NUREYEV EN­SA­YA CON SU GRAN AMOR

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - LO ÚLTIMO -

Di­cen que nun­ca fue tierno con nin­guno de sus aman­tes. Sal­vo con él. Qui­zá Erik Bruhn su­po en­se­ñar­le y trans­mi­tir­le en la ca­ma lo mis­mo que fue­ra de ella: sua­vi­dad, li­ge­re­za, re­fi­na­mien­to. Era da­nés, nue­ve años ma­yor y tam­bién bai­la­rín. Nureyev se que­dó asom­bra­do al ver una de sus ac­tua­cio­nes cuan­do aun vi­vía en la Unión So­vié­ti­ca. Has­ta el pun­to de ju­rar­se a sí mis­mo que si al­gún día lo­gra­ba es­ca­par, via­ja­ría has­ta don­de fue­ra pa­ra co­no­cer­le y apren­der de él. Y eso fue lo que hi­zo. En 1961, pri­me­ro pro­ta­go­ni­zó una de las más fa­mo­sas y me­diá­ti­cas de­ser­cio­nes de la Gue­rra Fría al sa­lir co­rrien­do por una pis­ta del ae­ro­puer­to de Pa­rís mien­tras gri­ta­ba «quie­ro ser li­bre». Des­pués, lo­gró al fin su sue­ño y se en­con­tró en Di­na­mar­ca con su ído­lo. Em­pe­za­ron a en­sa­yar to­dos los días jun­tos y el amor sur­gió ca­si de for­ma in­me­dia­ta. Nureyev, in­clu­so, hi­zo lo inima­gi­na­ble en al­guien tan per­fec­cio­nis­ta y am­bi­cio­so co­mo él: can­ce­ló una gi­ra por Aus­tra­lia pa­ra no se­pa­rar­se de Bruhn. Aun­que la re­la­ción no fue fá­cil y es­tu­vo lle­na de idas y ve­ni­das. Una co­sa era sua­vi­zar al ge­nial e im­pul­si­vo ru­so y otra muy dis­tin­ta, do­mar­le. Am­bos re­vo­lu­cio­na­ron la dan­za con­tem­po­rá­nea, se con­vir­tie­ron en ami­gos, com­pa­ñe­ros y aman­tes, y, de una for­ma u otra, si­guie­ron vin­cu­la­dos más de 25 años, has­ta la muer­te de Bruhn en 1986. Se pu­bli­có en­ton­ces que la cau­sa fue un cán­cer de pul­món, aun­que pa­re­ce que pu­do tra­tar­se de si­da. Ru­dolf Nureyev mu­rió sie­te años des­pués.

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