ma­sia­do. Hay fes­ti­va­les que es­tán pa­gan­do de­ma­sia­do di­ne­ro por la ex­clu­si­vi­dad de al­gu­nos gru­pos.

—¿Te gus­ta ese mo­de­lo que se es­tá im­po­nien­do de fes­ti­val fa­mi­liar?

—Mu­chos even­tos mu­si­ca­les, no so­lo fes­ti­va­les, se van a pa­sar al día. Es lo ló­gi­co. To­dos he­mos cre­ci­do y he­mos te­ni­do hi­jos. Y mo­la en vez de ir al par­que ir­te a un con­cier­to con tus hi­jos. To­car de día es ma­ra­vi­llo­so, la ener­gía que se crea es fan­tás­ti­ca.

—Te con­si­de­ras cantante o au­tor, pe­ro nun­ca can­tau­tor. ¿Te mo­les­ta ese tér­mino?

—No me mo­les­ta pe­ro es que nun­ca ha­go las dos co­sas a la vez [se ríe]. No lo uti­li­zo por res­pe­to a ellos. Si Se­rrat es can­tau­tor, yo, des­de lue­go, no lle­go a ser­lo. Yo soy un cantante pop. Es co­mo cuan­do me di­cen que soy un poe­ta. No, los le­tris­tas no so­mos poe­tas. Ser poe­ta es mu­cho más com­pli­ca­do.

—Sin em­bar­go el No­bel de Li­te­ra­tu­ra de es­te año ha si­do pa­ra un le­tris­ta.

—Ha si­do pa­ra uno de los ma­yo­res le­tris­tas de to­dos los tiem­pos. Y no me ca­be la me­nor du­da de que las pa­la­bras de Dy­lan le han cam­bia­do la vi­da a mu­chas más per­so­nas que el más po­pu­lar de to­dos los es­cri­to­res que ha­ya ga­na­do el pre­mio No­bel. El mun­do edi­to­rial tie­ne mu­cho gla­mur y pres­ti­gio, pe­ro es­tá lleno de es­cri­to­res de pa­co­ti­lla. Yo, por ejem­plo, con­si­de­ro a San­ti Bal­mes más li­te­ra­to que a mu­chos de los que es­tán en la lis­tas de li­bros más ven­di­dos. Pe­ro es que los mú­si­cos so­mos los prin­ga­dos de la so­cie­dad ar­tís­ti­ca, vi­vi­mos en la mal­di­ta in­di­gen­cia, nos ma­cha­can y ni si­quie­ra es­ta­mos pro­te­gi­dos por las le­yes.

—En una oca­sión di­jis­te que si el pú­bli­co pu­die­se ele­gir no ele­gi­ría ba­su­ra. Vis­to lo vis­to, ¿lo man­tie­nes?

—Es que ha­bría que sa­ber que es lo que co­no­ce el pú­bli­co. Lo úni­co que yo sé es que cuan­do una can­ción es bue­na,

fun­cio­na y per­du­ra. Creo que si hu­bie­ra una cul­tu­ra ge­ne­ra­li­za­da y el pú­bli­co tu­vie­se co­no­ci­mien­to de otras mú­si­cas la ca­li­dad se ins­tau­ra­ría, se­gu­ro.

—Una de las cues­tio­nes que ca­rac­te­ri­zó a los can­tau­to­res era el com­pro­mi­so po­lí­ti­co de sus le­tras. Aho­ra tam­bién son mu­chos los gru­pos in­dies que lo ha­cen. ¿Cuál es tu pos­tu­ra al res­pec­to?

—Bueno, ten­go al­gu­na can­ción, co­mo Ciu­da­dano A, que ha­bla abier­ta­men­te de eso y otras, co­mo La otra mi­tad, que lo ha­cen de for­ma más ve­la­da. En cual­quier ca­so, aun­que ha­ga una can­ción po­lí­ti­ca nun­ca va a de­jar de ser me­ló­di­ca o emo­cio­nal. Pa­ra mí la po­lí­ti­ca es co­mo nos co­mu­ni­ca­mos los unos con los otros. Y creo que oyen­do mis can­cio­nes pue­des sa­ber bas­tan­te bien có­mo pien­so o in­clu­so mi ten­den­cia de vo­to. A lo que me nie­go es a uti­li­zar si­glas o nom­bres pro­pios.

—De lo que sí ha­blas sin pu­dor es de lo que ca­si to­dos los mú­si­cos es­con­den, de los sen­ti­mien­tos.

—Sí que ten­go pu­dor, lo que pa­sa es que me pro­te­jo. En mis can­cio­nes mien­to mu­cho. Pa­re­ce que es­toy des­nu­do pe­ro si te fi­jas bien lle­vo un pe­que­ño ta­pa­rra­bos. Es­cri­bo can­cio­nes, no una au­to­bio­gra­fía.

—Las ban­das ac­tua­les te ado­ran. ¿Por qué crees que has co­nec­ta­do tan­to y tan bien con es­ta ge­ne­ra­ción de mú­si­cos?

—Ha si­do una suer­te y lo re­ci­bo con mu­cha ale­gría. Es cier­to que ten­go una her­man­dad gran­de con mu­chos mú­si­cos y ban­das. Creo que tie­ne que ver con los tiem­pos. La nue­va ge­ne­ra­ción tie­ne una men­ta­li­dad muy di­fe­ren­te a la mía. En los 90 los gru­pos éra­mos co­mo muy chu­los y un po­co bo­ca­zas. No ha­bía co­ne­xión en­tre no­so­tros. Ape­nas nos co­no­cía­mos y des­con­fiá­ba­mos unos de los otros. La ge­ne­ra­ción de mú­si­cos ac­tua­les sa­be di­ver­tir­se mu­cho más que lo que sa­bía­mos no­so­tros. Y yo, que soy de ca­rác­ter di­ver­ti­do, pues me su­mo rá­pi­da­men­te.

—¿Pro­cu­ras es­tar al co­rrien­te de lo que se es­tá ha­cien­do?

—Más o me­nos. Me pa­so el día en es­ce­na­rios y es­tu­dios y cuan­do lle­go a mi ca­sa lo úl­ti­mo que quie­ro es es­cu­char mú­si­ca. Pe­ro sí que me voy en­te­ran­do. A ve­ces co­noz­co a los gru­pos sin co­no­cer sus can­cio­nes por re­fe­ren­cias de mis ami­gos. Lue­go en los fes­ti­va­les me los en­cuen­tro y es don­de los voy es­cu­chan­do a to­dos. No di­ría que es­toy muy pues­to pe­ro tam­po­co es­toy des­co­nec­ta­do.

—Res­ca­to otra ci­ta tuya: «El in­die es el re­fu­gio de los pi­jos»...

—Eso fue ha­ce mu­cho tiem­po. De to­das for­mas si­go con­si­de­ran­do que el in­die o el pop es una mú­si­ca, co­mo po­co, de la gen­te de cla­se me­dia. Yo ten­go dis­cos lle­nos de me­lan­co­lía y esa me­lan­co­lía, co­mo de­cía Ch­ris­ti­na Ro­sen­vin­ge, es una en­fer­me­dad de los que co­me­mos y dor­mi­mos ca­lien­tes. En los ba­rrios su­bur­bia­les no se es­cu­cha in­die, se es­cu­cha hip hop. No nos equi­vo­que­mos.

Pa­re­ce que voy des­nu­do pe­ro lle­vo un ta­pa­rra­bos

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