DA­VID CHE­CA

EL MÍ­TI­CO CIR­CUI­TO DE LE MANS CO­RO­NÓ A UNO DE LOS RE­FE­REN­TES DEL MO­TO­CI­CLIS­MO DE RE­SIS­TEN­CIA DE LOS ÚLTIMOS AÑOS. EL HER­MANO DE CARLOS CHE­CA COM­PAR­TE SU EX­PE­RIEN­CIA AN­TES DEL ASAL­TO A SU TER­CER MUN­DIAL DE LA MO­DA­LI­DAD.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Motor - - PORTADA - Por Pa­blo Gó­mez

En­tre­vis­ta ex­clu­si­va al re­cien­te ga­na­dor de las 24 Ho­ras de Le Mans de mo­to­ci­clis­mo y que tam­bién com­pi­te en el mun­dial de re­sis­ten­cia.

Re­sis­te más y me­jor que na­die. Lo ha de­mos­tra­do en el cir­cui­to fe­ti­che de es­ta mo­da­li­dad de los de­por­tes de mo­tor. La es­tra­te­gia de Da­vid Che­ca (San Fruc­tuo­so de Ba­ges, Bar­ce­lo­na, 1980) es el seny y eso trans­mi­te en ca­da pa­la­bra.

—¿Có­mo se en­cuen­tra a es­tas al­tu­ras? —La re­sis­ten­cia es bo­ni­ta por­que es un tra­ba­jo de equi­po. Aca­bas can­sa­do, he­cho pol­vo. Pe­ro sa­bes que has he­cho es­fuer­zos por tus com­pa­ñe­ros, por­que si no ha­ces lo má­xi­mo pa­re­ce que les fa­llas a ellos. No tie­nes ga­nas ni fuer­zas, y con­si­gues lo que no ha­rías so­lo. Es la úni­ca mo­da­li­dad que te da eso. La re­sis­ten­cia, apar­te de de­por­te, es fa­mi­lia. Una vi­ven­cia úni­ca e in­creí­ble.

—¿Y có­mo lo lle­va su fa­mi­lia real? —Tu pa­re­ja es la que más lo su­fre. No es un tra­ba­jo nor­mal, de ocho ho­ras y des­co­nec­tar. Dur­mien­do es­toy maquinando sobre la mo­to, la ca­rre­ra, mis erro­res, las sen­sa­cio­nes... es un tra­ba­jo con­ti­nuo con uno mis­mo, sobre to­do cuan­do quie­res es­tar en lo más al­to.

—Re­su­ma la vic­to­ria en Le Mans. —Aca­bas apre­ta­do. Son ca­rre­ras al es­print des­pués de lar­gas ho­ras en­ci­ma de la mo­to. Pa­ra el es­pec­ta­dor es bo­ni­to, por­que nor­mal­men­te el pri­me­ro aca­ba a va­rias vuel­tas del se­gun­do. Yo soy co­rre­dor y re­co­noz­co que tra­gar­se 24 ho­ras de una ca­rre­ra es com­pli­ca­do. O te gus­ta mu­cho, o no lo aguan­tas. Mis alle­ga­dos me vi­nie­ron a ver a Le Mans y les en­can­tó, pe­ro en España hay po­ca cul­tu­ra de mo­to­ci­clis­mo de re­sis­ten­cia, co­mo tam­po­co hay ca­rre­ras de al­to ni­vel. Sin em­bar­go, en mi ca­te­go­ría hay pi­lo­tos que no han en­con­tra­do su si­tio en el Mun­dial de Mo­toGP y mu­chos otros de al­to ni­vel. —¿Qué ima­gen te­nía us­ted de la re­sis­ten­cia an­tes de com­pe­tir en ella? —Pues no la co­no­cía mu­cho, la ver­dad. Co­no­cía las 24 Ho­ras de Le Mans y po­co más. Yo es­ta­ba en 250 c.c. co­mo su­plen­te de Pu­niet y en el 2003 tu­ve la suer­te de unir­me a un gran equi­po en Ara­gón. Tras un gran de­but, par­ti­ci­pé en el Mun­dial de Su­per­bi­kes con una wild card en la 2005-2006, que com­pa­gi­na­ba con el Mun­dial de re­sis­ten­cia. Y ahí ya es­ta­ba en­gan­cha­do. Pe­ro si no ha­ces ve­lo­ci­dad al mis­mo tiem­po, pier­des el rit­mo. Yo lo com­pa­gino con el cam­peo­na­to fran­cés por­que a mí me da la ve­lo­ci­dad que me fal­ta­ba en las prue­bas de re­sis­ten­cia y fui el pri­mer es­pa­ñol en ga­nar­lo.

—¿Có­mo cam­bia el chip?

—Es muy bueno com­pa­gi­nar­lo y el tra­ba­jo que ha­go en el cam­peo­na­to fran­cés es muy im­por­tan­te. Pe­ro si me das a ele­gir, me que­do con la re­sis­ten­cia. Me lo pa­so bien por­que su­fro. Mi cuer­po y mi men­te lle­gan a unos ex­tre­mos que no al­can­za­rían com­pi­tien­do so­lo. Ni uno mis­mo se ima­gi­na lle­gar a esos lí­mi­tes.

