Gra­cias a mi ma­dre ten­go cla­ro lo que quie­ro

ES­TÁ IN­TEN­TAN­DO ABRIR­SE HUE­CO EN EL MUN­DO DE LA IN­TER­PRE­TA­CIÓN. Y ESO QUE, RE­CO­NO­CE, EN UN PRI­MER MO­MEN­TO NO LE LLA­MA­BA NA­DA LA ATEN­CIÓN SE­GUIR LOS PA­SOS DE SUS PA­DRES. HA­BLA­MOS CON LA HI­JA DE LY­DIA BOSCH Y MICKY MO­LI­NA SO­BRE SU FU­TU­RO PRÓ­XI­MO.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - ACTUALIDAD - POR BEATRIZ CORTÁZAR

He­mos oí­do ha­blar de ella des­de que na­ció, pe­ro es aho­ra, a sus 25 años, cuan­do An­drea, la hi­ja de Micky Mo­li­na y Ly­dia Bosch, ha­bla en pri­me­ra per­so­na. Lo ha­ce des­cu­brién­do­se co­mo una mu­jer tre­men­da­men­te po­si­ti­va, que sa­be mi­rar ha­cia atrás sin ira y que sue­ña con en­con­trar su hue­co en el mun­do de la in­ter­pre­ta­ción. Enamo­ra­da y sin­ce­ra, lle­va el gen de los Mo­li­na, pe­ro la son­ri­sa de su ma­dre. To­da la vi­da oyen­do ha­blar de us­ted y, por fin, pue­do en­tre­vis­tar­la. ¿Qué tal lle­va lo de sen­tar­se de­lan­te del mi­cró­fono? Pues es­pe­ro que bien. He ve­ni­do co­mo ima­gen de la firma Green Coast a la pa­sa­re­la Trendcy­cle­ma­drid y lo úni­co que me po­ne ner­vio­sa es que ten­go que mon­tar en bi­ci­cle­ta y ha­ce mil años que no lo ha­go. Es­pe­ro que no se me ha­ya ol­vi­da­do. En cuan­to a mí, te di­ré que es­toy lu­chan­do por en­con­trar mi hue­co co­mo ac­triz. Es muy

du­ro y no pier­do la es­pe­ran­za, por­que soy de las que opi­nan que quien la si­gue, la con­si­gue. Has­ta la fe­cha me he que­da­do a las puer­tas de gran­des pro­yec­tos, pe­ro se­gu­ro que lo aca­bo con­si­guien­do. Su sue­ño de ser ac­triz vie­ne ava­la­do por unos pa­dres que se mue­ven en esa pro­fe­sión. Su­pon­go que to­do ayu­da. Ayu­da a la ho­ra de bus­car re­pre­sen­tan­te o te­ner pro­yec­tos de pro­mo­ción, pe­ro para tra­ba­jar en ci­ne o te­le te ase­gu­ro que na­die re­ga­la na­da. Lle­vo des­de los 19 años lu­chan­do y, a mis 25, na­die me ha da­do na­da por ser hi­ja de. Mi sen­sa­ción es que en to­dos los re­par­tos bus­can va­lo­res ya se­gu­ros y se dan po­cas opor­tu­ni­da­des a los que no so­mos co­no­ci­dos. ¿Se ha plan­tea­do sa­lir de Es­pa­ña en bus­ca de esa opor­tu­ni­dad? Ten­go la suer­te de ha­blar muy bien fran­cés e in­glés y eso me per­mi­ti­ría sa­lir fue­ra, al­go que me en­can­ta­ría, pe­ro pre­fie­ro em­pe­zar en Es­pa­ña y afian­zar­me aquí para lue­go sa­lir. Es in­creí­ble có­mo se he­re­da el ADN de los Mo­li­na, por­que guar­da un ex­tra­or­di­na­rio pa­re­ci­do con la fa­mi­lia de su pa­dre. Va­mos, que po­dría ser una de las hi­jas de Án­ge­la Mo­li­na. ¿Ha­bla con su tía? ¿Le ha da­do al­gún con­se­jo? Es un elo­gio enor­me es­to que me di­ces. El me­jor con­se­jo que me ha da­do mi fa­mi­lia, por am­bas par­tes, es que sea yo mis­ma. ¿Y có­mo es An­drea Mo­li­na? Una mu­jer ri­sue­ña, un po­co ca­be­zo­ta, al­go que pue­de ser bueno o ma­lo, se­gún se mi­re, y una per­so­na con mu­chas ga­nas de tra­ba­jar, de­mos­trar y apren­der. ¿Siem­pre tu­vo cla­ro que que­ría de­di­car­se a la in­ter­pre­ta­ción? Para na­da, es más, a mí ese mun­do no me gus­ta­ba na­da. Dis­fru­ta­ba vien­do tra­ba­jar a mi ma­dre, pe­ro re­cha­za­ba to­do lo que ha­bía al­re­de­dor. Creo que por eso he tar­da­do tan­to tiem­po en de­ci­dir­me, por­que me da­ba mu­cho res­pe­to. ¿Qué era lo que le da­ba tan­to mie­do o res­pe­to? La crí­ti­ca, los me­dios de co­mu­ni­ca­ción, el es­tar ex­pues­ta de­lan­te de to­dos... Eso no siem­pre gus­ta. Pe­ro, al fi­nal, hay que dar el pa­so y lan­zar­se para apren­der a vo­lar. Es en eso, pre­ci­sa­men­te, en lo que es­toy aho­ra. Igual en esos mie­dos hay al­go de su pa­sa­do que no quie­ra re­mo­ver. Tal vez la se­pa­ra­ción de sus pa­dres le afec­tó. No me gus­ta mi­rar al pa­sa­do. No me arre­pien­to de na­da de lo que he vi­vi­do, por­que soy fru­to de to­do ello, pe­ro pre­fie­ro vi­vir el mo­men­to. Tam­po­co pien­so en el fu­tu­ro, por­que si te es­tan­cas en la in­cer­ti­dum­bre, no dis­fru­tas. De­cían que era una ado­les­cen­te muy re­bel­de. No creas... Aho­ra, com­pa­rán­do­me con mis her­ma­nos, pien­so que no lo he si­do tan­to (ri­sas).

