LUI­SA LO­REN­ZO, DI­REC­TO­RA DE A QUIN­TA DA AUGA

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - PORTADA - Car­men García de Bur­gos

En po­co más de un año de­jó un tra­ba­jo que no la rea­li­za­ba, se ca­só, tu­vo a su pri­mer hi­jo, abrió un ho­tel y re­ci­bió la lla­ma­da del pre­si­den­te de la pres­ti­gio­sa ca­de­na de es­ta­ble­ci­mien­tos de lu­jo Re­lais&Châ­teaux pa­ra ofre­cer­le la en­tra­da. Si­gue sien­do el úni­co de Ga­li­cia que for­ma par­te de ella y, por cier­to, lo res­tau­ró su ma­dre y lo pro­mo­vie­ron sus pa­dres

Lui­sa Lo­ren­zo (Ma­drid, 1974) di­ce que lo que más le gus­ta de su vo­ca­ción es te­ner la ca­pa­ci­dad de ha­cer fe­liz a la gen­te. Son­ríe mien­tras lo di­ce, y son­ríe mien­tras re­cuer­da los ini­cios, y son­ríe cuan­do ha­bla de los mo­men­tos du­ros. Y del pre­sen­te.

—¿Es ca­paz de ex­pli­car con pa­la­bras qué es pa­ra su fa­mi­lia A Quin­ta da Auga?

—A ve­ces creo que A Quin­ta da Auga sig­ni­fi­ca un miem­bro más en la fa­mi­lia. De he­cho, a mí me ocu­rre. El ho­tel lo abri­mos la se­ma­na que di a luz a mi pri­mer hi­jo, y fue muy du­ro. Fue co­mo te­ner un hi­jo más, y dos hi­jos que te re­quie­ren dos co­sas to­tal­men­te opues­tas, ade­más.

—Uno qui­ta­ba tiem­po al otro...

—Sí, y en es­te ca­so en ese mo­men­to du­ran­te unos tres años tu­vo más tiem­po es­te miem­bro que es A Quin­ta da Auga.

—¿Se lo lle­gó a echar en ca­ra?

—Mi hi­jo no por­que era pe­que­ño, pe­ro yo a mí mis­ma sí. De­jas a tu hi­jo y ma­ri­do (es­tá­ba­mos re­cién ca­sa­dos) prác­ti­ca­men­te al mar­gen. Te­nía ex­pe­rien­cia en ges­tión de em­pre­sas, pe­ro no en una de ho­te­les ni res­tau­ran­tes. Y ges­tio­nar un equi­po tan gran­de por pri­me­ra vez y en ple­na cri­sis era una res­pon­sa­bi­li­dad muy gran­de, por­que al fi­nal to­das las ilu­sio­nes y el pa­tri­mo­nio de la fa­mi­lia es­ta­ban ahí pues­tos.

—Cuan­do sus pa­dres le anun­cia­ron que se lan­za­ban a por to­das a es­te pro­yec­to, ¿cuán­tas ve­ces se le pa­só por la ca­be­za la pa­la­bra «lo­cu­ra»?

—Nin­gu­na. De ver­dad. Yo tam­bién soy muy lan­za­da, era un pro­yec­to que me pa­re­cía pre­cio­so y com­par­tía mu­chas ilu­sio­nes con ellos, en el sen­ti­do de que me en­can­ta via­jar y es­te ti­po de ho­te­les. Yo en ese mo­men­to es­ta­ba ha­cien­do un tra­ba­jo que no me sa­tis­fa­cía ple­na­men­te, y se me ha­bía pa­sa­do al­gu­na vez por la ca­be­za te­ner un pe­que­ñi­to ho­tel. Pe­que­ñi­to, no es­to (ríe). Y es un sec­tor que me atraía y me si­gue atra­yen­do mu­chí­si­mo. Ver a la gen­te fe­liz y ha­cer­la fe­liz me gus­ta. Y creo que aquí la gen­te es muy fe­liz. En ese mo­men­to no lo vi co­mo lo­cu­ra, pe­ro el día que abri­mos, cuan­do me vi con mi ma­ri­do, que se aca­ba­ba de ve­nir de Ma­drid y un re­cién na­ci­do, y yo tra­ba­jan­do 26 ho­ras al día, con un ni­vel de es­trés tre­men­do, en ple­na cri­sis, ahí sí que no me qui­ta­ba la pa­la­bra lo­cu­ra de la ca­be­za.

—¿Cuán­do en­tra­ron a for­mar par­te de Re­lais&Châ­teaux?

—Abri­mos en el 2009 y con­se­gui­mos en­trar en el 2010, que fue al­go muy ex­cep­cio­nal. Yo iba a fe­rias y le con­ta­ba que no­so­tros es­ta­mos ha­cien­do un ho­tel co­mo los Re­lais&Châ­teaux y me de­cía: «Cuan­do us­ted abra, vuel­va», y no me ha­cían ni ca­so. No te­nía ni fo­tos ni na­da, con lo po­co que te­nía iba con­tan­do el pro­yec­to. Y un año des­pués de abrir se alo­jó aquí un di­rec­tor de un ho­tel que per­te­ne­cía a Re­lais&Châ­teaux y le gus­tó mu­cho y le pa­re­ció que era es­ta­ble­ci­mien­to R&C ab­so­lu­to, y lo ha­bló con el pro­pie­ta­rio y es­te con el pre­si­den­te de R&C, que en­ton­ces era es­pa­ñol. Y un buen día re­ci­bi­mos una lla­ma­da del pre­si­den­te de R&C y yo creía que me es­ta­ban ha­cien­do una bro­ma. La vi­da de re­pen­te te po­ne ahí de­lan­te lo que tan­to has pe­di­do.

—¿Qué cree que le con­quis­tó?

—Pri­me­ro por el si­tio, es un edi­fi­cio im­pre­sio­nan­te del si­glo XVIII, con un en­torno espectacular pa­ra es­tar tan cer­ca de la ciu­dad. Y los de­ta­lles. Por den­tro y por fue­ra. Más que un ho­tel pa­re­ce nues­tra re­si­den­cia, y es­to ge­ne­ra un cli­ma de ca­li­dez. Pe­ro lo más bo­ni­to es­tá en las per­so­nas. Tenemos la po­si­bi­li­dad de cam­biar el es­ta­do de las per­so­nas, siem­pre pa­ra bien.

| SAN­DRA ALONSO

Lui­sa Lo­ren­zo di­ce que A Quin­ta da Auga es uno más de la fa­mi­lia

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