—¿Có­mo adap­ta su pre­pa­ra­ción fí­si­ca de la ve­lo­ci­dad a la re­sis­ten­cia? —Ten­go que de­cir que siem­pre me he pre­pa­ra­do fí­si­ca­men­te muy bien, nun­ca he te­ni­do pro­ble­ma con eso. Pe­ro con los años apren­des más es­tra­te­gia. Aho­ra in­ten­to ana­li­zar los pri­me­ros re­le­vos pa­ra va­lo­rar có­mo ac­tuar. Don­de se de­ci­den es­tas ca­rre­ras es por la no­che. Ahí es cuan­do le pue­des me­ter has­ta un se­gun­do y pi­co a los ri­va­les. Ade­más, yo ten­go la suer­te de ver bien de no­che así que ahí aprie­to y du­ran­te el día in­ten­to con­ser­var la ven­ta­ja ob­te­ni­da. No arries­go de­ma­sia­do en ese mo­men­to, en pre­vi­sión de que pue­da sur­gir al­gún pro­ble­ma físico con al­gún compañero, co­mo su­ce­dió en Le Mans, y ha­ya que do­blar el re­le­vo. De he­cho, la ca­rre­ra de Le Mans se me hi­zo cor­ta. La mo­to fue ge­nial y las sen­sa­cio­nes, me­jor, lo que de­mues­tra que si la mo­ti­va­ción es buena, la re­sis­ten­cia se lle­va bien.

—¿Su­plir al compañero se hi­zo du­ro? —Mira, nues­tro equi­po ri­val, Yard, tam­bién era de Ya­maha. Y te­nía so­por­te de fá­bri­ca de Brid­ges­to­ne y del fa­bri­can­te. Te­nían pie­zas que no­so­tros no te­ne­mos. Y ga­na­mos. Es­to en ve­lo­ci­dad es im­po­si­ble. Pe­ro en re­sis­ten­cia, un buen equi­po téc­ni­co com­pen­sa una mo­to peor. Fui­mos un mi­nu­to más rá­pi­dos en el box. Y eso hay que arran­car­lo en la pis­ta, y com­pen­sar­lo no es fá­cil. Otra vez el equi­po. Por eso me en­can­ta la re­sis­ten­cia.

—¿Le Mans son pa­la­bras ma­yo­res? —Hay prue­bas mí­ti­cas, co­mo es­ta, o Su­zu­ka. Cuan­do te subes al má­xi­mo es­ca­lón y lo­gras es­tas co­sas... Hay po­cos que lo con­si­guen y es má­gi­co. Pe­ro es por­que ten­go unos com­pa­ñe­ros y un equi­po muy bueno.

—¿Có­mo so­por­ta la pre­sión?

—O te gus­ta o no. Es un de­por­te de má­xi­mo ries­go. Te jue­gas la vi­da. Hay com­pa­ñe­ros que se ma­tan. La gente no lo en­tien­de. Creen que es un jue­go. Na­die me obli­gó a prac­ti­car mo­to­ci­clis­mo. Mi her­mano Carlos me de­jó un día la mo­to y cuan­do me ba­jé de ella di­je: «Me en­can­ta». Tu­ve sen­sa­cio­nes que nun­ca ha­bía vi­vi­do. La sen­sa­ción de li­ber­tad, la adre­na­li­na... sen­sa­cio­nes que so­lo la mo­to me pue­de pro­por­cio­nar. Y por eso me da igual lo que me pue­da pa­sar. Ade­más, la re­sis­ten­cia me aña­de va­lo­res de equi­po, de so­li­da­ri­dad, de es­fuer­zo men­tal y físico...

—¿Có­mo asu­me el ries­go que co­rren? —Aho­ra me acuer­do del ma­lo­gra­do Da­ni Ri­vas... Yo es­ta­ba en las ocho ho­ras de Al­ba­ce­te y cuan­do me en­te­ré me que­dé sin pa­la­bras. Y pien­sas que hay que ti­rar pa­ra ade­lan­te, pe­ro que la gente de­be con­cien­ciar­se. Pien­so en los jó­ve­nes que co­rren en mo­to por­que sus pa­dres así lo quie­ren y eso es un gra­ve error. No va­le la pe­na que me­tan en pe­li­gro la vi­da de su hi­jo por una ac­ti­vi­dad que al ni­ño no le gus­ta. Que se den cuen­ta de que po­nen en pe­li­gro la vi­da de una per­so­na.

—Al ha­blar de ries­go y cul­tu­ra de de­por­tes de mo­tor me acuer­do del TT y de los ra­lis.