¿Có­mo es la re­la­ción con sus her­ma­nos pe­que­ños? Bue­ní­si­ma. Me en­can­tan los ni­ños y, fí­ja­te, que has­ta es­toy es­tu­dian­do Ma­gis­te­rio. Ya es­toy en se­gun­do año y, en es­te mo­men­to, es­toy rea­li­zan­do las prác­ti­cas en un co­le­gio. Te ase­gu­ro que me en­can­ta, des­de muy pe­que­ña soy muy ma­má. A los ni­ños hay que mar­car­les los lí­mi­tes, de la mis­ma ma­ne­ra que mi ma­dre me los mar­có a mí. ¿Có­mo es Ly­dia Bosch co­mo ma­dre? Ma­ra­vi­llo­sa. Agra­dez­co mu­cho to­do lo que no me ha per­mi­ti­do ha­cer o el con­trol que te­nía so­bre mis amis­ta­des, aun­que en su día no lo en­ten­die­ra. Gra­cias a ella hoy ten­go to­do muy cla­ro y sé per­fec­ta­men­te lo que quie­ro y lo que no. Por eso, te ase­gu­ro que la veo co­mo una ma­dre ma­ra­vi­llo­sa. ¿Le gus­ta­ría in­de­pen­di­zar­se ya o se vi­ve muy bien en ca­sa de ma­má? Es­toy muy bien, pe­ro es ver­dad que es­toy ro­zan­do la edad en la que hay que em­pe­zar a vo­lar. En su día vi­vie­ron un ca­pi­tu­lo muy amar­go por el que ella aca­bó en los tribunales con su ex­ma­ri­do. La Jus­ti­cia ar­chi­vó y re­cha­zó las de­man­das que le pu­sie­ron en las que us­ted era una par­te ac­ti­va. Pa­sa­dos los años, ¿quie­re acla­rar al­go de to­do aque­llo? En­tien­do que me pre­gun­tes, pe­ro nun­ca he ha­bla­do de es­te te­ma. Y eso que se han di­cho mu­chas co­sas. ¿Cree que al­gún día es­ta­rá pre­pa­ra­da para ha­blar­lo o pre­fie­re pa­sar pá­gi­na y ol­vi­dar? No ten­go ne­ce­si­dad de ha­blar na­da, por­que ya lo he he­cho con las per­so­nas que quie­ro y me quie­ren. No ten­go que dar nin­gu­na ex­pli­ca­ción a quien no me co­no­ce o no es­tá cer­ca. Los que sí han es­ta­do sa­ben to­do per­fec­ta­men­te por mí. A sus 25 años, ¿se pue­de de­cir que ya ha co­no­ci­do al amor de su vi­da o ese es un ca­pí­tu­lo por es­cri­bir? Hoy por hoy no me pue­do que­jar. He que­ri­do mu­cho en mis an­te­rio­res re­la­cio­nes, pe­ro ha lle­ga­do una per­so­na a mi vi­da que me ha en­se­ña­do a que­rer bien y a que­rer­me a mí mis­ma. Y, so­bre to­do, he apren­di­do una par­te del amor que no co­no­cía. Lle­va­mos mas de un año, es el gui­ta­rris­ta del gru­po de mú­si­ca Mar­lon (José Lucena) y es una per­so­na ma­ra­vi­llo­sa. Soy la ‘gru­pi’ y le apo­yo en to­do lo que pue­do. ¿A quién le da las gra­cias por to­do lo que tie­ne? Le doy gra­cias a la vi­da por to­do, in­clu­so por las ton­te­rías. Creo que, cuan­to mas agra­de­ces, más te re­com­pen­sa la vi­da. Me­ter­te en un círcu­lo ne­ga­ti­vo so­lo trae co­sas ma­las. Mi ma­dre me ha en­se­ña­do a ser así de po­si­ti­va. ¿Qué es lo que le preo­cu­pa hoy? In­ten­to no preo­cu­par­me por ab­so­lu­ta­men­te na­da, ya que con­fío en que to­do sal­drá bien. El pen­sa­mien­to po­si­ti­vo te ayu­da a con­se­guir­lo. De jo­ven­ci­ta era mu­cho más ne­ga­ti­va, he cam­bia­do ab­so­lu­ta­men­te. ¿Có­mo es la re­la­ción en es­tos mo­men­tos con su pa­dre, Micky Mo­li­na? Es un te­ma del que pre­fie­ro no ha­blar, pe­ro sí te di­ré que to­do es­tá bien.

FOTOS M. VA­QUE­RO

“Lle­vo más de un año con el gui­ta­rris­ta del gru­po Mar­lon (José Lucena) y es una per­so­na ma­ra­vi­llo­sa”.

“Me en­can­tan los ni­ños. Es­toy en se­gun­do año de Ma­gis­te­rio”.

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