'COHOUSING'

UNA AL­TER­NA­TI­VA A LAS RE­SI­DEN­CIAS

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Magazine En Portada -

Com­par­tir vi­vien­da o ur­ba­ni­za­ción con zo­nas co­mu­nes con otras per­so­nas ma­yo­res es una iniciativa en al­za. En los paí­ses es­can­di­na­vos ya fun­cio­na.

amás ha­bían oí­do ha­blar del cohousing. So­lo sa­bían que se ha­cían ma­yo­res y que te­nían que bus­car una res­pues­ta a su si­tua­ción. «Ac­ce­der a las re­si­den­cias pú­bli­cas era im­po­si­ble y las pri­va­das eran ca­rí­si­mas. Ne­ce­si­tá­ba­mos una al­ter­na­ti­va», ex­pli­ca Jai­me Mo­reno, uno de los pro­mo­to­res de Tra­ben­sol, uno de los pro­yec­tos de cohousing sé­nior más im­por­tan­tes de Es­pa­ña. La idea na­ció en un gru­po de ami­gos a los que con­vi­vir jun­tos les pa­re­ció me­jor idea que ter­mi­nar sus días en un ge­riá­tri­co. En 2000 em­pe­za­ron a bus­car te­rre­nos en Ma­drid. «Que­ría­mos cons­truir un es­pa­cio no para mo­rir, sino para se­guir vi­vien­do», cuen­ta Mo­reno. Se mu­da­ron en 2013 y, 4 años des­pués, allí con­vi­ven 83 per­so­nas, ma­yo­res de 65 años. En Tra­ben­sol, los so­cios apor­ta­ron una in­ver­sión ini­cial de 145.000 eu­ros (ca­si to­dos tu­vie­ron que ven­der sus ca­sas) más una men­sua­li­dad de 1200 eu­ros por pa­re­ja (o 1000 por per­so­na) para pa­gar los ser­vi­cios de lim­pie­za, la­van­de­ría, por­te­ría, co­ci­na... Ob­via­men­te, es­te ti­po de pro­yec­tos no es­tán al al­can­ce de cual­quier pen­sio­nis­ta. Por un la­do, por la en­ver­ga­du­ra del des­em­bol­so ini­cial y los gas­tos men­sua­les. Por otro, por­que con­lle­va in­ver­tir en pro­yec­tos in­mo­bi­lia­rios con im­por­tan­tes res­tric­cio­nes a la ho­ra de la ven­ta y que pue­den des­en­ca­de­nar he­ren­cias com­pli­ca­das que a me­nu­do los ju­bi­la­dos pre­fie­ren aho­rrar­les a sus hi­jos. Aun­que aho­rrar­les pro­ble­mas a los hi­jos es la prin­ci­pal ra­zón que adu­cen quie­nes se em­bar­can en el cohousing. Mu­chos de ellos –es­pe­cial­men­te ellas– tu­vie­ron que ha­cer­se car­go de sus pa­dres en la ve­jez y no quieren que se re­pi­ta el mo­de­lo. El cohousing, eso sí, no sir­ve para to­dos. Al­gu­nos no es­tán he­chos para la vi­da comunitaria. Va­rias per­so­nas que se in­tere­sa­ron por el pro­yec­to de Tra­ben­sol lo des­car­ta­ron por el com­pro­mi­so per­so­nal que re­que­ría. Al fin y al ca­bo, la ve­jez acen­túa ra­re­zas y ma­nías. Pe­se a to­do, Mo­reno sos­tie­ne que ese es pre­ci­sa­men­te el pun­to fuer­te de su pro­yec­to. «No te­ne­mos nor­mas, fun­cio­na­mos por li­bre. Pe­ro so­mos gen­te co­rrec­ta y res­pe­tuo­sa», co­men­ta. De he­cho, aun­que han de­sig­na­do un

"Que­ría­mos cons­truir un es­pa­cio no para mo­rir, sino para se­guir vi­vien­do", ex­pli­ca el fun­da­dor de uno de los pro­yec­tos pio­ne­ros

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