La vi­da en ma­nos de los ro­bots

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - ACTUALIDAD - Ma­nuel Blan­co

Que la eco­no­mía es una cien­cia inexac­ta e im­pre­ci­sa es al­go que nos de­jó cla­ro la cri­sis. Lo sa­bía­mos en reali­dad des­de mu­cho an­tes. Y lo sa­bía bien Harry Tru­man cuan­do, frus­tra­do, le es­pe­ta­ba a sus ase­so­res eco­nó­mi­cos aque­llo de «traed­me un man­co». El pre­si­den­te es­ta­dou­ni­den­se mon­ta­ba en có­le­ra ca­da vez que sus co­la­bo­ra­do­res se po­nían a di­bu­jar es­ce­na­rios an­te un mis­mo con­tra­tiem­po. En es­ta mano pa­sa­ría es­to, en la otra, es­to otro, so­lían de­cir­le. Tru­man que­ría cer­te­zas que la eco­no­mía le ne­ga­ba.

Cons­cien­tes de es­te ca­rác­ter in­cier­to, de un tiem­po a es­ta par­te las al­tas fi­nan­zas se han pro­pues­to ate­nuar el fac­tor hu­mano del ne­go­cio. Su lu­gar se­ría sus­ti­tui­do por las má­qui­nas. El Gor­don Gek­ko de Wall Street, aquel in­sa­cia­ble bro­ker de tra­je ita­liano y mo­ca­si­nes del trin­que, tie­ne sus días con­ta­dos. Sus co­le­gas se di­ri­gen irre­me­dia­ble­men­te hacia la ju­bi­la­ción por len­tos y po­co fia­bles. Las in­ver­sio­nes es­tán aho­ra en ma­nos de al­go­rit­mos. Ce­ros y unos que as­pi­ran a pre­de­cir el fu­tu­ro de una mo­ne­da o de una ac­ción y que, por el camino, en mu­chas oca­sio­nes de­ci­den el des­tino de un país, de sus per­so­nas. La vi­da en ma­nos de los ro­bots. Cual­quie­ra di­ría que se tra­ta de una pe­sa­di­lla or­we­llia­na.

La eco­no­mía la­te hoy en na­no­se­gun­dos, una mar­ca inac­ce­si­ble pa­ra la men­te hu­ma­na. Ese es el tiem­po que un al­go­rit­mo tar­da en pa­rir sus va­ti­ci­nios y pro­ce­sar mi­les de ór­de­nes de com­pra o ven­ta. Ocu­rre que la má­qui­na pue­de lle­gar a ser tan ab­sur­da e im­pre­ci­sa co­mo el ho­mo sa­piens, desatan­do así un caos que pon­ga en un bre­te el por­ve­nir de una empresa o un país. Co­mo le su­ce­dió ha­ce unos me­ses al Reino Uni­do, que vio có­mo la co­ti­za­ción de la li­bra des­fa­lle­cía has­ta ni­ve­les his­tó­ri­cos al pa­re­cer por un error de uno de esos di­cho­sos cálcu­los. La cri­sis ape­nas du­ró unas ho­ras, pe­ro el in­ci­den­te que­dó ahí la­ten­te.

Ve­re­mos qué nos de­pa­ra el fu­tu­ro. Pe­ro mien­tras, no es­ta­ría de más re­cor­dar el avi­so de Mark Twain: «Exis­ten tres ti­pos de men­ti­ras: las men­ti­ras, las mal­di­tas men­ti­ras y las es­ta­dís­ti­cas».

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