El Beatle más en­tra­ña­ble

La fa­ma y los lo­gros del cuar­te­to de Li­ver­pool a ve­ces ha­cen ol­vi­dar que el ba­te­ría po­see una ca­rre­ra en solitario de 19 ál­bu­mes y gran­des éxi­tos co­mo «Pho­to­graph»

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - EN PORTADA - TEX­TO: XESÚS FRAGA

Fue el pri­me­ro de los cua­tro Beatles en de­bu­tar en solitario

Diá­lo­go en­tre los pro­ta­go­nis­tas de la co­me­dia ro­mán­ti­ca 500 Days of Sum­mer: Tom: «A na­die le gus­ta Rin­go Starr». Sum­mer: «Por eso me en­can­ta». Más tar­de, Tom, (Joseph Gor­don-Le­vitt) se en­cuen­tra en una tien­da de dis­cos de se­gun­da mano Stop and Smell the Ro­ses, el oc­ta­vo dis­co en solitario de Rin­go y se lo en­se­ña a Sum­mer (Zooey Des­cha­nel); cuan­do ella lo ig­no­ra, se da cuen­ta de que su no­viaz­go es­tá nau­fra­gan­do...

Aun­que el diá­lo­go sue­na tan exa­ge­ra­da­men­te fal­so co­mo ese chis­te so­bre Paul McCart­ney («¿Có­mo se lla­ma­ba ese gru­po en el que es­ta­ba? Sí, hom­bre, en el que to­có an­tes que Wings. Lo ten­go en la pun­ta de la len­gua...»), que Rin­go sea un ter­mó­me­tro del amor en­tre Tom y Sum­mer no de­ja de te­ner sen­ti­do. Por un la­do, paz y amor son los ejes so­bre los que ha cons­trui­do su ca­rre­ra Rin­go tras la se­pa­ra­ción de los Beatles; por otro, siem­pre ha si­do el más en­tra­ña­ble del cuar­te­to, el que ha ins­pi­ra­do una re­la­ción más pró­xi­ma —en la me­di­da en la que eso sea po­si­ble tra­tán­do­se de una es­tre­lla—, al­guien que se po­día ad­mi­rar pe­ro tam­bién —da­ba esa sen­sa­ción— cul­ti­var su amis­tad.

Sin el ca­ris­ma de Len­non, las do­tes com­po­si­to­ras de McCart­ney o la enig­má­ti­ca per­so­na­li­dad de Geor­ge Ha­rri­son, a Rin­go se le atri­buía en la tra­di­ción el as­cen­den­te hu­mo­rís­ti­co del gru­po. Pe­ro es­to no de­ja­ba de ser una sim­pli­fi­ca­ción por­que las cua­li­da­des an­tes enu­me­ra­das se po­dían en­con­trar, en ma­yor o me­nor pro­por­ción, en to­dos los Beatles. Es cier­to que a Rin­go era el que me­jor le sa­lía ha­cer el pa­ya­so en el ci­ne —A Hards Day’s Night—, pe­ro no es me­nos cier­to que el gru­po no en­con­tró la es­ta­bi­li­dad que le apor­tó cuan­do lle­gó en 1962. El rit­mo del ba­te­ría es la ba­se de to­do so­ni­do y la de Rin­go, sin ser es­pec­ta­cu­lar, ci­men­ta­ba la mú­si­ca del que fue el me­jor gru­po vi­vo has­ta su di­so­lu­ción en 1970. Ade­más, los Beatles fue­ron in­ven­tan­do el pop so­bre la mar­cha, des­ple­gan­do un in­ge­nio en el que par­ti­ci­pó la in­tui­ción rít­mi­ca de Rin­go.

Qui­zá ese pa­pel de amal­ga­ma fue lo que le per­mi­tió ser el pri­me­ro de los cua­tro en de­bu­tar en solitario, in­clu­so an­tes de que se anun­cia­se la di­so­lu­ción ofi­cial del gru­po. Sen­ti­men­tal Jour­ney era una co­lec­ción de clá­si­cos del jazz de los años 30, co­mo su con­ti­nua­ción, Bea­coup of Blues, lo era del country. Da­ba la im­pre­sión, en aque­llos pri­me­ros años en los que Len­non, McCart­ney y Ha­rri­son es­ta­ban to­da­vía asom­bra­dos de su pro­pia se­pa­ra­ción, de que Rin­go te­nía que po­ner tie­rra de por me­dio con un le­ga­do que ya se ha­bía con­ver­ti­do en pie­dra de to­que con la que com­pa­rar inevi­ta­ble­men­te cual­quier lo­gro pos­te­rior.

Pe­ro en su ter­cer dis­co, Rin­go, echó mano de sus vie­jos com­pa­ñe­ros: Len­non, McCart­ney y Ha­rri­son fue­ron co­la­bo­ra­do­res de lu­jo —ade­más de otros gran­des co­mo The Band— de un ál­bum que le dio sus gran­des éxi­tos y que no se han caí­do de su re­per­to­rio: Pho­to­graph y You’re Six­teen, pre­ce­di­dos de otro hit im­pe­re­ce­de­ro, Back Off Boo­ga­loo. Rin­go les de­vol­vió el fa­vor y tra­ba­jó en al­gu­nos de los me­jo­res es­fuer­zos en solitario de Len­non, Plas­tic Ono Band, y Ha­rri­son, All Things Must Pass.

Los éxi­tos con­ti­nua­ron con Good­night Vien­na, pe­ro el cam­bio de dé­ca­da no le sen­tó bien a Rin­go. Los 80 fue­ron años per­di­dos pa­ra Rin­go, su­mi­do en una cri­sis ar­tís­ti­ca que se re­tro­ali­men­ta­ba con otra de­ri­va­da de di­ver­sas adic­cio­nes. Su re­cu­pe­ra­ción, a par­tir de 1989, se­ña­ló un re­gre­so de for­ma que, si bien no au­gu­ra una nue­va re­vo­lu­ción ro­que­ra —ya na­die lo es­pe­ra—, sí ofre­ce di­ver­sión, sen­si­bi­li­dad y un en­fo­que jui­cio­so del pa­sa­do com­par­ti­do de los Beatles. Rin­go ha sa­bi­do ro­dear­se de gran­des in­tér­pre­tes, in­clu­yen­do su vie­jo ami­go Paul, pa­ra man­te­ner la ma­qui­na­ria bien en­gra­sa­da a sus 77 años y re­cién nom­bra­do Sir Ri­chard. En el fon­do, se tra­ta de la mis­ma esen­cia del pop, la de di­ver­tir­se y emo­cio­nar­se con la mú­si­ca.

UN ICONO

Co­mo cual­quie­ra de los cua­tro Beatles, Rin­go tam­bién es si­nó­ni­mo del pop, un icono que apa­re­ce re­tra­ta­do y men­cio­na­do en otras obras, co­mo en el fil­me «500 Days of Sum­mer», aun­que sea a tra­vés de sus dis­cos.

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