Con CHAN­CLAS y a lo lo­co

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Entre Nosotras - www.mu­jer­hoy.com www.ju­lia­na­va­rro.com JULIA NAVARRO

ME HA LLA­MA­DO LA ATEN­CIÓN

que al­gu­nos me­dios de co­mu­ni­ca­ción ha­yan con­si­de­ra­do no­ti­cia que el di­rec­tor de ci­ne Ch­ris­top­her No­lan acu­die­ra al ro­da­je de su úl­ti­ma pe­lí­cu­la, Dunkerque, con cha­que­ta en vez de op­tar por el con­sa­bi­do “dis­fraz” de di­rec­tor de ci­ne, a sa­ber: go­rra, ca­mi­se­ta y pan­ta­lo­nes con bol­si­llos múl­ti­ples. Ha­ce ya unas cuan­tas dé­ca­das que las nor­mas en el ves­tir han sal­ta­do por lo ai­res y hoy es ha­bi­tual ver a gen­te que va al tea­tro en chán­dal, que acu­de al Con­gre­so de los Dipu­tados en ca­mi­se­ta y que pa­sea por la ciu­dad has­ta en tra­je de ba­ño. Cuan­do yo era pe­que­ña, ha­bía que se­guir de­ter­mi­na­dos có­di­gos a la hora de ves­tir. No ves­tías igual si ibas a ju­gar que si se tra­ta­ba de vi­si­tar a unas tías, acu­dir a la fies­ta de fin de cur­so del co­le­gio, ir al ci­ne o co­mer en un res­tau­ran­te con tus abue­los. Hoy da lo mis­mo don­de uno va­ya, por­que ya di­go que el per­so­nal se vis­te sin se­guir otro có­di­go que el de su gus­to per­so­nal. Sin em­bar­go, yo creo que ves­tir­se es al­go más que cu­brir­se el cuer­po. Ves­tir­se, ade­más de una ne­ce­si­dad pa­ra evi­tar el frío o el ca­lor, tie­ne sus pro­pios ri­tos. Te vis­tes con lo que te sien­tes bien y te gus­ta, pe­ro tam­bién pen­san­do en los de­más, por­que lo que te po­nes tie­ne su pro­pio sim­bo­lis­mo y, a tra­vés de él, tam­bién te co­mu­ni­cas con los otros.

ES EVI­DEN­TE QUE UNO DEBE

ves­tir­se de acuer­do con lo que ten­ga que ha­cer. Pa­ra es­tar tra­ba­jan­do en el cam­po, se ne­ce­si­ta ro­pa có­mo­da; pe­ro pa­ra tra­ba­jar, pon­go por ca­so, en una tien­da o aten­dien­do al pu­bli­co, la ro­pa amen de có­mo­da debe de te­ner en cuen­ta a los de­más. Es una cues­tión, si me apu­ran, de res­pe­to ade­más de es­té­ti­ca. Tam­bién me so­li­vian­tan esos dic­ta­do­res de la mo­da que im­po­nen ta­co­nes de 20 cen­tí­me­tros sin te­ner en cuen­ta que son in­hu­ma­nos. No se pue­de es­tar subida a unos ta­co­na­zos des­de las ocho de la mañana has­ta la no­che. Pe­ro no su­bir­se a unos ta­co­nes de esa al­tu­ra no sig­ni­fi­ca ir des­arre­gla­da. Y eso de ir de cual­quier ma­ne­ra ha lle­va­do a mu­chos hom­bres a en­fun­dar­se pan­ta­lo­nes cor­tos y chan­clas, pe­ro no pa­ra ir a la pla­ya, que es lo ra­zo­na­ble, sino pa­ra ir por la ciu­dad. Les con­fie­so que yo ja­más po­dría sen­tir in­te­rés por un hom­bre que sa­lie­ra por Ma­drid, pon­go por ca­so, con pan­ta­lo­nes cor­tos y chan­clas. Ya sé que en verano el ca­lor aprie­ta, pe­ro ver­los de es­ta gui­sa me de­ja he­la­da. Al­gu­nos in­clu­so lu­cen pier­nas de­pi­la­das cual po­llos des­plu­ma­dos, lo que me pro­vo­ca aún más re­pe­lús. Yo creo que, a la hora de ves­tir­se, uno debe te­ner en cuen­ta dón­de es­tá y dón­de va, amén de qué edad tie­ne. Ver a chi­cos jó­ve­nes en pan­ta­lón cor­to y de­por­ti­vas es una co­sa, pe­ro ver a hom­bres he­chos y de­re­chos, a ve­ces con ba­rri­ga in­clui­da, en­fun­da­dos en un short y cal­za­dos con unas chan­clas pa­ra pa­sear por la ciu­dad es otro can­tar. Quién sa­be, a lo me­jor cun­de el ejem­plo de Ch­ris­top­her No­lan.

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