TRUMP SE­DU­CE A LOS GI­GAN­TES DE WALL STREET CON SUS PRO­PUES­TAS

Al di­ne­ro le gus­ta Do­nald Trump; no hay más que ver có­mo han subido las co­ti­za­cio­nes de los ti­ta­nes del par­qué des­de su lle­ga­da El Dow Jo­nes se pa­sea por la zo­na de má­xi­mos his­tó­ri­cos

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - PORTADA - Mer­ce­des Mo­ra

Mien­tras una par­te del mun­do se es­can­da­li­za con las ocu­rren­cias de Trump, otra ce­le­bra sus ideas. Es Wall Street, un icono del ca­pi­ta­lis­mo, cu­yas co­ti­za­cio­nes no pa­ran de su­bir des­de su lle­ga­da a la Ca­sa Blan­ca.

An­da me­dio mun­do con el co­ra­zón en un pu­ño des­de que Do­nald Trump mo­ra en la Ca­sa Blan­ca. Pen­dien­te de cuál se­rá la pró­xi­ma ocu­rren­cia del pre­si­den­te por si hay que echar­se a tem­blar. Otra vez.

Pe­ro, por ra­ro que a al­gu­nos les pue­da pa­re­cer, no es ese un te­mor ge­ne­ral. Por­que exis­te un lugar en la tie­rra, don­de ca­si to­do lo he­cho —más bien pro­me­ti­do— por Trump des­de su lle­ga­da ha caí­do co­mo llo­vi­do del cie­lo. Y no es ese un si­tio cual­quie­ra. Es Wall Street. Pa­la­bras ma­yo­res.

Ha­blan de ello, y muy cla­ro, los nú­me­ros. Esos que nun­ca mien­ten. An­tes de Trump, el Dow Jo­nes, el prin­ci­pal in­di­ca­dor de la me­ca del ca­pi­ta­lis­mo, ron­da­ba los 17.900 pun­tos. Aho­ra es­tá 3.000 pun­tos más arri­ba. Ha ga­na­do un 17 % a lo­mos de lo que en la jer­ga de los ana­lis­tas se co­no­ce ya co­mo el efec­to Trump. In­clu­so ha lle­ga­do a su­pe­rar la ba­rre­ra de los 21.000. Lo nun­ca vis­to.

Pe­ro, ¿qué es lo que ha he­cho el po­lé­mi­co pre­si­den­te es­ta­dou­ni­den­se para ga­nar­se el aplau­so del mer­ca­do? Él, que du­ran­te la cam­pa­ña pro­me­tió con­ver­tir­se en la peor pesadilla de Wall Street. ¿Qué es lo que ha cam­bia­do para que aho­ra apa­rez­ca co­mo su prin­ci­pal va­le­dor? Va­rias co­sas. Por par­tes:

Va­ya por de­lan­te que lo que al di­ne­ro le im­por­ta no es el dis­cur­so po­lí­ti­co de Trump —ese con el que bue­na par­te del mun­do se lle­va las ma­nos a la ca­be­za ca­da vez que ha­bla—, sino el eco­nó­mi­co. Y es Wall Street, so­bre to­do, una bol­sa in­dus­trial. No tan fi­nan­cie­ra, por ejem­plo, co­mo la City de Londres. Lo que co­ti­za en el Dow Jo­nes es la economía real. Y a esa, la re­ba­ja ge­ne­ra­li­za­da de im­pues­tos, las va­ca­cio­nes fis­ca­les para que las em­pre­sas trai­gan de vuel­ta los al­re­de­dor de tres bi­llo­nes de dó­la­res que tie­nen en pa­raí­sos fis­ca­les, el ta­jo al im­pues­to de so­cie­da­des y la bi­llo­na­ria in­ver­sión en in­fra­es­truc­tu­ras que ha pro­me­ti­do el pre­si­den­te, le vie­ne que ni pin­ta­da. Cier­to es que el gi­ro pro­tec­cio­nis­ta que re­zu­ma su dis­cur­so preo­cu­pa. Pe­ro, de mo­men­to, pe­sa más lo otro.

