Sin no­ti­cias de la re­cu­pe­ra­ción o apo­ro­fo­bia eco­nó­mi­ca

En­tre los años 2007 y 2016, el 10 % más po­bre de la so­cie­dad es­pa­ño­la vio dis­mi­nuir su par­ti­ci­pa­ción en la ren­ta na­cio­nal en un 17 % mien­tras el 10 % más ri­co la ele­va­ba en un 5 %. Los úl­ti­mos in­for­mes de oe­ne­gés re­cla­man me­di­das ac­ti­vas pa­ra ate­nuar es­ta

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - ACTUALIDAD - Xo­sé Cuns

Es ofi­cial. La cri­sis ha que­da­do atrás y la re­cu­pe­ra­ción eco­nó­mi­ca es un he­cho. Es in­clu­so an­ti­pa­trio­ta no re­co­no­cer­lo así, aun­que no sea cier­to. Mien­tras no se su­pere una concepción apo­ro­fó­bi­ca de la eco­no­mía y en las pre­vi­sio­nes ma­cro­eco­nó­mi­cas no fi­gu­ren ob­je­ti­vos y da­tos de re­duc­ción de po­bre­za y de­sigual­dad, se agra­de­cen in­for­mes co­mo el re­cien­te de Ox­fam In­ter­mon: La re­cu­pe­ra­ción eco­nó­mi­ca, en ma­nos de una mi­no­ría.

Es­pa­ña es el país de la Unión Eu­ro­pea don­de más ha cre­ci­do la de­sigual­dad des­de el año 2007. Tan­to la cri­sis eco­nó­mi­ca co­mo la pre­ten­di­da re­cu­pe­ra­ción la han pa­ga­do y la si­guen pa­gan­do las per­so­nas más po­bres. Y de una for­ma nun­ca vis­ta en los úl­ti­mos 40 años.

En­tre el 2007 y el 2016, mien­tras que el 10 % más po­bre vio dis­mi­nuir su par­ti­ci­pa­ción en la ren­ta na­cio­nal en un 17 %, el 10 % más ri­co la in­cre­men­tó en un 5 %.

En­tre el 2013 y el 2016, 29 de ca­da cien eu­ros pro­ve­nien­tes del cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co fue­ron a pa­rar al 10 % con ren­tas más altas, mien­tras que tan so­lo 8 de ca­da cien ter­mi­na­ron en ma­nos del 10 % más po­bre. Cua­tro ve­ces más. Una bre­cha de de­sigual­dad que se agran­da si po­ne­mos el fo­co en mu­je­res y jó­ve­nes.

Seis gran­des fac­to­res mo­ti­van el desplome de las ren­tas más ba­jas. Afron­tar­los de­be­ría ser la ba­se de cual­quier po­lí­ti­ca eco­nó­mi­ca no apo­ro­fó­bi­ca que ase­gu­re el de­sa­rro­llo del país.

La re­duc­ción del des­em­pleo se es­tá rea­li­zan­do a cos­ta de la pre­ca­ri­za­ción de las con­di­cio­nes la­bo­ra­les. Des­de el 2009, el pe­so de la re­mu­ne­ra­ción sa­la­rial en la dis­tri­bu­ción del PIB ha caí­do en cua­tro pun­tos. Mien­tras los be­ne­fi­cios em­pre­sa­ria­les cre­cie­ron un 200,7 % en el 2016, el cos­te la­bo­ral por tra­ba­ja­dor es­tá es­tan­ca­do des­de el 2012.

Es­ta fal­ta de competencia, ade­más de su­po­ner una ba­rre­ra de en­tra­da no­ta­ble pa­ra pe­que­ñas y me­dia­nas em­pre­sas, pro­vo­ca que los pre­cios de mu­chos bie­nes y ser­vi­cios sean más ele­va­dos, de­tra­yen­do ren­ta de los hogares e inu­ti­li­zan­do po­lí­ti­cas so­cia­les.

