A los 50 se va in­te­gran­do to­do. Es­toy en un mo­men­to ‘in­te­gral’

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - LETRAS . ENTREVISTA -

He es­ta­do más vol­ca­da en otro tra­ba­jo. Cuan­do vi­ves de la plu­ma, te pier­des una fa­ce­ta im­por­tan­te del mun­do, que es la co­la­bo­ra­ción con los de­más.

—¿No­ve­da­des a la vis­ta?

—Den­tro de po­qui­to, a fi­na­les de sep­tiem­bre o en oc­tu­bre, sal­drá un nue­vo li­bro mío de poe­mas en Vi­sor y es­to es una no­ve­dad, no una re­edi­ción.

—Pe­ro es cu­rio­so lo no­ve­do­so que es a ve­ces lo que tie­ne años. Te­ne­mos un ejem­plo en «El cuen­to de la cria­da», de At­wood, con his­to­rias que se es­cri­bie­ron ha­ce dé­ca­das y se con­vier­ten en un es­pe­jo pa­ra nue­vas ge­ne­ra­cio­nes, o en un lu­gar don­de no de­ja­mos de en­con­trar­nos.

—Yo creo que la li­te­ra­tu­ra ver­da­de­ra es­tá un po­co fue­ra del tiem­po. Hay que as­pi­rar a eso. Pu­bli­car, pa­ra mí, es al­go se­cun­da­rio.

—«Ba­leas e ba­leas» fue un res­ca­te opor­tuno de Ga­la­xia.

—Sí, de Fran­cis­co Cas­tro. Sa­ber que la ini­cia­ti­va sur­gió de es­ta gen­te, y que en la pre­sen­ta­ción me acom­pa­ña­se un poe­ta co­mo Is­mael Ra­mos... tan jo­ven, de 24 años. Me di­jo su edad el otro día en Nu­max ¡y no me lo creía! Es un chi­co de la edad de mis hi­jos...

—Pa­re­ce men­ti­ra que ten­ga hi­jos tan ma­yo­res...

—Ja­ja. Por­que yo soy una ni­ña ade­más, ¿ver­dad? Me ha­ce una ilu­sión do­ble que Ba­leas vuel­va de nue­vo al es­ca­pa­ra­te de es­ta ma­ne­ra.

—La poe­sía en Ga­li­cia tie­ne po­ten­cial, un re­le­vo de vo­ces in­tere­san­tes.

—Sí, y es­ta siem­pre ha si­do la tó­ni­ca en la poe­sía en ga­lle­go, la del re­le­vo, es co­mo una ca­de­na siem­pre en mar­cha que es­tá en­gra­sa­da, que fun­cio­na.

—De pe­que­ña se veía ya co­mo es­cri­to­ra, con­fe­só a La Voz.

—Yo em­pe­cé a ima­gi­nar­me en ese pa­pel en el co­le­gio, con 12 años. In­clu­so an­tes. Y es al­go que tie­ne que ver con lo que lees. Ac­ce­dí a las le­tras gran­des a tra­vés de la li­te­ra­tu­ra ga­lle­ga. A los 12 años me co­no­cía to­do lo que se ha­bía es­cri­to en ga­lle­go y más, gra­cias a un pre­mio del co­le­gio en for­ma de di­ne­ro can­jea­ble por li­bros. Me em­pa­pé de las his­to­ria de Ca­sa­res, Al­fre­do Conde, Mar­ga­ri­ta Ledo An­dión, Frei­xa­nes, Cun­quei­ro, Fo­le, la ge­ne­ra­ción to­da de los 50... No eran lec­tu­ras de pro­gra­ma, eran li­bros que es­ta­ban en las li­bre­rías de mi pue­blo. Te es­toy ha­blan­do del año 79, o del 80, un mo­men­to muy bueno en la ac­ti­vi­dad li­te­ra­ria en Ga­li­cia, tam­bién por el mo­men­to po­lí­ti­co. Aque­llos años del Es­ta­tu­to y de la for­ma­ción del Go­bierno au­tó­no­mo. Son ade­más los años en que el ga­lle­go em­pie­za a ser una asig­na­tu­ra en el ins­ti­tu­to. Yo soy jus­to de

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