LA FA­MI­LIA QUE CE­NA UNI­DA...

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Magazine Entrevista -

Bill y Me­lin­da tie­nen tres hi­jos; Jennifer, de 21 años (en la fo­to); Rory, de 18; y Phoe­be, de 14. Me­lin­da es­tá ob­se­sio­na­da por­que su vi­da sea lo más nor­mal po­si­ble, aun­que ad­mi­te que vi­vir en una ca­sa de unos 100 mi­llo­nes de dó­la­res pue­de re­sul­tar un po­co ra­ro. «A ve­ces te da cor­te in­vi­tar a los ami­gos, por­que tie­nes una pis­ci­na enor­me en el jar­dín». Con to­do, ellos mis­mos se en­car­gan de lim­piar sus ha­bi­ta­cio­nes y ce­nan siem­pre jun­tos. «Du­ran­te la ce­na es­tá prohi­bi­do usar los mó­vi­les. In­clui­do Bill. No co­cino, por­que se me da fa­tal. Y sí, te­ne­mos co­ci­ne­ro, pe­ro des­pués de ce­nar re­co­ge­mos los pla­tos jun­tos». Los hi­jos re­ci­ben una pa­ga. «Si no se la gas­tan to­da, tri­pli­co el mon­to so­bran­te y lo in­gre­so en sus cuen­tas de aho­rro pa­ra pro­yec­tos so­li­da­rios». em­ba­ra­za­das una vez tras otra, a sa­bien­das de que ella o su be­bé pue­den mo­rir du­ran­te el par­to?». Las es­ta­dís­ti­cas tam­bién in­di­can que en los paí­ses don­de exis­tía fá­cil ac­ce­so al con­trol de na­ta­li­dad, co­mo en In­do­ne­sia, se da­ba un ma­yor pro­gre­so eco­nó­mi­co. «Al fi­nal, los pre­si­den­tes y mi­nis­tros de eco­no­mía –ca­si to­dos ellos va­ro­nes– em­pe­za­ron a in­tere­sar­se y a ha­blar con­mi­go». ¿Se en­con­tró con la oposición de lí­de­res re­li­gio­sos? «He ha­bla­do con au­to­ri­da­des de la fe musulmana, y el Co­rán per­mi­te la pla­ni­fi­ca­ción fa­mi­liar. Las re­ti­cen­cias mu­chas ve­ces se dan en el ám­bi­to de la al­dea». An­ti­gua alum­na de las ur­su­li­nas en Da­llas, Te­xas, re­co­no­ce que «el pro­ble­ma es ma­yor allí don­de im­pe­ra la fe ca­tó­li­ca. Pe­ro los sa­cer­do­tes en el te­rreno pue­den ser de ayu­da. He co­no­ci­do a cu­ras que han vis­to los es­tra­gos del si­da, que ani­man a las mu­je­res y a los hom­bres a usar el con­dón. En Es­ta­dos Uni­dos, el 96 por cien­to de las mu­je­res ca­tó­li­cas casadas usan an­ti­con­cep­ti­vos. No es de re­ci­bo que es­tos mé­to­dos sean un pri­vi­le­gio de los ca­tó­li­cos con di­ne­ro».

LIS­TA DE OB­JE­TI­VOS. Su se­gun­do ob­je­ti­vo es me­jo­rar la sa­lud ma­ter­na y las cir­cuns­tan­cias del par­to. Me­lin­da des­cu­brió que hay mu­chas ra­zo­nes por las que las mu­je­res no ac­ce­den a las clí­ni­cas: «Qui­zá no hay trans­por­te, o en la al­dea no aprue­ban las in­ter­ven­cio­nes mé­di­cas. A las mu­je­res a ve­ces les di­cen que si­gan ha­cien­do con­trac­cio­nes sin pa­rar, du­ran­te 48 ho­ras in­clu­so. Tam­po­co ha­ce fal­ta con­tar con un fas­tuo­so hos­pi­tal es­te­ri­li­za­do; bas­ta con una clí­ni­ca sen­ci­lla y la op­ción de la ce­sá­rea». Me­lin­da es enemi­ga de­cla­ra­da de la mu­ti­la­ción ge­ni­tal fe­me­ni­na, pe­ro su fun­da­ción no abor­da ese pro­ble­ma. «Bill y yo he­mos de­ci­di­do cen­trar­nos en sal­var vi­das. No po­de­mos ha­cer­lo to­do». Y eso que su plan es in­ver­tir la ma­yor par­te de su for­tu­na en es­te ti­po de ac­cio­nes y que sus hi­jos he­re­den so­lo una pe­que­ña par­te. «Es­tas enor­mes de­sigual­da­des eco­nó­mi­cas no son bue­nas pa­ra na­die. Si tie­nes mil mi­llo­nes de dó­la­res, no te ha­ce fal­ta to­do ese di­ne­ro. Lo que ne­ce­si­tas es ayu­dar a que la so­cie­dad se vuel­va más igua­li­ta­ria. Si ga­nas­te to­do ese di­ne­ro, es por­que tam­bién tu­vis­te suer­te de un mo­do u otro», ar­gu­men­ta Me­lin­da. «Bill tu­vo la suer­te de na­cer en un país con es­ta­bi­li­dad y con in­fra­es­truc­tu­ras, de en­con­trar­se en el lu­gar y en el mo­men­to ade­cua­dos, ra­zón por la que tie­ne que de­vol­ver al­go de lo ga­na­do. Es lo jus­to».

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