Azar y cán­cer, ¿que­da mar­gen pa­ra la ac­tua­ción?

DES­PUÉS de sa­ber que ya he­mos su­pe­ra­do la ci­fra de tu­mo­res diag­nos­ti­ca­dos es­ti­ma­da pa­ra el 2020, un nue­vo es­tu­dio re­ve­la que la ma­la suer­te es de­ci­si­va. Los on­có­lo­gos pi­den que no se ba­je la guar­dia, apues­tan por un es­ti­lo de vi­da sa­lu­da­ble y por las te­ra

La Voz de Galicia (A Coruña) - Salud - - Investigación - TEX­TO: MILA MÉN­DEZ

Se ma­ni­fies­ta en un cen­te­nar de for­mas y aun­que al­gu­nos vi­sio­na­rios se atre­ven a po­ner­le fe­cha a su fin, el cán­cer si­gue sien­do uno de los prin­ci­pa­les re­tos de la in­ves­ti­ga­ción mé­di­ca. Anun­cios co­mo el de que es­ta­mos ca­da vez más de cer­ca de ha­llar su cu­ra de­fi­ni­ti­va son re­ci­bi­dos con es­cep­ti­cis­mo y cau­te­la por par­te de los on­có­lo­gos. Luis Mi­guel An­tón Apa­ri­cio, je­fe del Ser­vi­cio de On­co­lo­gía del CHUAC, es­tá den­tro de es­te gru­po. «Mis ojos des­de lue­go no lo ve­rán», apun­ta. «Es in­he­ren­te al de­sa­rro­llo hu­mano. No se va a erra­di­car nun­ca por­que es una en­fer­me­dad, en esen­cia, in­trín­se­ca­men­te ge­né­ti­ca», ra­zo­na. Es­ta reali­dad no es in­com­pa­ti­ble con un fu­tu­ro que de­fi­ne co­mo «pro­me­te­dor», en la in­ves­ti­ga­ción. «Se pue­de afir­mar que mu­chos ti­pos de cán­cer tie­nen cu­ra. Si el nú­me­ro de pa­cien­tes ha cre­ci­do es por­que aho­ra diag­nos­ti­ca­mos más y me­jor y, por tan­to, hay más su­per­vi­vien­tes», in­sis­te el mé­di­co, res­pon­sa­ble de una uni­dad que co­la­bo­ra en más de 90 en­sa­yos clí­ni­cos. Los su­per­vi­vien­tes de lar­ga du­ra­ción, más de 5 años des­pués de su­pe­rar el cán­cer, son un gru­po que va cre­cien­do.

A par­tir de los 55

El es­pe­cia­lis­ta pre­fie­re cen­trar­se en es­ta in­ter­pre­ta­ción del in­for­me re­cien­te­men­te pu­bli­ca­do por la So­cie­dad Es­pa­ño­la de On­co­lo­gía Mé­di­ca (SEOM). En el 2015 los tu­mo­res diag­nos­ti­ca­dos, cer­ca de 248.000 (247.771 se­gún el cálcu­lo más pre­ci­so dis­po­ni­ble. Ca­si 149.000 de ellos, el 60%, en hom­bres), su­pe­raron en 1.000 a los que

se pre­veían pa­ra el 2020. Son, tam­bién, un 15% más de los de­tec­ta­dos ha­ce cin­co años, en el 2012. Al diag­nós­ti­co pre­coz se su­ma aquí otro fac­tor iden­ti­fi­ca­ti­vo de la po­bla­ción na­cio­nal y, aún más si ca­be, de la ga­lle­ga: el au­men­to de per­so­nas con una edad avan­za­da. «Sa­be­mos que uno de ca­da tres ciu­da­da­nos va a desa­rro­llar un cán­cer y hay una edad de ma­yor ries­go: a par­tir de los 55 años hay una ma­yor in­ci­den­cia. Es una en­fer­me­dad ca­rac­te­rís­ti­ca del en­ve­je­ci­mien­to», ex­pli­ca. La otra con­clu­sión a la que se afe­rra el on­có­lo­go gallego es la del ín­di­ce de curación. Más de la mi­tad de es­tos casos se cu­ran. Un por­cen­ta­je que no es equi­ta­ti­vo. Mien­tras que se diag­nos­ti­ca­ron 28.000 tu­mo­res del pul­món y 27.000 de ma­ma, a con­se­cuen­cia de los pri­me­ros fa­lle­cie­ron unas 21.000 per­so­nas. Por el de pe­cho 6.200. El co­lo­rrec­tal, el de prós­ta­ta, el de pul­món, el de ma­ma y el de ve­ji­ga son por es­te orden los más fre­cuen­tes. El de pul­món el más le­tal. La ma­la suer­te El ma­cro­es­tu­dio que aca­ba de pu­bli­car la revista Scien­ce no co­ge por sor­pre­sa a los mé­di­cos. El tra­ba­jo pre­ci­sa el por­cen­ta­je de tu­mo­res cu­ya cau­sa no es otra que la ma­la suer­te. Un na­da des­de­ña­ble 65%, es de­cir, dos de ca­da tres cán­ce­res se pro­du­cen por un error en el co­pia­do de ADN que reali- zan las cé­lu­las ma­dre en su pro­ce­so de di­vi­sión y du­pli­ca­ción pa­ra ge­ne­rar otras cé­lu­las. Una al­te­ra­ción cu­yo ori­gen no es­tá ni en una he­ren­cia ge­né­ti­ca de­ter­mi­na­da ni en un com­po­nen­te ex­terno, co­mo el ta­ba­co, las gra­sas o la ra­dia­ción ul­tra­vio­le­ta de la luz so­lar, sino en una dis­tor­sión for­tui­ta. Los ma­te­má­ti­cos y ge­ne­tis­tas au­to­res del es­tu­dio ana­li­za­ron 31 te­ji­dos dis­tin­tos. Aque­llos en los que hay ma­yor ge­ne­ra­ción ce­lu­lar son tam­bién los más pro­pen­sos a pa­de­cer un tu­mor. Por eso se ex­pli­ca que el car­ci­no­ma sea más fre­cuen­te que el me­la­no­ma, las cé­lu­las ba­sa­les se di­vi­den mu­cho más que los me­la­no­ci­tos. Lo mis­mo su­ce­de, se­gún la in­ves­ti­ga­ción, con el cán­cer de co­lon si se com­pa­ra con el que afec­ta a otra par­te del in­tes­tino co­mo el duo­deno. En el pri­me­ro se pro­du­cen más di­vi­sio­nes ce­lu­la­res que en el se­gun­do. Con un ries­go he­re­di­ta­rio si­mi­lar en am­bos casos, los tu­mo­res en el co­lon son has­ta 30 ve­ces más ha­bi­tua­les.