El 43,3 % de los arren­da­ta­rios des­ti­nan más del 40 % de sus in­gre­sos a pa­gar el al­qui­ler, cuan­do la me­dia eu­ro­pea es del 27 %. Es­pa­ña es uno de los paí­ses eu­ro­peos con me­nor por­cen­ta­je de vi­vien­da so­cial: un 1,1 % fren­te al 32 % de Ho­lan­da o el 17 % de Fran­cia.

las fa­mi­lias so­por­tan un pe­so des­pro­por­cio­na­do de los im­pues­tos, so­bre to­do in­di­rec­tos, y per­ci­ben mu­chas me­nos trans­fe­ren­cias so­cia­les. En el 2014, el 20 % de la po­bla­ción más po­bre pa­gó un 29 % de su ren­ta en im­pues­tos, una ci­fra so­lo su­pe­ra­da por el 10 % más ri­co.

El te­cho de cristal, o me­jor el sue­lo pe­ga­jo­so, que pa­ra­li­za­rá el as­cen­sor so­cial pa­ra los niños y ni­ñas más vul­ne­ra­bles se mues­tra en múl­ti­ples de­ta­lles. Na­cer po­bre im­pli­ca hi­po­te­car la vi­da y pro­ba­ble­men­te tam­bién la del 80 % de hi­jos y nie­tos.

Es­pa­ña es jun­to a Ita­lia el país en el que las pres­ta­cio­nes me­nos ayu­dan a las ren­tas ba­jas, se­gún la Co­mi­sión Eu­ro­pea y el que me­nos por­cen­ta­je de su PIB de­di­ca a la pro­tec­ción so­cial de fa­mi­lia e in­fan­cia: el 0,5 % fren­te al 1,6 % de me­dia (Uni­cef, 2015). El 20,4 % de las trans­fe­ren­cias pú­bli­cas va a pa­rar al 10 % más ri­co de la po­bla­ción, mien­tras que el 10 % más po­bre so­lo per­ci­be el 4 % (OCDE).

Más allá de pen­sio­nes o pres­ta­ción por des­em­pleo, no exis­te una po­lí­ti­ca es­ta­tal de pro­tec­ción de ren­tas o ga­ran­tía de in­gre­sos. El úl­ti­mo re­cur­so pa­ra los hogares en po­bre­za se­ve­ra son las ren­tas mí­ni­mas de in­ser­ción, una red de pro­tec­ción frag­men­ta­da por comunidades, con ba­jas cuan­tías y re­qui­si­tos bu­ro­crá­ti­cos ex­tre­mos y ba­sa­dos en la sos­pe­cha.

Y no se­rá por mo­de­los de éxi­to. Sin las pen­sio­nes de ju­bi­la­ción, ocho de ca­da diez per­so­nas ma­yo­res de 64 años es­ta­rían en la po­bre­za. Con ellas, es­ta ci­fra se re­du­ce al 11 %.

Ox­fam In­ter­mon pro­po­ne más de 40 me­di­das pa­ra un plan na­cio­nal de re­duc­ción de la de­sigual­dad. Qui­zá ha­bría que em­pe­zar por me­nos ape­la­cio­nes a la pa­tria y más al Es­ta­do so­cial y de de­re­cho.

La fal­ta de competencia en sec­to­res cla­ve inu­ti­li­za al­gu­nas de las po­lí­ti­cas so­cia­les

Es­pa­ña es, con Ita­lia, el país de la UE que me­nos re­cur­sos de­di­ca a la pro­tec­ción so­cial

XO­SÉ CUNS es ex­per­to en de­sigual­dad y po­bre­za.

| XOÁN CAR­LOS GIL

Vigo es una de las ciu­da­des es­pa­ño­las don­de los ac­ti­vis­tas han acam­pa­do con­tra las de­sigual­da­des.

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