Ade­más de eso, las va­cas sa­gra­das de Wall Street, el se­lec­to gru­po en el que Trump ha pescado al­gu­nos de los pe­ces más gor­dos de su equi­po eco­nó­mi­co, em­pe­zan­do por el di­rec­tor del Con­se­jo Eco­nó­mi­co Na­cio­nal, Gary Cohn —ex nú­me­ro dos de Gold­man Sachs, ahí es na­da— es­tán co­mo cas­ta­ñue­las. Y no es para me­nos. Ce­le­bran el des­man­te­la­mien­to de la ley Dodd Frank. Aque­lla que pu­so en mar­cha su an­te­ce­sor con la in­ten­ción de que nun­ca más se pro­du­je­ra otro Leh­man. No cree el nue­vo pre­si­den­te que se va­ya a re­pe­tir eso de la cri­sis fi­nan­cie­ra que to­do lo inun­dó en el 2008. Y por eso se ha pro­pues­to de­rri­bar los mu­ros que en su día le­van­tó Oba­ma para man­te­ner a raya a los gran­des ban­cos y evi­tar abu­sos. Es­tá con­ven­ci­do Trump de que el ex­ce­so de re­gu­la­ción afec­ta a los ne­go­cios.

Así que aho­ra re­sul­ta que los gran­des ti­ta­nes de Wall Street a los que tan­to de­mo­ni­zó du­ran­te la cam­pa­ña por ha­ber con­du­ci­do al país —al mun­do en­te­ro— al desas­tre,

acu­sán­do­los in­clu­so de co­rrom­per el sis­te­ma po­lí­ti­co, son los que más ta­ja­da van a sa­car del cam­bio de pre­si­den­te. Se fro­tan las ma­nos, que para eso las tie­nen otra vez li­bres. No hay más que ver la ale­gría con la que han subido las co­ti­za­cio­nes de los gran­des ban­cos en los es­ca­sos dos me­ses que lle­va Trump en la Ca­sa Blan­ca. So­lo un apun­te: la co­ti­za­ción de Gold­man Sachs, ese que di­cen que go­bier­na el mun­do en la som­bra, se mue­ve a sus an­chas en la zo­na de má­xi­mos his­tó­ri­cos. Y su­bien­do.

Ame­ri­can first, sí; pe­ro Wall Street, tam­bién.

En cual­quier ca­so, no to­do es mé­ri­to de Trump. Por­que el dul­ce mo­men­to que vi­ve la bol­sa es­ta­dou­ni­den­se es fru­to tam­bién, y so­bre to­do, de la si­tua­ción por la que atra­vie­sa la pri­me­ra economía del pla­ne­ta. Dis­fru­ta del pleno em­pleo y de un cre­ci­mien­to sos­te­ni­do que du­ra ya seis años. Len­to, sí, pe­ro cons­tan­te.

Fal­ta por ver si eso que los ana­lis­tas de­no­mi­nan Trum­pe­co­no­mía se­gui­rá con­ven­cien­do a los in­ver­so­res cuan­do co­mien­ce a plas­mar­se en re­for­mas y me­di­das con­cre­tas. Co­mo tam­bién es­tá por ver el im­pac­to de la subida de ti­pos de in­te­rés que aca­ba de acor­dar es­ta mis­ma se­ma­na la Re­ser­va Fe­de­ral.

Los ban­cos se fi­nan­cian con el di­ne­ro de la Fed y si es­ta les co­bra más por pres­tár­se­lo, ellos ha­rán lo pro­pio con sus clien­tes en hi­po­te­cas, tar­je­tas de cré­di­to, prés­ta­mos al con­su­mo... Sa­le más caro eso de gas­tar.

Los gran­des ban­cos, don­de Trump ha pescado par­te de los pe­ces gor­dos de su Go­bierno, se fro­tan las ma­nos

| SAUL LOEB

El Dow Jo­nes es­tá aho­ra 3.000 pun­tos por en­ci­ma de don­de es­ta­ba cuan­do lle­gó Trump.

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