—Res­pe­to y com­par­to el TT pe­ro lo en­cuen­tro una lo­cu­ra con la po­ten­cia de las mo­tos que par­ti­ci­pan. Yo no po­dría ir a ver­lo. Es de­ma­sia­do ries­go y no veo la ma­ne­ra de li­mi­tar las má­qui­nas. Y si aquí la ba­rre­ra con­tra la que se cho­ca son las ca­sas, en los ra­lis son los

« Mi cuer­po y mi men­te lle­gan a unos ex­tre­mos que no al­can­za­rían com­pi­tien­do so­lo. Ni uno se ima­gi­na lle­gar a ese lí­mi­te

afi­cio­na­dos. Son co­sas muy di­fe­ren­tes, de to­dos mo­dos. En el TT se jue­ga la vi­da el pi­lo­to y el pú­bli­co. Hay que con­cien­ciar a la gente que va a ver las ca­rre­ras pa­ra que se si­túen en zo­nas se­gu­ras y to­men las pre­cau­cio­nes ne­ce­sa­rias.

—¿Quién era su re­fe­ren­te? —Nun­ca qui­se ser co­mo na­die, so­lo ha­cer­lo lo me­jor po­si­ble y se­guir me­jo­ran­do. Me fi­je en mi her­mano Carlos, por su­pues­to. Pe­ro siem­pre tu­ve la prio­ri­dad de apren­der de mis erro­res, apren­der de equi­vo­ca­cio­nes de de­ci­sio­nes que to­mé por mí mis­mo y no por­que otras per­so­nas me lo di­je­sen. Cuan­do com­pe­tía en ve­lo­ci­dad no te­nía el ma­te­rial que es­pe­ra­ba te­ner pa­ra ga­nar. Y a mí me gus­ta­ba ga­nar. En re­sis­ten­cia lo tu­ve, de mo­do que es al­go que he con­se­gui­do por mí mis­mo. En cier­to sen­ti­do yo he si­do el es­pe­jo de mí mis­mo. —¿Có­mo afron­ta su fu­tu­ro in­me­dia­to? —El Mun­dial de re­sis­ten­cia es atí­pi­co por­que co­men­zó en sep­tiem­bre del año pa­sa­do y ter­mi­na­rá en Su­zu­ka en ju­nio de es­te año. No em­pe­za­mos bien, con un no­veno pues­to, pe­ro al ga­nar en Le Mans re­cu­pe­ra­mos par­te de los pun­tos de di­fe­ren­cia con la ca­be­za de la cla­si­fi­ca­ción ge­ne­ral. Por otra par­te, han qui­ta­do del calendario la prue­ba de Por­ti­mao, lo que nos per­ju­di­ca por­que se nos da­ba bien. Aho­ra fal­tan tres ca­rre­ras pa­ra el fi­nal del Mun­dial, así que in­ten­ta­re­mos sa­lir a ga­nar y a ver si so­mos ca­pa­ces de ha­cer­nos con el tí­tu­lo al fi­nal de tem­po­ra­da. Es ver­dad que va a ser una ta­rea com­pli­ca­da, pe­ro el año pa­sa­do per­di­mos por tan so­lo un pun­to, de mo­do que eso nos de­mues­tra que pue­de pa­sar cual­quier co­sa. Des­pués de dos Mun­dia­les, el ob­je­ti­vo no pue­de ser otro que vol­ver a ga­nar. Y por mi par­te, en lo re­la­cio­na­do con el Cam­peo­na­to Fran­cés, al­go si­mi­lar. Quie­ro re­va­li­dar el tí­tu­lo, aun­que la re­sis­ten­cia es lo prin­ci­pal y es­to es un su­ple­men­to.

—¿Es ca­paz de des­co­nec­tar la mo­to? —Soy pro­fe­sio­nal y vi­vo de la mo­to. Me pa­gan pa­ra es­tar bien cuan­do se re­quie­ra: mo­to, bi­ci, trial... Cuan­do aca­bas una ca­rre­ra co­mo Le Mans, ter­mi­nas mal fí­si­ca­men­te y lo que quie­res es es­tar tran­qui­lo con la fa­mi­lia. Pe­ro no es mu­cho tiem­po. Siem­pre en­tre­nas un po­co. Y la pre­sión ya te obli­ga a vol­ver.

—¿Se des­pla­za en mo­to­ci­cle­ta? —No, lo ha­go en co­che. Con la mo­to co­rres de­ma­sia­do por la ca­rre­te­ra. Vi­vo cer­ca de París y cuan­do ten­go que ir al cen­tro, pues sí, por­que si no, los atas­cos eter­ni­zan los des­pla­za­mien­tos. Pe­ro en el pue­blo don­de vi­vo, o co­che o bi­ci. Es com­pli­ca­do ha­cer siem­pre lo mis­mo. La bi­ci me en­can­ta, el BTT, y en­ci­ma te en­tre­nas. En la mo­to es­tás to­do el año con la pre­sión de ga­nar.

Pien­so en los jó­ve­nes que co­rren en mo­to por­que sus pa­dres así lo quie­ren y con ello po­nen en pe­li­gro la vi­da de su hi­jo

FO­TO: JEAN-FRAN­CO­IS MONIER

Da­vid Che­ca (cen­tro), jun­to a sus com­pa­ñe­ros Mike Di Me­glio y Nic­co­lo Ca­ne­pa, ce­le­bra en el po­dio la vic­to­ria en Le Mans. A la iz­quier­da Christophe Gu­yot, ma­na­ger del equi­po.

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