Con to­do, mé­di­cos co­mo Luis Mi­guel An­tón Apa­ri­cio te­men que el men­sa­je que ca­le sea el de que da igual el es­ti­lo de vi­da. «En los años 40, an­tes del bum del ta­ba­co, el cán­cer de pul­món era anec­dó­ti­co. Aho­ra es el más mor­tí­fe­ro en Ga­li­cia. En el ca­so del cán­cer de co­lon es­ta­mos vi­vien­do una epi­de­mia in­du­da­ble­men­te con­se­cuen­cia de há­bi­tos die­té­ti­cos en la so­cie­dad oc­ci- den­tal. Vi­vi­mos en una so­cie­dad opu­len­ta, glo­to­na», sub­ra­ya Apa­ri­cio, que aña­de: «El sín­dro­me me­ta­bó­li­co (obe­si­dad, hi­per­ten­sión, dia­be­tes, co­les­te­rol…), co­no­ci­do des­de los años 80, tie­ne una re­la­ción es­tre­cha con mu­chos ti­pos de cán­cer. Los es­tu­dios epi­de­mio­ló­gi­cos ela­bo­ra­dos por el Ser­vi­cio de On­co­lo­gía Mé­di­ca del CHUAC lo han de­mos­tra­do en el re­nal, el de ma­ma y el de prós­ta­ta». El on­có­lo­go ad­vier­te de que no se de­be ba­jar la guar­dia, pe­ro coin­ci­de con sus co­le­gas nor­te­ame­ri­ca­nos en una re­cla­ma­ción: la in­ver­sión en la de­tec­ción pre­coz del cán­cer es esen­cial. «Sa­ni­dad tie­ne que ha­cer un gran es­fuer­zo. Hay que ela­bo­rar me­di­das de aná­li­sis, de es­tu­dio y de di­se­ño de pro­to­co­los a lar­go pla­zo», ex­po­ne. To­do, te­nien­do pre­sen­te la si­tua­ción de la pirámide po­bla­cio­nal ga­lle­ga.

Que dos de ca­da tres tu­mo­res se de­ban al azar se­gún el ar­tícu­lo de Scien­ce de­ja ver que el pa­cien­te no tie­ne la cul­pa de su pa­to­lo­gía en más de un 60% de la oca­sio­nes. ¿Qué pa­sa con el 40% res­tan­te? Se sa­be que me­nos de un 10% se de­ben a la he­ren­cia ge­né­ti­ca. «Las Uni­da­des de Con­se­jo Ge­né­ti­co in­for­man en la ac­tua­li­dad a los fa­mi­lia­res de en­fer­mos», cuen­ta Apa­ri­cio. ¿Qué es­tá de­trás del res­to de las mu­ta­cio­nes can­ce­ro­sas? «El in­di­vi­duo es due­ño y res­pon­sa­ble de sus ac­tos y la so­cie­dad de­be ser res­pon­sa­ble. Si se de­ja­ra de fu­mar en una dé­ca­da des­apa­re­ce­ría el cán­cer de pul­món», afir­ma ta­xa­ti­vo. Hay una idea en la que in­ci­de du­ran­te to­da la entrevista: «El cán­cer es un acom­pa­ñan­te si­len­cio­so has­ta que un día, de pron­to, se ma­ni­fies­ta. Es cier­to que hay una car­ga ge­né­ti­ca con la que uno na­ce, pe­ro, la epi­ge­né­ti­ca, los fac­to­res ex­ter­nos co­mo los am­bien­ta­les, la ali­men­ta­ción, la ex­po­si­ción al sol, una vi­da más o me­nos se­den­ta­ria… mo­di­fi­can la ex­pre­sión ge­né­ti­ca sin que sea con­se­cuen­cia de cam­bios en la se­cuen­cia del ADN y eso sí que po­de­mos con­tro­lar­lo». No por re­pe­tir los con­se­jos una y otra vez: evi­tar el ta­ba­co, las gra­sas ani­ma­les… es­tos, con­si­de­ra el doc­tor, son me­nos im­por­tan­tes.

«A mis pa­cien­tes les di­go: el cán­cer es un acom­pa­ñan­te si­len­cio­so»

FO­TO: MAR­COS MÍ­GUEZ

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